Mar08222017

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Puerto Rico contemplado a través de la experiencia tapiana en Mis Memorias

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(San Juan, 9:00 a.m.) Puerto Rico atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia moderna. La incertidumbre se ha apoderado de todos los niveles socioeconómicos del país. Sin embargo, esto no es nada nuevo en la historia puertorriqueña, la nación ha experimentado momentos similares en el pasado. El problema radica en que las comunidades nacionales son de memoria corta y la historia es olvidada.

El educador Rubén Emilio Asencio, quien radica desde hace más de dos décadas en Miami, Florida, nos indica que en el libro Mis Memorias de don Alejandro Tapia y Rivera se identifican parámetros similares a los que vive el país en la actualidad.

“No existe mucha diferencia entre la opresión en que estaba sumida la nación puertorriqueña durante la Era Tapiana y la actual en que gobierna el archipiélago una Junta de Control Fiscal”, dice Asencio. “Ambas situaciones afirman las facultades omnímodas de la metrópoli opresora sobre la colonia”.

Tapia condena las facultades omnímodas gubernamentales, la opresión y el ostracismo en que tiene el gobierno sumido a Borikén España.

“Nos dice Tapia en Mis Memorias que en el país debe haber “menos murallones”… “menos de “Yo los mando” cuando se trata del mal y del “Yo no puedo” cuando del bien; esto es, menos omnímodas, impotentes para el bien y potentísimas para toda clase de daños”, señala el educador al puntualizar el pensamiento tapiano.

En tiempos del imperio español Archipiélago Borincano estaba sumido en la miseria.

“Tapia indica que Puerto Rico era “esclavo de las necesidades materiales”, destaca Asencio. “En el siglo XIX los puertorriqueños eran prisioneros de un sistema que les priva de educación y no provee vías de transportación adecuada, “mejores caminos y más escuelas; más luces y menos faroles o faroleros en toda la ínsula…”. El gobierno tiene al país prisionero, esclavo de la ignorancia y de la miseria”, destaca.

Puerto Rico salió de la opresión española, pero ahora se enfrenta a una tercera era de absolutismo, un siglo más de sumisión y aletargamiento.

“Puerto Rico no ha aprendido aun su lección como pueblo”, dice Asencio, “seguimos recibiendo golpes y ordenes en vez de hacernos dueños de nuestro destino. La historia es repetitiva: deterioro de la infraestructura, atentados contra la educación, persecución de las mentes disidentes que no se añangotan y aplauden a la metrópoli y sus acólitos”.

“El siglo decimonónico estuvo cargado de momentos de represión: la libreta, el carimbo, la persecución de abolicionistas, autonomistas, independentistas, educadores, escritores y libres pensadores. El ciclo se repitió bajo Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. La metrópoli del norte le dio al país un leve respiro, como lo hizo también España en su momento, para ahora, luego de desplumarnos, llegar látigo en manos a castigar y exigir el pago de una deuda amañada”.

“Puerto Rico es el experimento fracasado de Estados Unidos”, afirma Asencio. “Intentó lo indecible para agringar el país y no pudo. Ahora pretende vaciar la isla y sus sirvientes intentan volver a implementar la enseñanza en inglés y destruir la Universidad de Puerto Rico. No lo lograrán”.

El gobernador Ricardo Rosselló Nevares anunció recientemente que entre sus planes para lograr la anexión a Estados Unidos está el implementar la enseñanza en inglés sistema de educación pública. La Junta de Control Fiscal a través de sus administradores enfatizó que fue la administración Rosselló quien sugirió el recorte de $400 millones al primer centro docente del país.

“Los anexionistas tampoco aprenden su lección”, dice Asencio. “El concepto de nación está tan arraigado entre los puertorriqueños que la imposición solo conduce a la rebelión, aunque esta sea tan solapada como decir el inglés es difícil”.

“La cultura puertorriqueña es constantemente golpeada por oleadas invasivas e imposiciones de la metrópoli sin embargo, somos más boricuas hoy que hace ochenta años”, asegura.

La cultura es un ente viviente que se modifica sin abandonar los parámetros que la identifican.

