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Pedaleando por la orilla

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Cuando se empieza a resbalar…

Según me dijeron, Don Pedro Albizu Campos decía que, “cuando uno empieza a resbalar, no para hasta que se escocota”   Realmente no sé si la cita realmente es de don Pedro, pero fue lo que me vino a la mente luego de que la pasada semana un jurado federal no se pudo poner de acuerdo para rechazar la pena de muerte a un acusado de asesinar a su amante, quién era agente federal. Es decir que el jurado realmente no rechazó la pena de muerte, solo no lograron ponerse de acuerdo en imponerla.

Seguir este proceso judicial por las redes sociales fue algo así como un viaje en barco por una tempestad.

Primero la tensión y la espera, desde que terminaron los alegatos finales, las instrucciones del juez y los casi tres días que tomo la deliberación. Periodo en que los servicios como Facebook y Twitter se convirtieron en campos de batalla ideológica por parte de aquellos que se oponen al bárbaro castigo.

Luego vino la celebración y euforia del  veredicto que imponía la cadena perpetua y no la inyección letal al ya convicto por asesinato.

Más tarde, se reflejó la indignación y coraje ante las dolorosas expresiones de la fiscal federal,  quién ante su derrota judicial auguraba que este pueblo “está listo” para un castigo que desde hace más de cincuenta años la humanidad busca descartar.

Por supuesto que no se pude esperar otra cosa de funcionarios de un sistema colonial que, como decía Fanon, se convierten en caricaturas del colonizador, mientras encarnan el “síndrome del mayoral” del que nos habla el amigo Daniel Nina.  Es decir funcionarios que ejercen un poder que no les pertenece, pero que no desperdician oportunidad para hacer valer a base de vara y castico.

Pasadas y experimentadas las emociones, levantado el humo del campo de batalla algo me queda claro. Si se mira le proceso fríamente, me tengo que preguntar si es correcto eso de que Puerto Rico “está listo” para imponer la pena de muerte.

Bueno, en realidad lo diría de otra manera.

¿Habremos retrocedido tanto como pueblo, que en este punto  histórico estamos dispuestos a renunciar al pensamiento de avanzada que hace más de medio siglo expresamos en la llamada constitución del ELA?

Hace unos meses tuve el honor de hablar ante la asamblea anual de La Comisión Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte. En esa ocasión terminé mi alocución diciendo: “Amigos y amigas, al mirar la batalla que como grupo les toca enfrentar en el futuro próximo viene a mi mente aquella única mujer que mantuvo su visión mientras el resto se quedo ciego en la novela del Nobel  portugués.  Espero que puedan crecerse ante el reto, y que como aquella mujer sepan dirigir la cruzada. Porque aquí nos puede ir la vida constitucional del País. La ceguera social que implica la imposición de la pena de muerte en pleno siglo XXI cada vez más es definida como la visión a seguir para que la masa se sienta segura y para que los políticos sigan viviendo de ella.”[1]

Hoy esa cita regresa a mi mente cuando leo que en realidad el jurado no llegó a la conclusión de no asesinar al acusado que tenían frente a ellos y ellas.  Según los medios de comunicación, la pena de muerte no se impuso, no porque se rechazó, sino porque los jurados no llegaron a una determinación a favor o en contra de la misma.

Si la información es correcta, entonces nos tenemos que preguntar si esta determinación no es más que un premio de consolación para los que no le reconocemos al Estado el poder de asesinar a sus ciudadanos. Me pregunto,  y me duele hasta pensarlo, si la fiscalía federal no tiene razón y este pueblo está en una encrucijada que ante eso que llaman criminalidad, están dispuestos a convertirse colectivamente en asesinos.

Nos tenemos que preguntar, si el pánico moral que la derecha conservadora crea en torno a la violencia social que sufre el país, no está siendo exitoso llevándonos por el mismo sendero que antes caminaron los europeos en década del 1930 y los estadounidenses del 1980.

Es decir que ante lo que se percibe como una violencia social sin control, que en realidad es normal dentro de los ciclos de violencia que históricamente hemos vivido como pueblo y que en última instancia es una violencia producto de las propias medidas excluyentes impuestas por esos mismos conservadores, nuestro pueblo llego al punto de estar dispuesto a ceder y renunciar a las pocas conquistas sociales que el sistema colonial capitalista nos permite.

Espero equivocarme, pero parece que este “no veredicto” apunta a que estamos resbalando…


[1] http://garygutierrezpr.com/2012/05/13/pena-de-muerte-herramienta-de-gobernanza/