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Camino a Cuba 14

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altUn día del año 2013, una poeta llega a polinizar.

Rafael Gabriel Mújica Celaya había dicho que “La poesía es un arma cargada de futuro” pero yo no conocía a Celaya. No fue hasta el 2014, durante la apertura del Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico cuando escuché a esta poeta. Venía de la Revolución Bolivariana y eso lo dejó constar en su turno al micrófono. Con un tono de voz potente, una fuerza que le venía desde lo más hondo del pecho leyó su poema y nos habló sobre la situación de su país. Chavista hasta la muerte demostró cómo hacer poesía por la libertad, defender a los desamparados con la palabra como arma de cambio social y ser poeta y humano a la vez.

Antes de Caneo cualquier insecto que viéramos nos parecía insípido, algo sin mayores atributos hasta que nos regaló su poesía. Antes decir “pez” no era más que un simple animal, sencillo, algo sin importancia ni sentimiento. Hasta que apareció la poeta con su don de Mantis Religiosa. Ese don de la lucha social. Su religión, si así podríamos llamarle, era la poesía y la batalla ardua por crear cierto balance entre los marginados. Entonces nos enseñó que decir “pez” era decir cariño, te quiero, eres parte de mí.

Caneo no buscaba un espacio dentro de los salones de literatura, mucho menos que su nombre apareciera en los estantes de los “grandes poetas” ella lo que procuraba era que la poesía, no la suya, la poesía en su esencia fuera llevada a esos lugares olvidados de la sociedad. Llevar la poesía y regalarla a los niños y jóvenes a los que alguna vez llegamos a mirar de reojo y con cierto temor.

Por eso en una de sus visitas a Puerto Rico lo primero que pidió fue hacer un taller de poesía en La Perla. La Perla que oyó en la canción de Calle 13. Un viernes con la mejor compañía posible, los niños de La Perla, el océano atlántico se nos pintaba alegre como la sonrisa que en aquel salón coloreaba las paredes y los versos. De igual manera impartió talleres de poesía en comunidades del pueblo de San Lorenzo, Cayey y Caguas visitando varias escuelas públicas polinizando las mentes jóvenes y otras no tanto con su vida.

Con un gigantesco amor se insertó en la lucha de los maestros por su retiro, en la batalla por la excarcelación de Oscar López Rivera, marchó con los trabajadores que exigía al gobierno mejores condiciones de trabajo. Caneo en su haber de poeta nos dejó su poemario Zoo: anatomía de un insecto. Nos dejó una grieta en la mirada a la hora de su partida. Nos dejó una semilla en el pecho de nueva poesía, de poesía comprometida con las causas sociales, comprometida con los marginados y los carentes de recursos educativos. Nos dejó una puerta abierta hacia el universo de la bondad. Porque de todo lo que dio jamás esperó nada a cambio. Todo siempre fue humildemente dado en bondad.

Tristemente para muchos de nosotros Caneo era demasiado para este mundo y una tarde de octubre voló desde lo alto de una torre de la universidad donde buscaba un título en letras. Esa tarde se hizo libélula, juntó todo su dolor y lo hizo sangre.

Gracias a Caneo puedo decir que estoy Camino a Cuba, pues fue su palabra comprometida, su poesía social y las huellas de sus botas dispuestas siempre a la marcha a la batalla por la justicia social. Caneo, nos veremos en otros versos. Camino a Cuba.