Mar05302017

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La Mujer Olmo :: Sobre empresas de calificación y otros dictadores

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Hablan las empresas de calificación (rating) y los gobiernos empiezan a temblar. Me recuerdan a Nerón cuando un solo gesto de su dedo pulgar significaba la vida o la muerte de un esclavo. Hoy somos esclavos informados. Manejamos términos como deuda soberana, emisión de bonos, falta de liquidez, y sobre todo el rating, esa valoración que oscila asombrosamente a tenor del dictamen de las cuatro grandes. Porque sólo son cuatro y  alrededor del 85% de los más importantes bancos  e instrumentos financieros del mundo son externamente auditados por ellos. A tenor de su calificación la economía de los países respira o tiembla.

Si lo pensamos, su sistema de calificación se parece bastante a un boletín de notas escolares y su baile de fin de curso. Si eres un alumno aventajado con triple AAA todos (los mercados) quieren apuntarte en su libreta de baile. Si te portas mal (aunque no sepas qué demonios has hecho mal), te bajan la calificación y te quedas sentado en la silla mirando a un punto fijo, o montas una campaña de prensa en la que dices que no eres, bajo ningún concepto, la más fea de la fiesta.

Pero, en realidad, las empresas de calificación me recuerdan a los pequeños dictadores que pululan en las clases de todos los colegios. Aquellos que dictaminaban quién era alguien o quién no lo era en el aula. Nunca tuve muy claro qué hacía de ellos líderes indiscutibles. Pero tenían esa aura que es tan difícil de definir. Si te ponían en el punto de mira, tu vida se podía convertir en un enorme infierno infantil; por fea, por torpe, por cuatro ojos, por idiota. Si te consideraban de los “suyos” tu vida se llenaba de sentido  (y de alivio) aunque fuera a título de sirvientes particulares; dame tu bocadillo, hazme los deberes de inglés, regálame el bolígrafo. Lo controlaban todo. Nadie les controlaba.

Los recuerdo muy bien, no fui ni dictadora ni sirviente. Y con el tiempo he mantenido la misma actitud de observadora. Con el tiempo, también, y en alguna reunión de antiguas alumnas del colegio, he visto como las feas se han transformado en guapas, los torpes en directores de empresa y los dictadores permanecen con ese rictus de desdén que resulta tan poco fotográfico a partir de los 40 años.

¿Quién controla a las empresas de  calificación? ¿En qué basan su poder? ¿Cómo logran que países antaño pioneros y orgullosos se pongan a temblar ante una mínima bajada en su calificación crediticia. Y los mercados, servidores de pequeños dictadores, bailan como gallinas ciegas al son de estos disparatados directores de orquesta. España emite deuda soberana al 6% de interés y Alemania a un interés negativo. Bienvenidos a Europa. Una vieja gorda que ni baila ni deja bailar.  Si son tan listos los del rating, ¿Cómo no han previsto la que se avecinaba?