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Caminando en Cuba 1

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altNota editorial: Publicamos 25 ensayos de la preparación del poeta puertorriqueño José Ernesto Delgado Hernández, de camino a Cuba, para asistir a la Feria Internacional del Libro. Ahora iniciamos una nueva jornada de sus reflexiones estando en Cuba. ¡Que la disfruten!

Cuba, 12 de febrero 2017. En el vuelo más rápido que he tomado llegué al Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana cerca de las 10:00am, confieso que me bajé del avión algo nervioso. Al salir del aparato que en 40 minutos voló del Fort Lauderdale a La Habana todo el personal que trabajaba en el aeropuerto vestía uniforme militar y para mi sorpresa su mayoría era mujeres de entre 25 a 30 años, de ahí advertí que la mujer cubana representa una gran fuerza laboral en su país. Al terminar los trámites en aduana prosigo mi camino hacia la salida, caminando como si me conociera el aeropuerto de memoria y siguiendo a los demás que habían llegado en mi vuelo pude tomar las escaleras donde se observaba un concurrido grupo de personas que esperaban por los recién llegados, allí se encontraba Elena con un cartel que llevaba mi nombre, los temores desaparecieron.

Con un abrazo de esos que se dan los viejos amigos al reencontrarse nos saludamos Elena y yo, cabe mencionar que nunca nos habíamos conocido, salvo los correos electrónicos previos a la visita a Cuba, pero existía ya un vínculo, pude reconocer en su gran sonrisa que se trataba de una persona desinteresada, además de que su felicidad al recibirme fue tan evidente que me contagió y de esa manera nos hermanamos. Un Buick Argentina del 52 esperaba por mí, fue el primer contraste entre dos países vecinos que en una misma época viven tiempos distintos. Alfredo, el chofer, me saluda con una gran sonrisa y un bienvenido bien cubano. Como siempre me habían contado, Cuba es como viajar en el tiempo, así me sentí al subirme aquel carro que a pesar de sus 65 años se mantenía firme y saludable todavía.

Al comenzar el recorrido para salir del estacionamiento del aeropuerto un policía nos detiene, tenía cara de quien no ha desayunado, fumaba un cigarrillo con bastante prisa, se acerca donde Alfredo y le pide sus papeles, da uno pasos hacia atrás y regresa para pedirle a Alfredo que saliera del vehículo, un calambre se asomó en la boca de mi estómago, como si me hubieran dado un puño. Alfredo se veía tranquilo pero el oficial no, estaba malhumorado, era un hombre afrocubano, joven, alto, con unas manos gruesas y grandes. Con todo y su uniforme se notaba un físico bien trabajado, algo que noté en la mayoría de los afrocubanos que conocí, Alfredo le pide a Elena que salga del Buick, ahí comencé a sudar con todo y que no hacía calor, luego de varios minutos y que el oficial pasara de una actitud retante a una de resignación nos pudimos ir. Luego de conversar con Alfredo y Elena sobre la situación y que ellos me hablaran de lo que eran los servicios de los taxis del estado y los privados (estos son los taxistas que tienen sus propios vehículos y los usan como taxi a manera de trabajo) me dije a mi mismo que estaba con Uber. El camino prosiguió sin ninguna dificultad y tomamos la ruta hacia Cojímar.

Durante el trayecto y viendo todo con una sonrisa de tranquilidad y triunfo veo el primero de los pocos letreros que hacen alusión a la situación cubana. El letrero leía “Bloqueo el genocidio más largo de la historia” y tenía una soga alrededor de Cuba como la que usan los suicidas o los verdugos para los condenados a la horca. En el trayecto todo se me presentaba como una ilusión óptica, yo, con mi celular último modelo retratando todo lo antiguo que me regalaba Cuba.

Así llegamos a Cojímar, una provincia de pescadores y lugar donde Ernest Hemingway se inspiró para escribir una de sus más grandes obras, El viejo y el mar, también donde Fidel Castro se alojó luego del triunfo de la revolución el 1 de enero de 1959.

De esta manera inicio mi Camino en Cuba. Triunfante como el rostro del Che en La Plaza de la Revolución.