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El ombre concreto de Marx

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La felisidá del ombre concreto de Marx, obiamente no era la felisidá de sus ijos qe murieron de miseria. La felisidá del ombre concreto de Marx sí era su trabajo imbestigando i escribiendo. I no estaba bien Lasalle, con todo su libraco sobre Eráclito; no estaban bien Kropotkin ni Proudhon, con su balor i su dedicasión feasientes. La felisidá del ombre concreto sí era la lucha obrera de miyones de anónimos, sí era el martirolojio de sus líderes, el sacrifisio de sus éroes.

Es obio entonses qel ombre concreto de Marx no es cualqier ombre bibo, ‘real’, existiendo. O, si qeremos ser más sutiles en el retruécano: parese qe la bida, la realidá i la existensia para Marx, no son criterios inmediatos i ebidentes. En Marx, como en su filósofo Aristóteles, ‘el proseso’ tenía una meta. I no cualqiera: una meta ‘mejor’, qe lo alsaba a espesímen de su tipo. Lo demás, aparese, parese, será desbío, aberrasión. Segiremos adelante esta impronta aristotélica.

En Marx lo concreto no aparese como inmediatamente opuesto a abstragto; pues qe lo abstragto -qe puede apareser en lo inconsútil intelegtual, el futuro diferido, i lo posibilitario todabía no se sabe si exitoso o fracasado- puede ser más ‘concreto’, bestir más realidá, qe lo ebidentemente denso -la materialidá dimensionada, lo objetual ‘dado’-. Es desir, en Marx no significa siempre ‘duro’, echo, res; o en una oposisión sufisiente, concreto no significa siempre nesesario.

Porqe ai unas balorasiones, medisiones qe aser antes de desidir qé es lo concreto. Lo qe (se) aparese espontáneamente a nuestros sentidos, pudiera no ser lo qe debió (ser) para esas medidas qe consideran, por ejemplo, su meta proyegtiba dados siertos otros parámetros de su proseso jenético.

Porqe beamos: como lo bibo incluye esa prosesualidá qe lo estrugtura, esa modelisasión, sus estrugtemas presentes (estrugturas decantadas o detenidas) para cualqier momento de la serie, pueden ser ‘criticadas’ (comparadas) desde las tendensias también obserbables de su prosesualidá. Puede aserse una crítica baloratiba, ética en última instansia, del alcansar de los prosesos: midiendo su posibilidá condensada (detenida, fijada por las reglas o límite de lo ‘real’ duro, su posibilidá fatal, caída), contra las (otras) posibilidades, tan potensiadas como eya pero frustradas.

Esta ética probabilística asume un mundo o campo, a saber: el de las posibilidades obserbables dado el sistema (prosesual-material); o sea, se limita a las alternatibas ‘reales’ desidibles del ‘sistema caído’: No pregunta (esta ética) por la ‘realidá’ o ‘concresión’ de este sistema, sino qe lo da como primitibo para su intelijensia. Así no es la balorasión una proyegtibilidá o un perspegtibismo imajinario, ad mens; no es ‘libre’ asta lo caprichoso.

Pero del otro lado, tampoco se corta la medida de esta ética a asebtar los epifenómenos ‘dados’, puestos por el desarroyo in-res, fatales de la prosesualidá sistémica; como inebitables, berdaderos i nesesarios. O sea qe, por el lado probabilístico, no desborda asta el idealismo absoluto; i por el otro lado ‘realista’, no se constreñirá asta el determinismo absoluto.

Si el imperatibo categórico kantiano de aser lo mejor cada bes para el propósito (de la teleolojía aristotélica), desatendió el propósito; en Marx ésto ya será imposible.

Para Marx, el es esensial -o sea: estará contenido como begtor- en la estrugtura misma de los prosesos desatados. Por ejemplo: ‘para qé sea la colegtibisasión sosietaria del animal umano’, no sería en Marx superfluo al criticar cualqier contribusión de este animal indibidual concreto a la sibilisasión. Será, entonses, espesímen de su espesie si cumpliera (ayudara, coinsidiera) esa tendensia a la colegtibisasión sosietaria sibilisatoria; será fracaso de espesímen, aberrasión o mostruo, si la incumpliera (dañara, detubiera).

Este es el progresismo en la antropolojía marxista; qe debe aclararse no sea el (otro) inebitable ‘progreso’ místico en qe son imposibles las regresiones ni detensiones. Ese otro progresismo mecanisista obligaba a sus qeridos filósofos de las luses -i obliga todabía a legtores briyantes de la obra marxista- a ‘leer’ cualqier negasión de los prosesos encuadrándola en su inebitable progresión, a justificarlas.

I no es desir qe Marx conosiera la lei de la entropía asta sus últimas formulasiones matemáticas -tampoco Heisenberg. Pero es obio qe su ‘realismo’ no tenía ya qe disimular ningún obtimismo injenuo para ebitar ser tarado de fatalista. Si con su qerido Epicuro determinista nunca sedió a las bolutas de umo de su qerido Jegel fairyteller -i ferrytaylor-; le estubo claro también, qe la fatalidá dada no es impermeable al asedio dialégtico de la intelijensia. Con un poco de pragtisidá estajirita.

Crédito foto: Jose Roco, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/)