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Los EE.UU. nos vuelven a derrotar, ¿en serio Puerto Rico?

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) El equipo del imperio, el equipo del poder colonial, el equipo del que controla los fondos federales en nuestro país, es decir el equipo de los EE.UU., derrotó anoche a la novena de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol celebrándose en el Dodgers Stadium en Los Ángeles, California. En lo que representó un acto de ejecución decepcionante para el equipo de la isla, el lanzador Marcus Stroman, un afro-descendiente hijo de madre puertorriqueña nacido en la ciudad de Nueva York, le propinó una blanqueada de hits a la selección nacional, permitiendo sólo un hit en todo el partido y una base por bola. El resto es desilusión.

Con marcador final de 8 carreras por 0, la novena de los EE.UU. logró imponer un juego ofensivo con bateadores que literalmente “le cayeron a palos” al equipo de Puerto Rico. Mientras que la labor realizada defensivamente se limitó, realmente hablando, al lanzador Stroman. ÉL hizo su trabajo.

Durante horas previas al juego, El Post Antillano le consultó a nuestro asesor en materia de béisbol, Carlos “Cao” Delgado-Lassalle, quién nos indicó que en “lo emocional, estoy con el equipo de Puerto Rico; pero en el análisis técnico, los EE.UU. deben de ganar, pues recogieron a los mejores guantes de oro y cuarto bates de la liga de béisbol de su país”. Bajo este análisis limpio y mesurado, qué decir, que se impusieron los de los EE.UU.

Ahora bien, en el análisis apasionado, como los comentaristas Severino y Kaats, que transmitieron el juego desde los Ángeles por una estación de televisión local, “el problema del equipo de Puerto Rico es que era muy apasionado, y distinto a de los EE.UU. no se habían concentrado en el juego”. Ante un comentario de clara ascendencia racista, el del norte racional y frio, el del sur un apasionado y desequilibrado, no nos queda más que decir, que el juego de anoche era parte de la larga batalla entre el imperio, el amo, y Puerto Rico, el esclavo. Sí jugamos de forma apasionada. Lo que estaba en juego era desafiar una relación colonial injusta.

Anoche Puerto Rico quería ganar para revertir 118 años de un colonialismo que nos ha dejado en la miseria económica; para negar los abusos cometidos durante la lucha del pueblo de Vieques; para reivindicar el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos; para decirle no a la Junta de Supervisión Fiscal; es más para darle otro contenido ideológico y solidario el color rubio del pelo. Pero nos derrotaron.

Dicho lo anterior, aún nos queda la gloria de que luchamos por siete partidos para llegar a un juego final, el cual perdimos. Pero, vendrán más juegos. La próxima vez, Puerto Rico derrotará al imperio.