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Paraguay: estudiantes vs. corrupción

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Por Julio Fumero *

Asunción- La Universidad Nacional de Asunción (UNA) es la mayor de Paraguay y, al parecer, constituye uno de los más grandes nidos de corrupción en el país, torpedeado hasta sus raíces por la acción de sus propios estudiantes.

¿Cómo comenzó la historia? Aunque era un secreto a voces, el detonante llegó con la publicación de los más importantes actos, cometidos por el mismísimo rector Froilán Peralta, en Última Hora, un diario que se está dedicando a destapar casos de esa índole.

Baste recordar que por sus revelaciones se llevó a sendos juicios políticos al contralor y la contralora de la República, quienes renunciaron cuando ya era inminente la destitución como sentencias de esos procesos.

El trabajo inicial se refería a las acciones de Peralta, de quien señalaba que otorgaba categorías docentes a parientes y amigos, quienes además de no tener los avales para ejercer no se presentaban a sus lugares de supuesta labor y, aún así, cobraban altos salarios.

Beneficiados por el acto de corrupción del funcionario académico aparecían dos secretarias y sus familiares más cercanos como padres y madres, e incluso se mencionó a una chica en edad colegial en un cargo administrativo.

El estallido no se hizo esperar: cientos de estudiantes tomaron literalmente el campus frente a la rectoría para exigir la destitución -o que tuviera al menos la decencia de renunciar- de Peralta, quien de pronto se esfumó.

Días, noches y madrugadas estuvieron los jóvenes apostados en el lugar, en un movimiento que a poco tomó el nombre de #UnaNoTeCalles, al punto que el Ministerio Público se vio obligado a tomar ya abiertamente cartas en el asunto.

Incluso los estudiantes se encargaron de custodiar esa y otras edificaciones de la vasta casa de estudios, tras detectar movimientos sospechosos de funcionarios y agentes de la seguridad privada para penetrar y destruir documentos al parecer comprometedores. Algunos lograron su objetivo, otros no por esa vigilancia de los alumnos, y los fiscales encargados parecían no dar abasto para tanto delito.

De pronto apareció el rector -sobre quien ya pesaba una orden de captura-, divulgó una carta de dimisión, se presentó ante las autoridades y estas lo enviaron a prisión hasta tanto se decida su suerte.

Como dato anecdótico, sacado de los mejores argumentos fílmicos, Peralta adujo un fuerte dolor que presagiaba un infarto cardiaco, pero el resultado de los exámenes médicos en el hospital al cual lo remitieron develó que todo era una farsa para evitar su entrada a la cárcel.

Y como cáncer que corroe las entrañas, éste también hizo metástasis. Con el pasar de las jornadas se fueron destapando más y más casos de corrupción en varias de las 12 facultades de la universidad, todos relacionados con los cobros indebidos de honorarios para familiares y amigos de los implicados con jerarquía de decisión en ese ámbito.

Tanto es así, que ya la Fiscalía Anticorrupción investiga a más de 300 funcionarios y docentes de todas las facultades.

Un botón de muestra lo ofreció, nuevamente, Última Hora: "Solamente en la Facultad de Medicina el fiscal José Dos Santos ya posee una lista de más de 170 médicos y funcionarios que fueron denunciados a través de publicaciones periodísticas, estudiantes y ciudadanos preocupados, por supuestamente cobrar ilícitamente salarios sin prestar realmente servicios a la Facultad o bien sin tener el perfil requerido para el cargo".

Resulta festinado asegurar que la justicia hubiera iniciado por sí sola su accionar en este gran entramado. Lo cierto es que el empuje manifestado por el estudiantado, para demostrar una vez más su incalculable fuerza motriz en cualquier tipo de movimiento social, y todavía más allá.

Para reafirmarlo, sin estar relacionado directamente con la corrupción ni el contexto universitario, el alumnado secundario igualmente definió que debe contarse con él.

En septiembre pasado comenzó a tomar auge una nueva manifestación de descontento en el sector educacional, cuando en el colegio Cristo Rey de la capital sus alumnos empezaron a realizar las llamadas sentatas (sentarse en el suelo y así evitar la impartición de clases), como exigencia a las autoridades de ir hacia un mejoramiento de la calidad de la enseñanza.

Rápidamente se extendió esa modalidad hasta que del mismo plantel partió la iniciativa de efectuar una gran marcha en varias ciudades, una medida de fuerza con resultados inequívocos de éxito y, un detalle considerado histórico, para lo cual se unieron las escuelas públicas y privadas, y más aún, fueron acompañados por profesores y familiares, además de sumarse los universitarios para demostrar su apoyo.

Aunque esa es otra historia, baste decir que el Ministerio de Educación aceptó la propuesta de acudir al diálogo para dar respuesta a las demandas, algo que no fructificó por la negativa oficial a comprometerse por escrito y decir que la solución no está en sus manos por ahora.

La actitud de los representantes de los jóvenes al retirarse abruptamente de la mesa de conversaciones obligó al propio presidente de la República, Horacio Cartes, a acogerlos en el Palacio de Gobierno para recibir a viva voz el pliego de reivindicaciones.

Insatisfechos con las promesas tampoco firmadas, los estudiantes, después de transcurrir el plazo de 48 horas dado al mandatario para hacerlo, volvieron a la carga con sus sentatas y otra gran marcha convocada no fructificó por la inclemencia del tiempo, aunque ellos aseguran que no cejarán en su empeño, o lo que es lo mismo, la lucha continúa.

Como también prosigue en la Universidad Nacional de Asunción y se va extendiendo a otras del país.


*Corresponsal de Prensa Latina en Paraguay.

arb/jf

Crédito foto: Nicolas Raymond, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/)