“Volvamos a Tapia y su tiempo”, indica Asencio. “La influencia de la cultura francesa en el siglo decimonónico fue muy importante. En Mis Memorias Tapia señala que la moda sanjuanera dependía de la influencia que llegara desde Santo Tomás al cual llama “nuestro Liverpool y nuestro París en esta materia”. Con cierto dejo irónico añade que, la moda era influenciada en gran manera por “cualquier personaje que de Ramos a Pascuas les caía como llovido del cielo”.

El Padre de la Literatura en su obra autobiográfica cuenta que en San Juan hubo un matrimonio, “marqueses emigrados de París”, con un apellido que su pronunciación sonaba a “Pisí” del cual el autor no estaba seguro de su nomenclatura (“no recuerdo la escritura de este nombre”) que se convirtieron en prototipo de la moda. Nos relata Tapia que todo en San Juan era a “a lo Pisí”.

En ese San Juan decimonónico todo lo que era nuevo y quería ponerse de moda se llamó a lo Pisí. Por lo tanto, nos cuenta Tapia que había “botas y zapatos a lo Pisí; pantalones estrechísimos, sombreros ídem y a las ídem, corbatas, chalecos, vestidos de dama, etc. a lo Pisí”. “Paraguas, bastones, corbatines a lo Pisí, y hasta lámparas, mesas, sillas, y auntures a lo Pisí”.

Era tanto el furor causado por lo Pisí que ni la comida se libró del mote, “Ni los comestibles se libraban de este calificativo, pues se hacían pastelones y confituras y hasta guanimes y raspaduras a la Pisí. Aún hoy (1880) he oído designar una clase de pan con este nombre”.

El colmo era tanto que el apelativo también se aplicó a lo que llegaba desde España.

“Nos dice Tapia que “Para terminar con lo de Pisí, debo añadir que mi padre envió desde Málaga a mi madre algunas enormes peinetas de teja y mantillas andaluzas, que sirvieron de norma entre las damas con gran furor y que se apellidaron a lo Pisí; por más que la marquesa de este nombre, que indudablemente no conocía la tierra de María santísima, no ,las hubiera usado jamás, ni habrían dejado de caerle las tales peinetas, por mucha gracia parisiense que la adornaran, como un traje majo al respetable M. Guizot”, añade.

“Tapia es una gran fuente de información sobre los procesos puertorriqueños, la influencia extranjera y como hemos sobrepasado esos intentos de europeizar nuestra identidad. Igualmente ha sucedido con los proceso para americanizarnos. Al final escogemos lo que nos gusta y lo transformamos a nuestro estilo”.

“Somos un pueblo con características únicas. Poseemos una identidad cultural enriquecida por quinientos años de contactos con una gran diversidad de influencias”, indica Asencio. “Nuestro proceso identitario es sólido porque se cementa en lo que escogemos y amoldamos. El pueblo es dueño de sí mismo y está consciente de quienes somos, por eso todos los intentos de cambiarnos han fallado”.

“Tapia conocía la puertorriqueñidad. Poseía una cultura universal profunda, pero separaba lo nuestro de lo extranjero. Estaba orgulloso de ser puertorriqueño, por eso respetaba la aportación de otros siempre y cuando no mancillara lo que nos hace hijos de esta bendita Patria”.

“Los que vivimos en la diáspora sufrimos la Patria. En sus ausencias del país Tapia sobrellevó la lejanía, pero añoraba a su San Juan. Regresó como muchos que planificamos regresar, pero como nosotros el construyó Patria en la distancia. Le enseñamos a nuestros hijos a ser puertorriqueños”.

“Puerto Rico cuenta con hijos e hijas que la aman profundamente. Solo espero que esta vez reaccionemos y rompamos con este ciclo vicioso”.

Alejandro Tapia y Rivera nació en San Juan el 12 de noviembre de 1826, a las 12:00 del mediodía, “en la calle de San Francisco en la casa que lleva hoy, pues entonces aún no lo había, el número 37”.

