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Pedaleando por la orilla

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Un “NO” que pica y se extiende

Confieso mi sorpresa.

A pesar de mi preferencia y mi interés en la campaña para defender los derechos civiles y la representación de nuestro pueblo, mi usual pesimismo me decía que en el pasado referéndum sobre limitar el derecho a la fianza ganaría el “Si”.

Mi pesimista conclusión, se basaba en lo conservador que aparenta ser la población puertorriqueña, específicamente el electorado de los partidos principales.

Unas semanas antes de la consulta, escribí una columna donde expresaba mi miedo a que ganara el “SI”, así como mi temor de que ese resultado se viera como un endoso al “fascismo social” que constituye la política pública de la administración de Luis Fortuño, primer gobernador puertorriqueño con una agenda ideológica basada en las relaciones económicas y sociales de poder y no en la relación política entre Puerto Rico y Estados Unidos.

Los primeros tres años de esa administración de Fortuño fueron un experimento con una política pública que encarna el pensamiento económico del Milton Friedman y que hace 30 años caracterizó la presidencia del estadounidense de Ronald Reagan.

Esta visión económica conocida como reaganiana se basa en dos políticas públicas paralelas. Primero, el gobierno debe echarse a un lado y dejar que “la mano invisible” del mercado regule y ordene la sociedad. Segundo, ese mismo gobierno debe afianzar su aparato represivo para evitar que los sectores afectados u opuestos a esta política liberales interfieran con el crecimiento económico de los sectores más ricos de la sociedad.

El resultado de ese proceso, como explique en mi pasada columna, es el desarrollo de lo que el portugués Boaventura de Sousa Santos llama Fascismo Social.

Este fascismo, según Sousa Santos, se manifiesta en tres tendencias: el “fascismo del apartheid social” que nos divide entre criminales y descentre, el “fascismo contractual” que elimina las protecciones legales para los más débiles y el “fascismo de la inseguridad” que, basado en lo que Naomi Klein llama “Doctrina del Shock”, busca generar un ambiente constante de miedo que lleve a la población a rechazar derechos a cambio de protección.

Sobre este proceso, pero desde la criminología, el francés Loïc Wacquant entiende que el resultado de estas políticas neoliberales y conservadores es la desaparición del “Estado benefactor” y el surgimiento del “Estado Penal”.

En ese “Estado Penal” descrito por Wacquant, el aparato de justicia criminal y sobre todo sus fuerzas represivas, están para proteger el orden. Claro está, es el orden antes descrito que favorece a los poderosos a costa del sacrificio del resto de la sociedad.

De igual forma, el “Estado Penal” es uno donde se criminaliza la pobreza, pues entiende que el infortunio económico es resultado de fallas en el carácter moral de las personas que no tienen control sobre sus conductas. Por esa razón el “Estado Penal” tiene la obligación de usar “mano dura” para que esos débiles aprendan a comportarse y puedan integrarse al mercado de trabajo.

Por otra parte, el “Estado Penal” tiene que dejar claro que hay formas “correctas” de protestar. Por tanto, los y las que protesten de forma “inadecuada”, “perturbando el orden”, también deben ser reprimido, “a patadas” como dijo el pasado secretario de la gobernación, Marcos Rodríguez Ema.

En el caso de Puerto Rico, un ejemplo de cómo se formalizó el “Estado Penal”, es la atropellada aprobación de un nuevo código penal que, impone penas de cárcel irrazonable y hasta criminaliza la protesta y la disidencia.

Regresando al resultado de la consulta celebrada la pasada semana, la misma se levanta como un claro rechazo a esa visión política que el administrado Luís Fortuño se copia del Partido Republicano de Estados Unidos y que impone al país como dogma cuasi religioso.

Ese rechazo electoral no sólo fue la expresión explícita de los votos emitidos por el “NO”. Fue también un rechazo refrendado por los niveles de abstención, a mi parecer, sin precedente entre las filas del gubernamental Partido Nuevo Progresista (PNP). Dato que es sumamente interesante si se toma en cuenta la enorme y eficiente capacidad de movilización que tradicionalmente demuestra ese partido.

Ese nivel de abstención parece ser la forma en que el electorado PNP expresó, sin votar contra el partido, su rechazo a la importación a la isla de las ideas más retrogradas e ignorantes del estadounidense Partido Republicano que, como ya se dijo, terminan produciendo el “Estado Penal” y el “fascismo social”.

La falta de conocimiento histórico por parte de la nueva generación de dirigentes PNP, quienes en su mayoría son burócratas “blanquitos” ahora llamados “guainabitos”, no les permite entender que la visión que ellos tiene de Estados Unidos es muy diferente a la forma en que la base de su partido mira a esa Nación.

Para la mayoría de la población que simpatizan con la estadidad y la unión permanente con el pueblo estadounidense, esa nación sigue una sociedad “fordista” donde todos tienes oportunidades de superarse. Después de todo, fue esa imagen de Estados Unidos la que se vendió aquí como parte del populista mensaje del desaparecido exgobernador y fundador del PNP, Luis A. Ferré y que luego se reafirmó cuando el también exgobernador Carlos Romero Barceló, se montó en el estribillo de que la “estadidad es para los pobres”.

Sin embargo, a pesar del contundente rechazo electoral de esas propuestas neoliberales, los nuevos pichones de fascistas que dirigen y se lucran como asesores del gobierno actual, se niegan a obedecer al pueblo e insisten en su discurso buscando subterfugios para imponer su ideología económica y social neoliberal conservadora.

Tanto Fortuño como sus allegados calificaron la decisión del pueblo como un error y aseguraron que buscaran la forma de esquivar la constitución del Estado Libre Asociado implementando el “Estado Penal” y el “fascismo social”, cediendo más competencias sobre el crimen al gobierno federal.

Ante esta situación, el Partido Popular Democrático (PPD), que a pesar de ser la principal organización política de oposición en la Isla tampoco parece que fue capaz de mover su electorado en el referéndum, no han desarrollado un discurso diferente a las mencionadas políticas neoliberales.

Aun cuando Alejandro Garcia Padilla, candidato a la gobernación por el PPD, puede proyectarse como más cortes y cívico que su contraparte PNP, sus posturas no se distancian mucho de las ideas de estos últimos. Algunos dirían que sus propuestas son versiones “light” de las mismas políticas basadas en el Neoliberalismo y productora del llamado “Estado Penal”.

Desde este análisis, los próximos cuatro años se perfilan como una continuación de los pasados tres, no importa cuál de estos dos candidatos ganen las elecciones.

Por supuesto el surgimiento de nuevos partidos y movimientos con visiones realmente democráticas y comprometidas con los intereses del pueblo parecen ser la luz al final del camino.

Sin embargo para estas colectividades, el Movimiento Unión Soberanista y el Partido del Pueblo Trabajador, recoger ese camino no es tarea fácil, pues está llenos de los obstáculos burocráticos y mentales productos de sobre sesenta años de bipartidismo plutocrático.

Claro, como dicen los asiáticos, el sendero más largo comienza siempre con el primer paso.

Sólo la historia nos dirá si el resultado de este referéndum fue ese primer paso y si ese voto por el “NO”, realmente pica y se extiende.