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Confesión de este día

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altConfesión de este díaún la oriya qe se mire. Eyo me a tentado a publicar una colexión de medioensayos, prinsipios i finales de ensayos. Pues qe, definitibamente, no qiero traisionar este tiempo espesial tersermundista sino declararlo, ex-presarlo. I de la forma más descarada posible, o sea, incluyendo sus sobadas europeas para el ojo, 'el acabado' justificante a la bes pasaporte (a Europa) i baselina: Sumisión al padre su asunsión, i edipo la biolensia no ya de lograr su reconosimiento sino asta de intentarlo, ijo pródigo a la cañona.

¿Porqé la cultura, así, literaria como la entendemos? Por Europa. Pues qe si 'a la' modo asiático de produxión –Marx realmente pensaba en el 'primitibo', se sabe, para resolber aqeya erensia enqistada de Montaignerousseauhumboldtchateaubriand, qe acordó para siempre El Orijen de las Espesies–, aría un areito. I, traisionando los jenes más briyantes de mis dos élises, los cocuyos de la trensa qe peinan mis papilas escojiendo el carbono para las proteínas más duras, me pongo al español. Ya Beckett i James Joyce ‘traisionaron’ su idioma orijinal impuesto bistiendo sus desastres de un idioma distinto i 23 idiomas qe isieran un 'tersero'. Yo escribiría en taíno si pudiera, por mi madre, qe es la qe pierde siempre su pelo i sus recuerdos en los archibos munisipales, i qe no conosí.

Sé qe lo arán los ijos. Qisá asta alguno nato. Es imposible qe la beyesa del primer pensamiento qe desbirgó a Europa, ninfa de anchas caderas, muslos regados i melena bolando, no renasca aunqe mudo. Los mejores escultores del mundo, los imbentores del algodón, el oro en todos los altares de Toledo, el mito del Inriri-cajuvial qe Mallarmé adobtó fauno, el cariba corrubto (la sweetpotato, el toat, el barbq) digtando a Shakespeare i a Defoe 'sus' marabiyas, el len­guaje (¡su mundo!) qe iso a Góngora monstruosa caricatura de la recuperasión de fueros lasios para oponer ante su bloqe su otro nuebo qe desdiga a Roma única, "acabado" el Español (el primer dixionario de autoridades de la primera academia todabía ajota furis canes a huracán). I aí están nuestros miyones de indios del polo al polo.

Otra bía es el pueblo. I aí tanto costumbrismo, folclorismo. El 'pueblo' tiene su cultura, tampoco literaria, i también literaria. A mí cuando me sale biembenida. Ridículo qe yo disimulara qe aqí, en estos ensayos taínos qe no lo son, no ai. Lo contrario, qe ai, molestará (más) a los blancos. Por eso lo qe aclaro es lo contrario: porqé Europa.

No la qe corre por las benas sarrasenas de cobadonga, jitanas de mis seltas, paupérrimas i exángues asulísimas del segundón o el 'ijo de la iglesia' de qé monja i de qé menestril, del soldado ladino i la judía de Ceuta, el esclabo en Cartago, el galeote albanés, el criminal boemio, la poeta rumana, no esa sangre de pueblo bebida en esas benas de cafires, tombuctú, angolos, lucumís, yorubas, ejibsios, sirios trasumantes, madagasqeses, comersiantes lituanos de etiopía, sulús, pigmeos, jigantes de Abisinia, desidas en suajili, ñáñigo, orote, murmuyo i jesto, silensio i grito, cadenas melodiosas, maraca de relebo, guiro estridente i ueco para esconder i recojer el espíritu, la combulsión sagrada i el bómito botibo, la noche presurosa del areito repuesto de la uída, el sudor de los perros i el sexo, de la oreja cortada i trabajada con caracoles i el griyete pulido de coyar, o la canoa dejada del samoano, el kayak olbidado del esqimal, la ruta del biqingo, el rojo diferente de la seda en qe la abuela china lo debolbía del frío, i el olmeca casado, el chorotega erbido, el siúj rebelde, el apache aplastado, el asteca letrado, el comersiante maya, el sibonei comberso, el inca garsilaso, el seminola surdo, las taínas bioladas, amadas, amarradas, desatadas, comidas, desechadas, sordas, cortadas, descarnadas, engordadas, dejadas, olbidadas, recordadas, siegas, amadas, regresadas, besadas, paridas i preñadas, borradas i bidentes, alqiladas, escritas, cosineras, importadas, exportadas, bendidas, maseradas, monjitas, condenadas, canseladas, continuando en las benas repobladas (siempre) del pueblo..

Son muchos los ensayos qe no boi a escribir. Por ejemplo, ese qe acaba en cualqier punto, en cada coma.

Aí, en ese infinito espasio desescrito, en las palabras de Albizu sin taqígrafo, se funda la memoria de la tribu, la élise proteínica da una rebolusión qe la 'carne' ('tenues del alma', 'en los adentros', el espíritu sutil qe cosina nuestra qímica, estaye de dendritas i axones qe se encres­pan en un signo irrebersible, imborrable en la istoria de los astros qe ospedamos) graba. Después copiamos en la piedra ese sol o ese eqilibrio de líneas para siempre, los puntos insisibos discutiendo la dialégtica sita en la continuidá 'formal' de la unibosería, el arrosal de negatibos de la escritura pura, la piedra sobre piedra, letras con propia lus, mineralesa, objeto desisibo, 'duros del alma', 'en los afueras'; en esa escritura qe nos repone el aire en los albeolos Debussy, en los exágonos de oxíjeno oxidados trascurriendo la fama de detritus corrientes por el tráfico simultáneo del muñeco de ilo qe nos sostiene épicos, trájicos, cómicos, bibrando aqel sermón de la montaña, el discurso del fuego, Albisu campos.

¿Qé es la seriedá, 'cojer' en serio? Qé es la fribolidá, abría qe contestarse. ¿Tendrán qe ber con la tristesa i la alegría, la berdá i la mentira? Ai qe estar asta el cabo entre los bientos, comer de la tormenta, como traga boíos Juraqán el aire grande, como el aire peqeño de Babuya dise postres i la cansión de Jupía adelanta la bida asta en la muerte, soplo solo.

Ai qe escojerlo todo. I la comodidá, lo uníboco, es corta tiranía para el amo. Ai qe escojerlo todo para una sola cosa: para la bida. Lo contrario es la muerte. Ya seremos la piedra en Coabey, qe nos lean las estreyas por todo el tiempo reposado de la instantánea rebelada para siempre al cuarto oscuro.