El prócer está considerado el Padre de la literatura y del teatro puertorriqueño. Tapia, es sin lugar a dudas, una de las personalidades que más influyó en la formación de la identidad nacional. La muerte lo sorprendió el 19 de julio de 1882 mientras se celebraba una sesión en el salón de actos del Ateneo Puertorriqueño de la Junta Directiva de la Sociedad Protectora de la Inteligencia.

Dicha Sociedad Protectora de la Inteligencia tenía la finalidad de costear estudios superiores fuera del país a jóvenes de escasos recursos.

El momento de su muerte es descrito por varios de los presentes en la reunión como inesperado e impactante.

“Cuentan los testigos del fallecimiento del patricio que Tapia pidió la palabra como miembro del jurado examinador de la Sociedad. Hablaba en tono tranquilo cuando, con gesto de dolor, llevó su mano a la frente y murmurando palabras que no pudieron ser percibidas avanzó, contraído, hacia la parte exterior del salón. Allí, en la sala principal del Ateneo, institución de la que fue fundador y mecenas, murió a los 55 años como consecuencia de un derrame cerebral”.

“La pluma más prolífera del siglo XIX, patrono de las artes, gran sustentador de la cultura partió a la eternidad en el corazón de la casa que representaba la identidad nacional y su idiosincrasia”.

“Tapia amaba a Puerto Rico. Tenía un gran compromiso con el bienestar del país. Hoy es un ejemplo que emular. Puerto Rico y el bienestar de nuestra gente debe ser siempre primero. La tiranía nunca nos destruirá. No dudo en nuestra victoria”.


 

(San Juan, 9:00 a.m.) Puerto Rico atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia moderna. La incertidumbre se ha apoderado de todos los niveles socioeconómicos del país. Sin embargo, esto no es nada nuevo en la historia puertorriqueña, la nación ha experimentado momentos similares en el pasado. El problema radica en que las comunidades nacionales son de memoria corta y la historia es olvidada.

 

El educador Rubén Emilio Asencio, quien radica desde hace más de dos décadas en Miami, Florida, nos indica que en el libro Mis Memorias de don Alejandro Tapia y Rivera se identifican parámetros similares a los que vive el país en la actualidad.

 

“No existe mucha diferencia entre la opresión en que estaba sumida la nación puertorriqueña durante la Era Tapiana y la actual en que gobierna el archipiélago una Junta de Control Fiscal”, dice Asencio. “Ambas situaciones afirman las facultades omnímodas de la metrópoli opresora sobre la colonia”.

 

Tapia condena las facultades omnímodas gubernamentales, la opresión y el ostracismo en que tiene el gobierno sumido a Borikén España.

 

“Nos dice Tapia en Mis Memorias que en el país debe haber “menos murallones”… “menos de “Yo los mando” cuando se trata del mal y del “Yo no puedo” cuando del bien; esto es, menos omnímodas, impotentes para el bien y potentísimas para toda clase de daños”, señala el educador al puntualizar el pensamiento tapiano.

 

En tiempos del imperio español Archipiélago Borincano estaba sumido en la miseria.

 

“Tapia indica que Puerto Rico era “esclavo de las necesidades materiales”, destaca Asencio. “En el siglo XIX los puertorriqueños eran prisioneros de un sistema que les priva de educación y no provee vías de transportación adecuada, “mejores caminos y más escuelas; más luces y menos faroles o faroleros en toda la ínsula…”. El gobierno tiene al país prisionero, esclavo de la ignorancia y de la miseria”, destaca.

 

Puerto Rico salió de la opresión española, pero ahora se enfrenta a una tercera era de absolutismo, un siglo más de sumisión y aletargamiento.

 

“Puerto Rico no ha aprendido aun su lección como pueblo”, dice Asencio, “seguimos recibiendo golpes y ordenes en vez de hacernos dueños de nuestro destino. La historia es repetitiva: deterioro de la infraestructura, atentados contra la educación, persecución de las mentes disidentes que no se añangotan y aplauden a la metrópoli y sus acólitos”.

