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¿Tú no habías nacido en Melilla?

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¿Tú no habías nacido en Melilla? Las partidas para traducción e interpretación en las comisarías de la policía y los juzgados han sufrido recortes, ellas también. Y es muy posible que, en este momento, se produzca la siguiente situación en algún lugar de España.

- Oye Paco, ¿tú no habías nacido en Melilla?

- Yo no, mi hermano, pero viví allí un par de años. Y no es Melilla, sino Ceuta.

- Pues pasa pa’ dentro, que tenemos a un Abdullah y no le entiendo nada.

Paco no sabe árabe; ni clásico, ni moderno, ni bereber, ni por supuesto el darilla, dialecto local ceutí. Como mucho maneja algunas expresiones que aprendió en la infancia. Abdullah sabe algo de español, lo justo para sobrevivir en un país en el que todo pasa demasiado deprisa. Hasta hoy.

Abdullah murmura algo incomprensible, como los bocinazos que suelta el imán de la mezquita de Tetuán.

-¿Qué dice este tío? Pregunta el jefe.

-Estará rezando, jefe. Estos moros primero rezan y luego la montan. ¿Qué ha pasado?

- Ha habido una redada de los del top manta y éste estaba por el medio. Yo creo que está limpio pero le han trincado con mercancía senegalesa que habían dejado tirada por el suelo y ahora tengo que rellenar el puñetero formulario para poder ir a comer. Pero éste no suelta prenda. A ver, dile algo.

- Bueno, pero habrá que hacerlo bien. Tú haces la pregunta y yo se la traduzco.

- Venga dale, ya sabes lo que hay que preguntar joder, que pareces nuevo.

Paco farfulla algo incomprensible.

Abdullah empieza a estar cansado de Paco y de la comisaría. Sólo recuerda que pasaba por ahí cuando se montó un revuelo tremendo y todos salieron corriendo y el hatillo de un senegalés cayó a sus pies en el instante en que la policía hacia su aparición. A lo mejor, sí, entiende a Paco e incluso a su jefe pero se niega a hacerles la vida fácil. Además tiene miedo de que le carguen con una culpa que no es suya. Entonces recuerda una palabra mágica que se abre camino en su mente

- Quiero intérprete.

- Aquí no hay intérpretes. Es lo que hay. Responde el jefe.

- ¿Dónde está el intérprete jurado que teníamos antes? Pregunta Paco.

- Que nos lo han recortado.

- Yo es que era muy pequeño cuando vivía en Ceuta, afirma Paco nostálgico.

- Espera un momento, ¿los de la Asociación de Jubilados de Turismo* no se prestaban a hacer este tipo de traducción?

- Pues vete llamando, tío, que esto no acaba nunca.

-Tranquilo Abdullah, ahora te llega el Intérprete.

Llega Antonio, jubilado. Trabajó durante años en la recepción de un hotel en Fuengirola. Era un buen profesional y aprendió un poco de francés. Y en Marruecos se habla francés, eso seguro.

-Hola Antonio., pregúntale a Abdullah qué hacía en calle Argumosa a las 11 de la mañana cuando llegó la lechera y se dieron todos el piro.

-Pero hombre, protesta Antonio es que eso es muy difícil, ¿cómo voy a traducir lechera?

-Pues el furgón, hombre, el furgón.

¿Que purkwa, vus ne pas pirez cuand la police est arribée?

Esto es ficción pero no del todo. Los recortes nos están afectando en ámbitos que parecen poco importantes o invisibles como el derecho de todos los ciudadanos (e inmigrantes porque son ciudadanos de algún otro país) a una interpretación profesional en las comisarías y los juzgados. Pongámonos por un instante en los zapatos de Abdullah.

Es cierto que la única norma española que estipula los requisitos que deben cumplir los intérpretes en el orden jurisdiccional penal se remonta al año 1882 (Ley de Enjuiciamiento Criminal: “Los intérpretes serán elegidos entre los que tengan títulos de tales si es que los hubiera en el pueblo, y en su defecto, el maestro del idioma en cuestión. Si todo lo anterior falla, cabe nombrar a cualquier persona que entienda el idioma.)

Pero no es cierto que todo lo anterior falle. En España hay suficientes Intérpretes Jurados, debidamente acreditados, para atender a Abdullah, y dejar a Paco y a su jefe hacer bien su trabajo, que no es precisamente traducir.

* Asociación ficticia.

 

La mujer olmo para el postantillano.

18 de octubre de 2012.