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Camino a Cuba 20

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altUn día del año 2015, La Brújula de los pájaros se orienta y me dirige.

Con la visita de Caneo, el inicio de Poetas en Marcha, la integración a las luchas sociales mi poesía se transformó. El poeta romántico y triste se guardó y otro con coraje emergió. Entonces los poemas venían desde la calle, desde los abusos del gobierno, desde la cárcel por Oscar López, desde Palestina y Siria, pero sobre todo desde los más frágiles, los niños. En ese año fueron muchas las noticias de abusos infantiles, un padrastro que abusó de un niño y lo dejó a su suerte, una niña en la orilla del mar mediterráneo ahogada que buscaba escapar de la guerra, niños palestinos muertos en una playa por una ráfaga de balas y Daniel Cabrera, un niño de Filipinas estudiando bajo la poca de luz que un anuncio de comida rápida le podía ofrecer entre otras tantas fueron el motor para los poemas de La Brújula de los pájaros, siempre con Adri como personaje principal.

Escribir esos poemas fue un acto muy doloroso, pues tuve que hacer el ejercicio de poner a Adriana en tal o cual noticia que involucraba a un menor para poder sentir que aquello que leía estaba pasándome. Haber leído la noticia de un padre en Guatemala que encontró a su hijo moribundo porque una pandilla lo había lanzado hacia un risco por no cooperar en la muerte de un chofer porque su papá también era chofer fue intensamente doloroso para mí. Escribir desde la muerte de un hijo sin haberla vivido.

“La muerte me tocó en tu abrazo

en aquel último esfuerzo tuyo

por enredarte a mi pecho

cuando no supe abrir las venas

para darte nuevamente mi sangre”.

La noticia de una madre que se suicidó en su casa porque los bancos pretendían quitarle el único patrimonio que tenía. ¿Cómo podía yo explicarle a Adri lo que es la desesperación humana, cómo hacer que ella sienta empatía por el sufrimiento ajeno? Esa madre inspiró uno de esos poemas que forman La Brújula de los pájaros y así se lo escribí a Adriana:

“Sé que hoy

colgaba la muerte en la soga sin esperanza

porque su casa fue más importante

…esa madre renunció a la vida

mientras los usureros banqueros ignoraban

la incalculable valía de sus latidos amorosos”.

Ayotzinapa fue otro calambre en el pecho pues la desaparición de los 43 fue algo atroz que ningún padre o madre merece, la muerte de sus hijos. Esto me llevó a reflexionar y cuestionarme si mi hija iría a conocer sobre estos 43 normalistas que bajo tortura fueron asesinados. Mi trabajo era dejarle saber a ella y a todos sus contemporáneos sobre esa matanza y como padecimos el dolor de sus familiares.

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”

“Adriana, así reclama con gritos de sol Ayotzinapa

sus hijos normalistas han sido secuestrados por el terror”.

Ser padre y poeta es una gran responsabilidad. Dejarles un mensaje social a nuestros hijos es una tarea que todo padre y madre debe hacer para sus hijos e hijas. Para que un nuevo mundo sea posible, donde el respeto por la vida sea el mayor de los atributos, donde ninguna religión mande sobre el ideal de libertad de cada persona, enseñarles que no solo a los padres hay que honrar, sino que cuando ellos sean padres también aprendan a honrar a sus hijos. Ser padre y poeta es mi mayor aportación a mi país, a mis hijas y de alguna manera al mundo.

Y aunque soy ateo en La Brújula de los pájaros les dejé una oración a nuestros niños;

Hijos Nuestros:

que duermen en la tierra,

levanten su voz ante la injusticia;

echen mano de la ilusión para ser felices;

pues nada existe más santificado que la inocencia;

háganse fieles a su voluntad y no a la de terceros.

Den al desvalido el pan y la compasión de cada día

y no la humillación propia del “no es como nosotros”;

nunca ofendan su dignidad

ni rueguen perdón a quienes los ofenden;

si cayeran en tentación, levántense

porque de ustedes será la experiencia vivida;

sean libres… aprendan del bien o el mal

y Amen sobre todos los dolores, Amen…

En Cuba leeré estos poemas con tal vehemencia, así como lo hice en Manabí, en New York y en San Cristóbal de las Casas. Porque estos poemas representan el amor por mi hija, mi vocación como padre y me responsabilidad como poeta. Que ningún niño o niña se quede sin su brújula, porque así como dijo Horacio Hidrovo que: “Hay un parentesco / entre un niño enfermo /y un pájaro triste. /Los dos dejan de cantar”. Yo, con la poesía por delante les daré pulmón a los niños y niñas para que sigan cantando. Camino a Cuba.