Vie11242017

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Mentir amor

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Todo escritor sabe qe miente. Porqe la escritura es una mentira. Es la mentira: otra mentira de la berdá. La berdá sige siendo siempre otra cosa, esa otra cosa qe no se escribe, qe no se deja escribir. Todo lo escrito la oculta, buscándola: Siendo su búsqeda. La búsqeda de la berdá no es la berdá.

¿Qé será Eya? ¿Ese 'dios' qe bamos asiendo con el desecho de sus neg(osi)asiones? Parese, para los nósticos asta los existensialistas, qe el mundo fenoménico, esta maya de alambre a qe somos tirados como desde un trapesio sonámbulo, ofrese su tejido solo orgánico orijinal -natural-, donde tejer destejiendo i retejiendo (con él) el muñeco de bodú de la berdá: Qe espante la mentira, como el muñeco de algodón apotrópico -qe desbía el mal- de nuestro ansestro. O parese para éstos, bibir un arte por sustraxión, como qería DaVinci de la escultura, contrario a la pintura: agregando nada. I la berdá, apofanía: qe debelamos, no qe se nos rebela en la epifanía.

(Porqe ya nadie cre en la injenuidá -natural- de el Unico escondido, Ensof o Dios, Gnomón, Número o Quanta, Monos o Mónada, Númen o Númeno, prístino(/s). Toda salida de lo qe no es 'la existensia', a de ser teofanía nesesariamente; sediéndole el trapesio sonambúlico, la maya de este mundo, i aun el apofántico desbelo tan arduo i tan precario protagónico, a la inisiatiba epifánica de lo Otro: personificándolo. Si creyéramos todabía en esa primera intuisión de la bida primaria o protagónica de lo otro, no aríamos nada -al menos, no exijiríamos nada o no impondríamos nada; i el mundo sería una colexión -¿ecolójica?- de faqires.)

¿Pero qerrá ese dios ser encontrado? La ebasión a qe juega la maya de este mundo -la naturalesa, desbiándonos a nosotros como el mal- se parese demasiado al juego del amor, como para no sentirnos atraídos. Parese qe nosotros el deuteragonista de antes -cuando creía(mos) en la epifanía-, a desplasado (o sobrepasado) el antiguo Protón, deuteragonisándolo por rechaso (o reflejo). A sido la anagnórisis del ombre como sujeto agtibo qe lo a desobjetualisado; imponiendo su imajen antigua (de objeto) sobre el (aora) Otro.

Antes, inmersos en la madre -el trapesio del sueño i su extensión en la naturalesa, lo orgánico orijinal- no descubríamos nuestro 'ser' in-salido . Nuestro otro-ser -también orgánico, natural i orijinario- era un sigoto en cresimiento todabía. ¿Eran los indibiduos sélulas de la espesie, i solo en un instante 'estrugtural' el sigoto es embrión, el embrión es ya feto ?

Parese -perdonen a los berbos tan agnósticos- qe todas las mentiras qe escribe un escritor fueran cartas de amor a su incredulidá. Edipo enamorado de su madre, sin saberlo, sin qererlo saber, busca reconstruirla con sus manos en la figura del barro, Pigmalión. Naturalesa dejada de sus ijos por el robo del fuego, coqetea con sus belos para recuperarnos. Segimos construyendo este muchacho malo (i-májico) de la espesie del ombre, para irnos meresiendo sus bondades.

Para Madre, el ayasgo de la mentira, no es la mentira. Todo lo escrito la dise, buscándola: siendo su búsqeda. La mentira sige siendo siempre otra cosa, esa otra cosa qe se escribe, qe se deja escribir. Es la berdá (de la naturalesa): otra berdá de la mentira. I (así también) la escritura es una berdá. Todo escritor -i todo el qe abrasa (prende, ensiende) un signo, es escritor- sabe qe ama. Comete la mentira del amor. Insesta la berdá.

Crédito foto: matryosha, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/)