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Recordando a Floro Fernández, el cubano, pelear contra Chegui Torres en el 1963

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alt(San Juan, 2:00 p.m.) En la distancia vi al cuerpo del peleador cubano, un gran favorito de los aficionados del boxeo de Puerto Rico, desplazarse por las sogas hacia la mesa de los jueces. No pudo soportar la andanada de golpes del argentino Juan Carlos “Rocky” Rivero.

Yo era niño, y era la primera cartelera de boxeo que presenciaba. El grito vino de la boca de mi tío, un gran fanático del box. A la misma vez, escuché el gran suspiro en unísono del público. Su efecto era el de una gran onda sonora que acompañaba al cuerpo de Fernández en su trayectoria fuera del ring. Fue el último de los tres encuentros con el también inmortal Rocky Rivero, con quien nadie quería pelear por lo mucho que costaba ganarle. Pero Floro, como le decían al cubano, no toreaba a nadie; peleaba con cualquiera. Durante gran parte de su carrera su situación era la misma que la de Rivero. Después de su reyerta con el campeón mundial mediano Gene Fullmer, la que perdió por decisión dividida, ningún campeón le quiso dar una oportunidad. “!Con ese no, que tiene una pegada descomunal”, casi los escucho decir.

Fullmer logro terminar el encuentro a pesar de una fractura de brazo causada por un recto de derecha del cubano.

La pelea se dio a cabo en el Madison Square de Nueva York. ¿Quién se atreve a decir que en los Estados Unidos no hay decisiones localistas?. Los norteamericanos juran que no. Bendito.

Fernández no era ningún simple macetero, al contrario, poseía todas la destrezas de un buen púgil. Pero la gente iba a los parques para verlo noquear. Fue el ejemplo vivo de un rompe huesos que nunca tuvo un título global. De sus 50 triunfos, 43 terminaron por la vía rápida. No he querido decir hasta ahora la fecha del encuentro con Rivero, por eso de camuflagear mi edad. Me voy a sincerar: la pelea con Rivero que presencié fue en el 20 de agosto de 1966. A pesar del tiempo que ha pasado, esta fresquecita en mi mente. El combate tomó lugar en un joven estadio Hiram Bithorn (antes el foro preferido en San Juan para los eventos deportivos era el Parque Sixto Escobar, ahora abandonado y a la merced del salitre del océano Atlántico.

Fernández había derrotado por decisión unánime al argentino en el segundo de los tres reyertas, también celebrada en San Juan.

Al oriundo de La Habana, lo habían traído a Puerto Rico primera vez en 1963 para enfrentarse a quien fuera luego el tercer campeón mundial de Puerto Rico, José “Chegui” Torres. Fue una pelea calculada por los manejadores. Pensaban que ya Fernández estaba de capa caída. Después de todo, Fernández había sido noqueado en el primer asalto por Rubin “Hurricane” Carter, un boxeador norteamericano que tenía suficiente dinamita en las manos para fulminar a un oponente con cualquiera de estas. En realidad, Cárter lo cogió con una recta de derecha en la barbilla en momento de sobre confianza o descuido del cubano: había bajado completamente las manos permitiendo que el brutal golpe lo alcanzara. El manejador de Torres pensó que Florentino, quien ya había peleado con un “Who’s Who” de las categorías welter y medianas, serviría bien a Torres como escalera para una pelea titular en mis pesos medianos.

Lo que paso esa noche de 26 de mayo de 1963 dejó a la fanaticada boricua en estado de shock. Derribo a Chegui en dos ocasiones y gracias a un referí sumamente experimentado que detuvo el combate en el quinto asalto. Chegui fue un gran boxeador, pero su manejador y entrenador, Cus D’Amato, el mismo que hizo a Mike Tyson, lo había llevado muy cuidadosamente, evitando encuentros con boxeadores peligrosos. Mientras tanto, Fernández, a quien conocí años después me dijo que los expertos le exhortaron a no viajar a San Juan porque iba a terminar en la lona. Penosamente, a causa de esta estrepitosa derrota, Torres no gozó del mismo cariño en la fanaticada local que otros grandes peleadores puertorriqueños. Los golpes de Fernández al cuerpo, especialmente los ganchos de izquierda, lo desmerecieron ante el público esa noche , entre ellos mi tío.

Gracias a la magia de YouTube he podido disfrutar varias peleas del gran Floro. Sé que por alguna razón, en el filme viejo no se aprecia igual la pegada de un boxeador. Ni siquiera en mi trayectoria como periodista deportivo, he visto a dos hombres, Rocky y Flor, darse tan duro como esa noche de agosto de 1966.