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Alfonso Arturo Schomburg y el rescate de la cultura Afro Puertorriqueña

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) La riqueza étnico-cultural puertorriqueña posee una diversidad cargada de fuertes matices subsaharianos. Podemos definir el inicio del siglo XXI como el despertar de los elementos negristas en el complejo arcoíris que forma la cultura puertorriqueña, asegura la gestora cultural Elba Pérez Ortiz.

“Definimos el siglo XX como el de la cultura de la hispanista. Fue el siglo de los ritmos urbanísticos y jíbaros sin descuidar otros aspectos del folklore, pero podemos decir que el siglo XXI es el del rescate de la identidad negra de la cultura”.

La bomba se ha convertido en el baile folclórico por excelencia del país. Proliferan las escuelas de bomba y plena, pero no se enfatiza la aportación del negro a la identidad nacional, asegura la folclorista Mirta Vargas.

“Bailamos bomba y plena, pero desconocemos sus orígenes”, indica Vargas. “No existe conciencia nacional sobre la gesta del negro en la sociedad puertorriqueña. Fuera del Maestro Rafael Cordero y Molina y del Dr. José Celso Barbosa, la negritud de los grandes hombres y mujeres puertorriqueños es ignorado tanto por adultos como jóvenes estudiantes”.

La negritud de don Pedro Albizu Campos, Julia de Burgos, Morel Campos, Juano Hernández, José Campeche, entre otros, es pasada por alto. Los puertorriqueños y puertorriqueñas ignoran las aportaciones del negro a la música, las artes plásticas, la política, la economía, en fin, a todas las áreas de la sociedad y la cultura.

“La identidad nacional no se puede definir sin conocer su negritud”, añade Vargas. “Conocer la diversidad racial y la aportación de todos los grupos étnico-culturales a la formación de la nación son esenciales para fomentar el amor a la Patria y fortalecer la identidad”, puntualiza Vargas.

La aportación de los afrodescendientes puertorriqueños es tan inmensa a la cultura mundial que el padre de la negritud es don Arturo Alfonso Schomburg, un santurcino, comenta Pérez Ortiz.

“Desconocer a Schomburg como afro puertorriqueño es negarnos a nosotros mismos la mayor contribución que ser humano alguno haya hecho por el rescate de la historia y la identidad de todo un continente”, asegura Pérez Ortiz.

“Tristemente su natalicio fue el pasado 24 de enero y nadie se acordó de la efeméride”, dice Vargas.

Arturo Alfonso Schomburg, escritor, activista, investigador, coleccionista y líder independentista puertorriqueño nació en Santurce el 24 de enero de 1874. Fueron sus padres doña María Josefa, negra liberta nacida en Santa Cruz y don Carlos Federico Schomburg, comerciante alemán radicado en Puerto Rico.

“La historia de Schomburg es un ejemplo de superación constante”, asevera Vargas. “Cuando era estudiante de grados primarios en San Juan, un maestro le dijo que los negros no tenían historia, ni héroes, ni logros, en vez de dejarse amilanar por el prejuicio, usó la experiencia como motivación para rescatar la historia del negro”.

“Puerto Rico necesita ahora más que nunca ejemplos como el de Schomburg”, indica Pérez. “Estamos siendo bombardeados constantemente por imágenes negativas. Nos dicen que los puertorriqueños no servimos, que no somos bellos. Schomburg es ejemplo de que somos hermosos y tenemos la capacidad de vencer todo obstáculo”.

Schomburg es ejemplo también para los emigrantes.

“La situación laboral a finales del siglo XIX no era la mejor. Schomburg tuvo que emigrar a Nueva York en 1891 en busca de empleo. Allí se integró a la lucha por la independencia de Puerto Rico”, aquilata Vargas. “Estuvo presente en el momento en que se aprobó la insignia nacional”.

Desilusionado tras la traición de Estados Unidos a la independencia de la Patria y consciente del prejuicio racial imperante, Schomburg se dedicó a la investigación histórica sobre los afrodescendientes.

“En 1911 Schomburg transformó la Logia El Sol de Cuba #38 en la Logia Masónica Prince, en honor del primer afro estadounidense masón y fundó la Sociedad Negra para la Investigación Histórica. Schomburg fue electo presidente de la Academia Negro Americana en 1922”, destaca Vargas.

“Es importante puntualizar que para ese entonces, Schomburg se describía como afro borinqueño. Reafirmaba su amor a la Patria y su origen racial”, añade Pérez.

La reafirmación de su identidad afro puertorriqueña y caribeña se destaca también en el nombre de sus hijos. En su primer matrimonio con Elizabeth Hatcher de Staunton Virginia en 1895 tuvo tres hijos: Máximo Gómez; Arthur Alfonso, Jr. and Kingsley Guarionex Schomburg. Enviudó de Elizabeth en 1900 y se casó en segundas nupcias con Elizabeth Morrow Taylor de Williamsburg, un poblado en el Condado de Rockingham, Carolina del Norte en 1902. En su segundo matrimonio fue el padre de dos varones: Reginald Stanton and Nathaniel José Schomburg.

Schomburg era impresor, nunca pudo obtener un grado universitario debido entre otras cosas a los prejuicios raciales. El sabio logró formar una gran colección de documentos, obras de arte y piezas arqueológicas asociados a África y a su diáspora. Viajó por España, Francia, Alemania en Inglaterra desenmarañando la historia de África. La División de Historia, Grabados y Literatura Negra de la Biblioteca Pública de Nueva York adquirió la colección en 1926. Schomburg fue el curador de la colección hasta 1932. Hoy esa colección se conoce como el Centro de Investigación para la Cultura Negra Schomburg.

Schomburg fue un escritor prolifero. Escribió sobre el Caribe, la herencia cultural africana y su amado Puerto Rico.

“A pesar su activismo en causas afro estadounidenses y ser una de las figuras claves del movimiento africanista conocido como el Renacimiento de Harlem, Schomburg amaba a su Patria”, enfatiza Vargas. “Nunca claudicó en sus ideales independentistas”.

Schomburg falleció el 8 de junio de 1938 en el Hospital Madison Park en Brooklyn. Fue enterrado en la sección Locust Grove del Cementerio Cypress Hill.

El Colegio Universitario Hampshire otorga anualmente una beca al mérito por $30,000 en honor de Schomburg.

“Schomburg es solo uno de los muchos puertorriqueños cuyo legado nos han ocultado”, afirma Vargas. “No podemos continuar negándonos nuestra historia. Ha llegado el momento de explosionar conceptos negativos e imágenes erróneas de nuestra puertorriqueñidad”.

“El que no tiene dinga tiene mandinga y el que no tiene congo tiene carabalí”, afirma Pérez. “Somos un pueblo rico en colores, sabores, olores y ritmos. Somos un pueblo hermoso que está reclamando su esencia para configurar una nueva identidad basada en la verdad de sus raíces africanas, europeas, taínas y asiáticas. Estamos destruyendo paradigmas para configurar nuestra verdad”.

“Puerto Rico está despertando del letargo. Estamos reconstruyendo nuestra histórica, erradicando mentiras y buscando verdades. Este es el siglo del verdadero puertorriqueño”, concluye Vargas.