 

“El siglo decimonónico estuvo cargado de momentos de represión: la libreta, el carimbo, la persecución de abolicionistas, autonomistas, independentistas, educadores, escritores y libres pensadores. El ciclo se repitió bajo Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. La metrópoli del norte le dio al país un leve respiro, como lo hizo también España en su momento, para ahora, luego de desplumarnos, llegar látigo en manos a castigar y exigir el pago de una deuda amañada”.

 

“Puerto Rico es el experimento fracasado de Estados Unidos”, afirma Asencio. “Intentó lo indecible para agringar el país y no pudo. Ahora pretende vaciar la isla y sus sirvientes intentan volver a implementar la enseñanza en inglés y destruir la Universidad de Puerto Rico. No lo lograrán”.

 

El gobernador Ricardo Rosselló Nevares anunció recientemente que entre sus planes para lograr la anexión a Estados Unidos está el implementar la enseñanza en inglés sistema de educación pública. La Junta de Control Fiscal a través de sus administradores enfatizó que fue la administración Rosselló quien sugirió el recorte de $400 millones al primer centro docente del país.

 

“Los anexionistas tampoco aprenden su lección”, dice Asencio. “El concepto de nación está tan arraigado entre los puertorriqueños que la imposición solo conduce a la rebelión, aunque esta sea tan solapada como decir el inglés es difícil”.

 

“La cultura puertorriqueña es constantemente golpeada por oleadas invasivas e imposiciones de la metrópoli sin embargo, somos más boricuas hoy que hace ochenta años”, asegura.

 

La cultura es un ente viviente que se modifica sin abandonar los parámetros que la identifican.

 

“Volvamos a Tapia y su tiempo”, indica Asencio. “La influencia de la cultura francesa en el siglo decimonónico fue muy importante. En Mis Memorias Tapia señala que la moda sanjuanera dependía de la influencia que llegara desde Santo Tomás al cual llama “nuestro Liverpool y nuestro París en esta materia”. Con cierto dejo irónico añade que, la moda era influenciada en gran manera por “cualquier personaje que de Ramos a Pascuas les caía como llovido del cielo”.

 

El Padre de la Literatura en su obra autobiográfica cuenta que en San Juan hubo un matrimonio, “marqueses emigrados de París”, con un apellido que su pronunciación sonaba a “Pisí” del cual el autor no estaba seguro de su nomenclatura (“no recuerdo la escritura de este nombre”) que se convirtieron en prototipo de la moda. Nos relata Tapia que todo en San Juan era a “a lo Pisí”.

 

En ese San Juan decimonónico todo lo que era nuevo y quería ponerse de moda se llamó a lo Pisí. Por lo tanto, nos cuenta Tapia que había “botas y zapatos a lo Pisí; pantalones estrechísimos, sombreros ídem y a las ídem, corbatas, chalecos, vestidos de dama, etc. a lo Pisí”. “Paraguas, bastones, corbatines a lo Pisí, y hasta lámparas, mesas, sillas, y auntures a lo Pisí”.

 

Era tanto el furor causado por lo Pisí que ni la comida se libró del mote, “Ni los comestibles se libraban de este calificativo, pues se hacían pastelones y confituras y hasta guanimes y raspaduras a la Pisí. Aún hoy (1880) he oído designar una clase de pan con este nombre”.

 

El colmo era tanto que el apelativo también se aplicó a lo que llegaba desde España.

 

“Nos dice Tapia que “Para terminar con lo de Pisí, debo añadir que mi padre envió desde Málaga a mi madre algunas enormes peinetas de teja y mantillas andaluzas, que sirvieron de norma entre las damas con gran furor y que se apellidaron a lo Pisí; por más que la marquesa de este nombre, que indudablemente no conocía la tierra de María santísima, no ,las hubiera usado jamás, ni habrían dejado de caerle las tales peinetas, por mucha gracia parisiense que la adornaran, como un traje majo al respetable M. Guizot”, añade.

 

“Tapia es una gran fuente de información sobre los procesos puertorriqueños, la influencia extranjera y como hemos sobrepasado esos intentos de europeizar nuestra identidad. Igualmente ha sucedido con los proceso para americanizarnos. Al final escogemos lo que nos gusta y lo transformamos a nuestro estilo”.

