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Camino a Cuba 22

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altAl pasar los años me he dado cuenta que he logrado tantas cosas y que siempre tengo la duda de que si en efecto soy merecedor de ellas. Confieso que no soy la persona más aplicada, que en mis años de estudiante fui un desastre en las matemáticas y que eso lo arrastré hasta lo poco que pude hacer en la universidad. Pero aun así pude abrirme un pequeño espacio en el quehacer literario de Puerto Rico. Que mi fugaz paso por la universidad dejó mucho que decir de mis hábitos de estudio. Que fue más fácil convertirme en obrero que en un profesional y eso quizás a las circunstancias.

En casa, luego de que nos separáramos de mi padrastro, mi mamá era la única fuente de ingresos, y, sé que con poco logró inmensidades. Ella quería por todos los medios que mi hermana y yo fuéramos profesionales graduados de la universidad, y, sí, de alguna manera eso hicimos, pero, a nuestro paso. Ya ustedes saben que hice un certificado en Líneas Aéreas y Turismo y eso junto con el 911 es solo motivo de conmemoración.

Yo preferí irme a la calle a trabajar en “fast foods” tomando guaguas públicas, rompiendo noche, regresando a pie tarde en las noches y así se mantuvo el ciclo. Me fui a convivir bastante joven y asumí el rol establecido en la sociedad y que desde niño vi, el “hombre de la casa”. Así las cosas fueron cayendo en un estado catatónico y rutinario del cual solo la poesía me liberaba.

Después de ser un nómada de trabajos llegué a mi trabajo actual, donde he estado en los pasados 12 años. Fue en ese trabajo que bajo frustraciones, cotidianidades y depresiones que nacen mis primeros poemas publicables. Gracias al Facebook había hecho “amistad” con algunos poetas de los cuales tenía sus libros que conseguía en el difunto Border’s de Plaza Las Américas. De esta manera las cosas que escribía las publicaba en Facebook y con los 2 o 3 “likes” que recibía era algo feliz. Fue de esta manera que retomé la poesía que estaba abandonada.

Comencé a trabajar en Droguería Betances en el 2005, año atroz en mi vida personal. Al pasar el tiempo en la compañía algunos ya sabían de mis “dotes” literarios y eso de alguna u otra manera era causa de burla o admiración. Mientras trabajaba siempre andaba con una libretita y en ella escribía cada cosa que me venía a la mente en momentos en los que debía estar trabajando. Una de las cosas que hacía, además de atrasarme en mis labores, era meterme al baño del almacén para escribir poemas. Eso era motivo de bromas por parte de los compañeros y de la misma manera motivo de curiosidad. A muchos les extrañaba y veían de manera irónica que “un poeta” estuviera allí trabajando con ellos. Hoy les digo que eso poemas escritos en el baño de mi trabajo, su mayoría, son los poemas que conforman mi primer poemario Bajo la sombra de las palabras. Poemario con el que me presenté en Montevideo y en La Feria Internacional de Poesía de Puerto Rico edición 2011.

Hoy, antes de partir a La Habana estuve en la UPR de Humacao compartiendo poesía con grandes amigos y hermanos. Esa una de tantas cosas que he logrado que no logro entender el cómo. Ser invitado a presentarme ante estudiantes universitarios que han tenido ovarios y testículos para proseguir sus estudios y ambiciones universitarias, algo de lo que carecí en mi tiempo.

Camino a Cuba.