Mié11222017

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Saludo

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Primero todos los hierros que exige nuestra más digna etiqueta social: «Saludos», «compañeros». «Bienvenidos».

La historia de la poesía ha sido predilectamente la historia de los guilles de los poetas. La tradición de seres provistos de un sexto o sétimo sentido, de videntes, de poetas profetas, de vates vaticinadores; se extiende desde antes hasta ahora y, que remedio (es producto natural), desde ahora hasta después.

Recordemos: Moisés con sus tablas de mandamientos y las Sagradas Escrituras; las pitonisas y Homero; la didáctica edad media; Nietzche con su “escribir no para ser leído, sino para ser aprendido de memoria”; el creaciomismo de Huidobro y su poeta-pequeñodiós con su pequeñacreación; el automatismo, que pretende endilgarle las intuiciones y hasta a veces los estragos sicológicos, interiores, al mundo externo (me acuerdo del idealismo de Berkeley); la poesía más en boga de los últimos 10 ó15 años en Puerto Rico (para no hablar de un Neruda y unos1930 al 4O españoles), en que la consigna, la ley dictada, carga el peso de mensaje. Y guardemos lo que falta en un etcétera.

Ninguna tendencia niega el lirismo: El poeta es el poeta y dice el poeta, no importa el método de creación que utilice o el fin que persiga. Lo único que se tiene es egoísmo o yoísmo, amor propio, porque lo único que se tiene es yo —lo qe se sea ésto— (aquí lo de ‘producto natural’). Este líbido narcisista total se puede proyectar, usar, en mejor o peor forma; dependiendo de las tablas de valores con las que se juzgue.

Ultilicemos la que la mayoría acepta, yo no sé si en un paso intermedio o final; aunque siempre hay un antes y un después. Así es que no importa, sigamos.

Existe una realidad externa que delimita, una circunstancia en que se mueve, y allá existen dos objetos: el campo de acción de yo —las cosas, los sitios, los otros— y un yo total denominado nosotros. Pensar a nivel de nosotros no es abandonar yo en pos de lo otro; es un cambio de casa, una abstracción de yo —claro, cuando esta abstracción es viva: no es el nosotros que sustituye el pronombre impersonal, sino un yo repetido que carga sobre sí (aparente paradoja) la concreción de los otros.

Hoy día se pretende trabajar por este otro yoificado: camarada, mano, compañero.

Cuando esto ocurre, debe estarse seguro de que esta causa abstraída, este yo externo colectivo, este nosotros, pesa más, vale más que nuestro yo de cada uno. Sólo así puede y debe entregarse a la superación de esta segunda casa de nuestro egoísmo; via meta o via no meta, pensando en el futuro remoto o el instantáneo, ésto es, créase en un logro final de la superación o en la superación misma como logro.

Que esta pelea se convierta no en una de medios, el poeta; sino en una de fondos la poesía, la causa. Que la autocrítica sea plural. Que se entienda yos al decir yo digo. Y si no, trabajemos para lograrlo.

Entonces diré: Saludos, compañeros. Bienvenidos. Sin etiquetas sociales.

—discurso de apertura al Primer Encontronazo de Poesía Puertorriqueña del Taller de poesía UPR, 21 de abril de 1972, Castillo de San Cristóbal, San Juan.

Crédito foto: -5m, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/)