 

“Somos un pueblo con características únicas. Poseemos una identidad cultural enriquecida por quinientos años de contactos con una gran diversidad de influencias”, indica Asencio. “Nuestro proceso identitario es sólido porque se cementa en lo que escogemos y amoldamos. El pueblo es dueño de sí mismo y está consciente de quienes somos, por eso todos los intentos de cambiarnos han fallado”.

 

“Tapia conocía la puertorriqueñidad. Poseía una cultura universal profunda, pero separaba lo nuestro de lo extranjero. Estaba orgulloso de ser puertorriqueño, por eso respetaba la aportación de otros siempre y cuando no mancillara lo que nos hace hijos de esta bendita Patria”.

 

“Los que vivimos en la diáspora sufrimos la Patria. En sus ausencias del país Tapia sobrellevó la lejanía, pero añoraba a su San Juan. Regresó como muchos que planificamos regresar, pero como nosotros el construyó Patria en la distancia. Le enseñamos a nuestros hijos a ser puertorriqueños”.

 

“Puerto Rico cuenta con hijos e hijas que la aman profundamente. Solo espero que esta vez reaccionemos y rompamos con este ciclo vicioso”.

 

Alejandro Tapia y Rivera nació en San Juan el 12 de noviembre de 1826, a las 12:00 del mediodía, “en la calle de San Francisco en la casa que lleva hoy, pues entonces aún no lo había, el número 37”.

 

El prócer está considerado el Padre de la literatura y del teatro puertorriqueño. Tapia, es sin lugar a dudas, una de las personalidades que más influyó en la formación de la identidad nacional. La muerte lo sorprendió el 19 de julio de 1882 mientras se celebraba una sesión en el salón de actos del Ateneo Puertorriqueño de la Junta Directiva de la Sociedad Protectora de la Inteligencia.

 

Dicha Sociedad Protectora de la Inteligencia tenía la finalidad de costear estudios superiores fuera del país a jóvenes de escasos recursos.

 

El momento de su muerte es descrito por varios de los presentes en la reunión como inesperado e impactante.

 

“Cuentan los testigos del fallecimiento del patricio que Tapia pidió la palabra como miembro del jurado examinador de la Sociedad. Hablaba en tono tranquilo cuando, con gesto de dolor, llevó su mano a la frente y murmurando palabras que no pudieron ser percibidas avanzó, contraído, hacia la parte exterior del salón. Allí, en la sala principal del Ateneo, institución de la que fue fundador y mecenas, murió a los 55 años como consecuencia de un derrame cerebral”.

 

“La pluma más prolífera del siglo XIX, patrono de las artes, gran sustentador de la cultura partió a la eternidad en el corazón de la casa que representaba la identidad nacional y su idiosincrasia”.

 

“Tapia amaba a Puerto Rico. Tenía un gran compromiso con el bienestar del país. Hoy es un ejemplo que emular. Puerto Rico y el bienestar de nuestra gente debe ser siempre primero. La tiranía nunca nos destruirá. No dudo en nuestra victoria”.

 

 

(San Juan, 9:00 a.m.) Puerto Rico atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia moderna. La incertidumbre se ha apoderado de todos los niveles socioeconómicos del país. Sin embargo, esto no es nada nuevo en la historia puertorriqueña, la nación ha experimentado momentos similares en el pasado. El problema radica en que las comunidades nacionales son de memoria corta y la historia es olvidada.

 

El educador Rubén Emilio Asencio, quien radica desde hace más de dos décadas en Miami, Florida, nos indica que en el libro Mis Memorias de don Alejandro Tapia y Rivera se identifican parámetros similares a los que vive el país en la actualidad.

 

“No existe mucha diferencia entre la opresión en que estaba sumida la nación puertorriqueña durante la Era Tapiana y la actual en que gobierna el archipiélago una Junta de Control Fiscal”, dice Asencio. “Ambas situaciones afirman las facultades omnímodas de la metrópoli opresora sobre la colonia”.

 

Tapia condena las facultades omnímodas gubernamentales, la opresión y el ostracismo en que tiene el gobierno sumido a Borikén España.

