Mié10182017

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Cultura

Cambio cultural: fin del empleo y la certeza de vida

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Ayer la secretaria de educación, Julia Keleher, como si tomará una taza de té o café, argumentó que si el lunes 23 de octubre no se iniciaban las clases, no podría garantizarles el pago a los maestros del sistema. En otras palabras, que estos quedarían cesanteados de sus puestos. La secretaria lo dijo con tranquilidad.

Esto resuena en un país que tanto los hoteles, algunas universidades y los propios sistemas mediáticos han argumentado que ante la crisis del huracán, los empleos no están garantizados, y los mismos se “suspenden” hasta enero o marzo del 2018. En otras palabras, lo que tenemos que aceptar es que una fuerza mayor, en este caso un huracán, crea la incertidumbre en los cimientos culturales que teníamos. Quiere esto decir, que nuestros entendidos de cómo es la vida, son también “destrozados o devastados” ante el paso de un huracán.

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Puerto Rico: “a oscuras metí la mano…”

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alt(San Juan, 9:00 a. m.) Puerto Rico está a oscuras. Las escuelas, universidades, bibliotecas, teatros lentamente intentan recobrar la normalidad. Una normalidad marcada por la falta de energía eléctrica.

La energía eléctrica y la tecnología han transformado el mundo, pero nada es capaz de sustituir la inventiva humana.

“En mis tiempos la gente se acostaba con las gallinas, al anochecer”, recuerda Ada Quiñones, 76, de Mayagüez. “Vivíamos en el campo. No había muchas opciones para las noches oscuras”.

“Los días eran pura algarabía. Jugábamos incansablemente. Leíamos todo lo que callera en nuestras manos. Soñábamos con países fantásticos”.

Los sueños de los seres humanos han forjado un mundo con comodidades. Sin embargo, cuando esas comodidades desaparecen y nos enfrentamos a situaciones extremas la creatividad del ser humano florece.

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¿Qué nos pasó entre Hugo y María? – el país desde un cuartel de la policía

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) En medio de un accidente de autos, me dirijo a temprana noche a procesar una querella en el cuartel de la policía de Hato Rey. Allí me encuentro con otro de los legados del huracán María, del cual no nos acordamos o no preguntamos.

Llegó al cuartel y el mismo se encuentra a oscuras. Los policías, hombres y mujeres, cerca de 12, con distintos tipos de uniformes, se encuentran descifrando como atajar la noche, la cual, en el turno de 12 horas que les espera, de seis a seis, requiere dar un servicio preventivo y reactivo a la comunidad, así como estar en un cuartel que no tiene nada de luz. Peor aún, un cuartel que no puede recibir querellas telefónicas, porque no tiene teléfono disponible. Como bien me señaló el empleado público que me atendió en el servicio de llamadas 911, era mejor ir físicamente, porque el teléfono no lo atiende. Realmente, es que no sirve el teléfono.

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María, María: nos devuelve a los recuerdos del siglo 20

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(San Juan, 1:00 p.m.) María nos ha vuelto a sumir en la primera mitad del siglo XX. La falta de los servicios esenciales nos ha obligado a recurrir al ingenio que nos ha caracterizado como pueblo desde tiempos inmemorables.

Hemos rebuscado en la memoria aquellos cuentos de los abuelos que guardamos en el baúl de los recuerdos para reinventarnos y poder manejar las situaciones del diario vivir. La falta de electricidad no nos permite lavar y secar ropa en las máquinas modernas, cocinar en las estufas eléctricas ni usar el microondas y mucho menos guardar alimentos refrigerados.

“Gracias a Dios escuché a mi bisabuela cuanto me narraba los cuentos de cómo se lavaba la ropa en la quebrada”, indica Sara Líah Acosta, 20. “Nunca pensé que iba a tener que pasar por una experiencia igual a esta. Lo bueno que sé cómo golpear la ropa para sacarle el sucio”.

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Las pistolas, las filas y la persona

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(San Juan, 11:00 a.m.) El efecto más dramático que ha producido el paso de la tormenta María, lo ha sido la presencia y visibilidad de las armas en Puerto Rico. Hasta antes de la tormenta, pese a todo, en Puerto Rico las armas existían pero de forma solapada. Pese a que hay muchas armas legales, y muchas ilegales, su presencia en el espacio público era muy discreta. A partir de la tormenta, el Puerto Rico inmediato se controla, se gobierna, se dirige desde una vaqueta que sostiene, en muchos casos, una Glock .40, ante la cual, todo el mundo se comporta “civilizadamente”.

Nos han impuesto la cultura de la violencia como forma de mantener el orden social. Hemos recaído en la cultura mediática y narrativa fílmica de una pistola un ciudadano. Ni Quentin Tarantino lo pudo haber hecho tan bien en la película de Njango, o John Wayne en sus infinitas películas sobre el “oeste” colonial de los EE.UU.

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