Vie03242017

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Camino a Cuba 25

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altCasi no descansé en el día de ayer. La realidad es que llevo varias semanas bajo un tren de trabajo intenso para que este día fuera posible. Exactamente estoy a 30 minutos de abordar el primer avión que me llevará hasta Cuba.

Confieso que estoy muy nervioso que ayer Adriana, mi hija, me hizo llorar al despedirnos y hace poco Kristina, mi esposa, logró amenazar el llanto al despedirnos y al ella darse la vuelta también lloré. Viajar siempre hace que me acobarde, hace que sepa lo frágil que soy, que somos y hace que piense cuánto amo a las personas en mi círculo.

Espero por la llamada de abordo, en mi mochila viaje una delegación de escritores puertorriqueños, por vía de sus libros, que han de quedarse en la Habana. Vaya uno a saber cuánto tiempo, vaya uno a saber por cuantas manos estarán de paso, cuántos ojos los leerán y cuál de ellos o ellas será nuestro próximo embajador cultural.

Hoy estoy camino a Cuba, una criatura que no me conoce pero que baila al escuchar mi voz se quedará esperando mi regreso a Puerto Rico. Sé que la pensaré de forma intensa y que al mencionar a Adriana en Cuba lloraré y que mi cuerpo guarda el calor del último abrazo que el amor me dio en las afueras del aeropuerto.

Gracias a los hermanos y hermanas que se mantuvieron a mi lado en cada aventura para lograr esta travesía, los llevo hondo. Gracias a la familia que me ven con orgullo y gracias a ustedes que me leyeron por las últimas cinco semanas, aquí en El Post Antillano. Hoy, más que nunca, voy. Camino a Cuba.