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La educación, nuestra respuesta nacional a la crisis

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(San Juan, 3:00 p.m.) El sistema educativo debe implementar un proyecto formativo sobre la aportación de los grandes hombres y mujeres puertorriqueños a la cultura nacional, asegura el estudiante de antropología Kevin J. Sánchez González. Además, las efemérides patrias requieren una revisión para ser más inclusivas de la gran diversidad étnico- cultural que compone la sociedad puertorriqueña.

“Durante el pasado cuatrienio se abolieron días feriados de próceres puertorriqueños. Perdimos los días que honraban la memoria de Hostos, Muñoz Rivera, de Diego y Barbosa, pero nunca se desarrolló un proyecto educativo que refuerce la aportación de nuestros grandes hombres y mujeres a la formación de la nación¨.

Puerto Rico tiene unas características propias que lo definen como nación. Es importante que el pueblo este consciente de quienes han sido las personas que han colaborado a gestar la idiosincrasia puertorriqueña a la vez que se fortalece el sentido identitario.

“El desconocimiento de nuestra historia y la denigración constante de quienes somos por la oficialidad requiere de una campaña nacional que nos concientice del gran valor del puertorriqueño y la puertorriqueña como persona, como sociedad y como cultura y nación. No podemos permitir que la desinformación y la propaganda negativa impuesta por terceros defina nuestra puertorriqueñidad”, puntualiza Sánchez González.

El joven añasqueño propone también una reevaluación de la aportación de otras grandes figuras puertorriqueñas que yacen en el olvido.

“Puerto Rico cuenta con grandes figuras que se han destacado en momentos críticos de la historia nacional. Mujeres como Adolfina Villanueva, hombres como Oscar López son solo ejemplo de que existe un pueblo comprometido con sus ideales y que está dispuesto al sacrificio por sus creencias”.

“El país requiere conocerse”, afirma Sánchez González. “El desconocimiento se ha apoderado de la calle robándonos el orgullo patrio, el sentido comunitario, la cohesión de pueblo. Llegó el momento de poner punto final a estos patrones que nos dividen y desasocian en un intento por quebrantarnos y transformarnos en quienes no somos”.

“Es imperativo preservar la libertad, fortalecer la identidad y estimular el pensamiento”, asegura Sánchez González. “Somos un gran pueblo”.

Puerto Rico tiene gente pensante que se atreve a cuestionar y condenar cuando se juega con la libertad.

“La libertad se construye todos los días, no hay ni un segundo en que no se deje de pensaren esa palabra”, asegura el Dr. Félix R. Huertas González, presidente de la Asociación Puertorriqueña de Historiadores.

“Los historiadores del siglo XXI debemos ser provocadores. Sacar del oscurantismo a los puertorriqueños y puertorriqueñas que están siendo influenciados por los medios de comunicación para que no piensen”.

El problema del país reside en la “clase hegemónica que sostenida por el capitalismo ha fomentado una imagen negativa de quienes somos los puertorriqueños”, añade Huertas González. “Los historiadores tenemos que salirnos del carril y ser provocadores de un nuevo pensamiento”.

Ese nuevo pensamiento debe ser sostenido por el conocimiento de la verdadera historia, no la que nos cuentan otros.

“La historia que conocemos es la que nos cuentan otros”, asegura el historiador mayagüezano Luis Santaliz Villabella. “Ahora es que los puertorriqueños estamos investigando y reescribiendo nuestra historia. Una historia narrada por puertorriqueños y puertorriqueñas para una nación ávida de conocimiento y verdad histórica”.

Existen mentiras que se repiten constantemente que se han convertido en verdades para la gran mayoría de los puertorriqueños, asegura el estudiante adjunteño Palacín Andrés Durán Vélez.

“Es imperativo desenmarañar la verdad de nuestra idiosincrasia”, afirma Durán Vélez. “No podemos continuar repitiendo grandes mentiras que avalan el colonialismo y nos sumen en la desesperanza. Ha llegado el momento de la verdad, la hora de descubrir nuestra genialidad como pueblo caribeño”.

El currículo educativo debe ser inclusivo de la gran diversidad que conforma a la nación puertorriqueña.

“Somos un pueblo caribeño con aportaciones de muchas culturas que han encontrado en nuestra nación un terreno fértil donde construir una nueva, la nuestra, hija de todos, pero con su sello único”, asevera Sánchez González.

La experiencia del siglo XXI demuestra una vez más somos una nación pensante, que observamos, para en el momento preciso tomar acción.

“El siglo XXI se despertó a una nueva cultura que reclama ser caribeña, reconoce su negritud y se sostiene sobre tradiciones europeas y taínas. No oculta más a su abuela en la cocina”, añade el futuro antropólogo cultural.

Cuando la oficialidad acepte que el pueblo anda por caminos desasociados a los suyos entonces resolveremos los problemas socioeconómicos que enfrenta el país.

“Nuestros gobernantes se han hecho de la idea de que su mediocridad ronda por las calles del país y no es así”, indica Sánchez. “Puerto Rico piensa, analiza y observa. En su momento dirá como le dijo el jibaro de don Luis Llorens Torres al pitiyanqui, “Njú”, y entonces caerán cabezas y se pondrán sobre picotas”.