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Camino a Cuba 18

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altSi no hubiera sido poeta, ¿qué? No sabría que hubiese sido.

Pienso que la poesía siempre estuvo ligada a mí de uno u otra forma. Desde escuela elemental fui algo introvertido, me gustaban las canciones “corta venas”, los pequeños romances menudos los vivía drásticamente enamorado. Un sentido de empatía surgía al ver a los desamparados que no podía explicar. En fin… era todo un melodrama y la poesía una compañera en la escena.

Jamás me visualicé como un profesional de gabán y corbata, aparte de mi interés por estudiar literatura no había otra cosa que causara la misma curiosidad por la universidad (cosa que me persigue hasta hoy) y muchas veces esa falta de título universitario es una sombra, por eso me causa pereza cuando me piden mi biografía. Lo poco que sé ha sido por empeño y viendo a otros, por la tarea inconsciente de estudiar la poesía a mi manera, de leer.

Recuerdo que una vez en la escuela superior en la clase de español el tema era la poesía, trabajar la símil y la metáfora. Yo ya había empezado a leer varios poetas y escribía con cierta regularidad, así que para mí aquello debía ser “pan comido”. ¡Error! Me di la colgada de la pasión en el examen, D creo que fue la nota que saqué y eso fue una gran desilusión.

Así que aparte de mi diploma de 4to año y mi fugaz paso por la Universidad del Turabo no tengo ningún otro título. No he ganado en ningún certamen de poesía, aparte del fiasco del 2do lugar por una Mierda, mis poemas no han sido premiados por entidad alguna, mis libros quizás hayan servido para ayudar alguna mesa coja o para aplastar cucarachas pues no han tenido una gran aceptación en las librerías. Entonces, ¿para qué soy poeta? ¿de qué sirve un poeta sin diploma, sin premios qué enumerar, ni placas que colgar en las paredes? Esa es una pregunta que casi a diario me hago y de la cual no hallo respuesta.

Entonces surgen las invitaciones a visitar escuelas y universidades, la primera vez creí que era un chiste, pero no lo fue. Muchas veces no sé de qué hablarles a los estudiantes y solo les cuento mis experiencias. Se abren las puertas a lecturas y para presentaciones de poemarios de uno u otro amigo poeta, invitaciones especiales a compartir poesía en tal o cual centro cultural o ir a leer en los open mics (micrófonos abiertos). Luego aparecen los encuentros de poetas. Sé que en el 2012 la invitación a Montevideo fue apadrinada por Solá pues si él no me hubiera nombrado este nunca hubiera podido leer su poesía en el Mercado de la abundancia, pero y los otros encuentros, ¿por qué me invitan?

Si mi nombre no aparece en los libros de grandes poetas puertorriqueños, si hay otros compañeros y compañeras poetas con mejores biografías que la mía y un alto número de premios y menciones por sus aportaciones a la literatura del país. ¿Qué aporto yo? Casi nunca sé. Esto es una constante siempre, aunque a nadie se lo haya contado hasta ahora. Me persigue un sentido de inferioridad en cuanto a la poesía se trata y muchas veces eso me cuesta al decir que soy poeta, ¿pero poeta de qué? ¿qué hace a uno ser poeta? Juntar algunas líneas que se oigan bonitas al leerlas, tener “flow” a la hora de interpretar una pieza, tener un padrino reconocido en el ambiente poético, ganar todos los premios de cada uno de los certámenes que convocan, ¿qué hace a uno poeta?

En breves días partiré a Cuba a participar de La Feria Internacional del Libro en La Habana y en el Encentro de jóvenes escritores de Iberoamérica y del Caribe. Saldré “loco de contento” pero con esa incertidumbre, esa constante interrogante, ¿por qué soy poeta? Camino a Cuba.