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Camino a Cuba (19)

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altUn día del año 2015, Manabí me llama su hijo.

Era medio día, estaba sentado al lado de la ventanilla y el capitán del avión de Copa Airlines anunciaba que estábamos próximos a despegar. La Senda de Hidrovo y Manabí me habían llamado. Esta vez quise compartir la experiencia con un gran amigo y mentor, con William.

Llegamos cerca de las 11pm al aeropuerto José Joaquín de Olmedo en Guayaquil, Ecuador, y rápido nos trasladamos al hotel Oriente, donde mismo pasé la primera noche un año atrás. A primera hora de la madrugada partimos hacia el Terminal Terrestre de Guayaquil para emprender un viaje de más de 5 horas hacia El Carmen. Tomamos dos autobuses, compartimos con las personas que rápidamente al vernos sabían que éramos extranjeros. Esta vez el camino era para mí uno familiar, como de viejos amigos que se reencontraban. Esta vez no estaba nervioso, sentía que era parte de aquellas carreteras, que todas las voces que escuchaba al final decían “hermano”.

Decir ñaño o ñañita es decir hermano o hermana en El Carmen, eso lo aprendí en mi primer viaje, Belén me lo había demostrado. Al llegar a El Carmen Belén nos esperaba. Cargaba la felicidad de una niña de 5 años. Nos recibimos con un abrazo que todavía persiste, le presenté a William y fue recibido con el mismo gran amor que fui recibido yo. Esa tarde leímos en el Colmado Tía y fuimos a cenar a casa de Belén.

En la mañana siguiente participamos de una actividad del alcalde, recorrimos las calles, la plaza del mercado y en la noche estuvimos en una fiesta grandísima de pueblo. Esa noche al llegar la gente no era tantísima, pero no pasaron algunos escasos minutos aquello que era una calle se había convertido en una inmensa masa de personas que bailaban y reían. Francamente me asusté, jamás había estado en el medio de un millar de gente. Entre todos los olores que pude captar en aquella pista de baile urbana el que resaltaba era el del Canelzao. ¡EL Canelzao era un ron a base de canela obviamente, pero, que se sirve caliente. Era un sabor dulce y algo adictivo, no se podía sentir el golpe del alcohol. Esa noche las botellas de Canelzao sobraban, en cada esquina había alguien “cocinando” aquel brebaje y lo regalaban. Pasada una hora no pude más y partí hacia el hostal.

William y yo estuvimos unos días antes de que comenzara el encuentro. Quisimos ofrecer algunos talleres a niños, caminar y conocer mejor el cantón de El Carmen. Ya después empezado el encuentro no tendríamos mucho tiempo. Los lugares a visitar fueron los mismos que el año anterior, lo hermoso de todo fue cuando el mismo grupo de estudiantes que formaron el comité de bienvenida para mi en el 2014 me esperaban. Ver a los niños y niñas gritándome para que fuera abrazarlos fue maravilloso. Volví a encontrarme con Cristopher. Nos abrazamos, esta vez sin ningún miedo a lastimarlo pues su alegría era sanadora. Los días continuaron, Horacio quedó más hondo en mí junto a Manabí, Belén y los amigo y amigas que todavía me esperan. Una tarde cuando regresábamos de Santa Ana hacia Monte Cristi tuve la urgencia de hablar con Horacio y esto fue lo que le hablé:

Poema para Horacio

La palabra verde de tu poesía manabita

vino en las alas de tus niños pájaros

a darme el abrazo fresco de tus árboles de luz.

Cantor del pueblo, de la tierra que es fruta,

existe un hambre de tu voz en nuestros oídos extranjeros

que mitigamos al recorrer la senda que se enraizó en tus pies.

Hoy nos has visto desde tu casa río de Porto Viejo lanzando una ofrenda silvestre

para la eternidad que tejió tu corazón universal.

Y sonreíste entre los peces que comieron de tu vida

quedando preñados del verbo que supiste compartir

como pan de tus huesos.

Tu nombre hoy se aprieta a nuestro tímpano

para dejar los ecos de tus cantones,

y se nos repite en la garganta El Carmen, Chone y Manta que se da en olas.

Se nos colorea en los ojos Montecristi, tu cuna Santa Ana

que nos mece hasta el sueño de un regreso.

Horacio, te descubrí en la boca ñaña

de un milagro llamado Belén

y he vuelto a ti, a las calles montubias derramadas en tu poesía.

Gracias por recibirme. Porto Viejo, Ecuador. Agosto 14, 2015

No sé qué razón habrá para que Manabí haya quedado tan marcada en mi ni porqué Horacio y su poesía me abrazaron. Lo que sí puedo contarles es que gracias a este encuentro puedo decir que hallé una razón importante para seguir haciendo poesía.

Cuba siempre fue un destino que perseguí y ahora está muy cerca de materializarse. De alguna manera Manabí y Horacio contribuyeron a que sucediera.

Hasta La Feria Internacional del Libro. Camino a Cuba