Elliot Castro en mi memoria

(San Juan, 5:00 p.m.) Todo lo que han dicho de Elliot Castro, a partir de su fallecimiento el domingo pasado, es cierto. Todo lo que dijeron de él, antes de fallecer también es cierto. Fue, sin lugar a dudas, un tipo extraordinario. Un fajón. Un innovador. Y, sobre todas las cosas, un luchador por la independencia de Puerto Rico. Lo recuerdo en todas sus facetas.

Fue amigo de mi padre. En más de una ocasión lo vi en el hogar de los Nina, a donde vino a alguna actividad que organizaba el antiguo Partido Socialista Puertorriqueño (PSP). Ante ese recuerdo, y si memoria contribuye, siempre lo vi con alegría, con esa sonrisa que siempre lo definió, y sobre todo debatiendo de forma fogosa y contundente. En ese momento, cuando todos y todas nos reclamábamos compañeros y compañeras, Elliot en mi memoria infantil-adolescente se ubicó en mi recuerdo como un tipo solidariamente significativo.

Luego en el devenir de la vida, nos seguimos re-encontrando. A veces a través del deporte. A veces, a través de sus narraciones en todos los formatos. A veces a través de su programa radial del mediodía. Pero muchas veces, simplemente nos encontramos en el festival anual de Claridad o en las villas de el Monte. Siempre alegre, siempre cariñoso, siempre solidario.

Uno de los recuerdos más gratos que guardo de Elliot y la familia Castro, fue en relación a África del Sur, y los viajes que organizaba a dicho país, el querido amigo hoy fenecido, Juan Antonio Franco. Allí conocí y compartí con su hija Elga, lo cual motivó otras conversaciones y encuentros con su padre Elliot.

Así las cosas, se nos fue un baluarte de la buena calidad y excelencia del periodismo deportivo. Pero también se nos fue un luchador, de extracción humilde, de los barrios de Santurce, e incansable luchador de la independencia de Puerto Rico, llamado Elliot Castro. Que descanse en paz. Aché, mucho aché, para Elliot.