Vie07202018

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Che Melendes

El balor del balor

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altOi del otro balor, no el de Albisu. Sino el balor de la balorasión, la balía; el cuantificable. No ablemos de cualidades oi. Qe (desgrasiadamente) es más jeneral(isado), como tema i como echo. Por ejemplo: cuánto bale una nasión.

Descontado qe nasión no es igual a estado, lo qe sabemos los puertorriqeños de una manera tan exajerada, tomemos esos estados qe se an bendido como nasiones, España, Inglaterra, Fransia, p.e. El famoso disípulo de Hostos Pedro Henríquez Ureña glosaba las bentajas o adelantos de España contra sus 'ermanas' (de rapiña), en la siensia i las artes; para contrarrestar la deformasión istórica (europea) qe después de la decaída isieron leña deya. Aqí ya tenemos sierto jínt: se abala, abalora, ebalúa, balida versus -o sea, en comparasión-; i contra una imbalidasión -o sea, en contraste-.

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¡Escriban

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altmodelen, ejecuten, griten! ¡Sáqen afuera ése qe se pudre! Es la única manera de bibir aqí, en este subpaís, en la colonia, en este borde botado de toda siudadanía. Escriban lo qe late como teclado de un uerdprosesor, aunqe sea la ideolojía, ¡bomiten su ideolojía! Ejecuten los agtos qe le salen de las dendritas, aunqe sea lo contrario de lo qe crean, creamos, creíamos, ustedes ni nosotros. Griten como si fuera por primera bes las mismas palabras: nadie les ba a presentar antesedentes, aqí nadie pregunta. Modelen con su esprei, sus cuerpos, las maderas qe qedan del conuco, las piedras esporádicas, modelen clones de cualqier cosa.

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La dieta del sol

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altDurante muchos, algunos años, e trabajado los sábados. Solamente. Es un ejersisio estenuante no trabajar el resto de los días, pues qe para un esclabo la libertá es un peso imperdonable. Nuestra ética, la de los remobidos (para siempre) del poder, es serbir. Para algo, para otro -singular ajeno-. La libertá es una rara ocupasión en qe se trabaja para sí: sí se trabaja [por aora presindo de las fichas de K.Marx, qe lo tomó de la libertá también]. La libertá es un sacrifisio jigantesco. Los sábados produsco lo qe boi a comer; el resto, lo empeloto en una argamasa para construir una pepita en la mina infinita de los otros -pluralísimo íntimo-. Soi los otros cuando no soi éso qe dejo de ser para autoabasteserme. Me abastesco (solamente) para aser lo otro.

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Saludo

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altPrimero todos los hierros que exige nuestra más digna etiqueta social: «Saludos», «compañeros». «Bienvenidos».

La historia de la poesía ha sido predilectamente la historia de los guilles de los poetas. La tradición de seres provistos de un sexto o sétimo sentido, de videntes, de poetas profetas, de vates vaticinadores; se extiende desde antes hasta ahora y, que remedio (es producto natural), desde ahora hasta después.

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LA RESTAURASIÓN

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Señores exitistas, señores egresados: Se acabó el tiempo de las protestas. ¿Qé podemos aser aora los pobres seres qe cresimos en su costumbre -cuando el tiempo era para protestar? ¿Sufrir como la segunda jenerasión de románticos durante la Restaurasión?

No qiero desir qe la istoria se repite, diosmelibre, pero una cara es una cara con su narís, sus orejas más o menos grandes, solo dos ojos qe no se sabe como bean, una boca, edsétera; asta en su ausensia, como Monchín del Alma. No ai qe negar tampoco qe ai estrugturas qe se paresen como indibiduos, las piedras de un mismo tipo se reconosen, la carne gisada de la empanada con coditos.

I en una istoria de personas qe buscan todas el bien, la felisidá -aunqe por medio del mal i el desmadrarse-, pueden darse periodos detegtables, prosesos similares, a los qe puede ofreserse un nombre jeneral. Así en la Edamedia el asinamiento siudadano qe auspisiara las pestes, i así el sitio de gerra qe los gringos ponen a los cubanos, como un condón contra la infexión (la solidaridá es la peste para eyos) del futuro inebitable.

O sea, qe sí, qe a lo mejor estamos en un segundo periodo romántico; i al auje de la rebolusión primero, sige un periodo de depresión segundo. ¿Donde está el Metternich qe nos cuajó la kk?

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