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Disfrutando la sexualidad, no importa la edad

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altEn las últimas décadas, la humanidad ha experimentado un proceso de cambios importantes. La esperanza de vida del ser humano ha aumentado potencialmente; de tener unas expectativas de vida 35 años en el pasado siglo a vivir hasta en, cerca o más de 100 años. Ciertamente, la prolongación de vida ha sido un gran logro para el ser individual, sin embargo, son cambios con escasos conocimientos de la capacidad fisiológica, moral o social. El envejecimiento no se puede medir en términos biológicos. Hay otros factores que influencian, además de la edad.

Nuestro siglo ha enfocado muchos estudios sobre el área de la actividad sexual en el adulto mayor. La sexualidad, en muchos individuos es un tema que provoca ansiedad puesto que, en su mayoría, viven con unos patrones culturales rígidos sobre este tema que han recibido y transmitido generacionalmente.

La base pragmática en donde nuestra sociedad se rige trae consigo información equívoca sobre lo que debe ser una conducta apropiada en un adulto mayor. Es decir, se ha creado una opinión generalizada de que, después de los 60 años, la actividad sexual de una persona debe desaparecer.

Como parte de los efectos del proceso de envejecimiento sobre la actividad sexual, Master y Johnson señalan varios puntos que debemos tener en cuenta, aparte de los cambios fisiológicos en el hombre y la mujer. La pérdida de interés sexual en el hombre y la mujer llegan progresivamente por la falta de estimulación sexual que provoca la monotonía. El agotamiento físico y psicológico tiene a ser factores que disminuyen el contacto sexual y crean muchos temores y lleva a la pareja a la inactividad sexual.

La experta puertorriqueña y sexóloga, doctora Gloria Mock nos dice: “La sexualidad no es una actividad exclusiva de la juventud. Lo importante es reconocer los cambios que están ocurriendo por la edad, reforzar la comunicación con la pareja y descubrir nuevas formas de expresar el amor.”

Otro factor de relevancia son las enfermedades físicas y mentales que limitan el coito como lo es la diabetes mellitis y la artritis puesto que afectan aspectos como la eyaculación y la movilidad. A su vez, hay medicamentos que afectan el lívido y la potencia sexual. El alcoholismo, por su parte, contribuye a deprimir la función sexual y a demorar la eyaculación.

Las creencias religiosas en algunos grupos sociales pueden ser un freno a la actividad sexual ya que la limitan a su función reproductiva.

Finalmente, expresan Master y Johnson que el “temor al desempeño”, el temor a fallar y el temor a la apariencia física de su cuerpo son conductas que se observan en hombres y mujeres mayores de 60 años y se traducen en un miedo a la realización del acto sexual.

Podemos concluir con este análisis que todo hombre y mujer sobre los 50 años pueden vivir una vida sexualmente saludable si se está libre de estereotipos, prejuicios y tabúes. Esta función sexual que muchas veces se ve afectada por factores externos, puede ser atendida por medio de la prevención, tratamientos de los factores negativos y una educación y comprensión de los cambios fisiológicos de la edad. Teniendo esto en cuenta, la Dra. Gloria Mock ha mantenido un plan activo sobre la educación sexual en nuestra población desde la niñez.