 

“Nos dice Tapia en Mis Memorias que en el país debe haber “menos murallones”… “menos de “Yo los mando” cuando se trata del mal y del “Yo no puedo” cuando del bien; esto es, menos omnímodas, impotentes para el bien y potentísimas para toda clase de daños”, señala el educador al puntualizar el pensamiento tapiano.

 

En tiempos del imperio español Archipiélago Borincano estaba sumido en la miseria.

 

“Tapia indica que Puerto Rico era “esclavo de las necesidades materiales”, destaca Asencio. “En el siglo XIX los puertorriqueños eran prisioneros de un sistema que les priva de educación y no provee vías de transportación adecuada, “mejores caminos y más escuelas; más luces y menos faroles o faroleros en toda la ínsula…”. El gobierno tiene al país prisionero, esclavo de la ignorancia y de la miseria”, destaca.

 

Puerto Rico salió de la opresión española, pero ahora se enfrenta a una tercera era de absolutismo, un siglo más de sumisión y aletargamiento.

 

“Puerto Rico no ha aprendido aun su lección como pueblo”, dice Asencio, “seguimos recibiendo golpes y ordenes en vez de hacernos dueños de nuestro destino. La historia es repetitiva: deterioro de la infraestructura, atentados contra la educación, persecución de las mentes disidentes que no se añangotan y aplauden a la metrópoli y sus acólitos”.

 

“El siglo decimonónico estuvo cargado de momentos de represión: la libreta, el carimbo, la persecución de abolicionistas, autonomistas, independentistas, educadores, escritores y libres pensadores. El ciclo se repitió bajo Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. La metrópoli del norte le dio al país un leve respiro, como lo hizo también España en su momento, para ahora, luego de desplumarnos, llegar látigo en manos a castigar y exigir el pago de una deuda amañada”.

 

“Puerto Rico es el experimento fracasado de Estados Unidos”, afirma Asencio. “Intentó lo indecible para agringar el país y no pudo. Ahora pretende vaciar la isla y sus sirvientes intentan volver a implementar la enseñanza en inglés y destruir la Universidad de Puerto Rico. No lo lograrán”.

 

El gobernador Ricardo Rosselló Nevares anunció recientemente que entre sus planes para lograr la anexión a Estados Unidos está el implementar la enseñanza en inglés sistema de educación pública. La Junta de Control Fiscal a través de sus administradores enfatizó que fue la administración Rosselló quien sugirió el recorte de $400 millones al primer centro docente del país.

 

“Los anexionistas tampoco aprenden su lección”, dice Asencio. “El concepto de nación está tan arraigado entre los puertorriqueños que la imposición solo conduce a la rebelión, aunque esta sea tan solapada como decir el inglés es difícil”.

 

“La cultura puertorriqueña es constantemente golpeada por oleadas invasivas e imposiciones de la metrópoli sin embargo, somos más boricuas hoy que hace ochenta años”, asegura.

 

La cultura es un ente viviente que se modifica sin abandonar los parámetros que la identifican.

 

“Volvamos a Tapia y su tiempo”, indica Asencio. “La influencia de la cultura francesa en el siglo decimonónico fue muy importante. En Mis Memorias Tapia señala que la moda sanjuanera dependía de la influencia que llegara desde Santo Tomás al cual llama “nuestro Liverpool y nuestro París en esta materia”. Con cierto dejo irónico añade que, la moda era influenciada en gran manera por “cualquier personaje que de Ramos a Pascuas les caía como llovido del cielo”.

 

El Padre de la Literatura en su obra autobiográfica cuenta que en San Juan hubo un matrimonio, “marqueses emigrados de París”, con un apellido que su pronunciación sonaba a “Pisí” del cual el autor no estaba seguro de su nomenclatura (“no recuerdo la escritura de este nombre”) que se convirtieron en prototipo de la moda. Nos relata Tapia que todo en San Juan era a “a lo Pisí”.

 

En ese San Juan decimonónico todo lo que era nuevo y quería ponerse de moda se llamó a lo Pisí. Por lo tanto, nos cuenta Tapia que había “botas y zapatos a lo Pisí; pantalones estrechísimos, sombreros ídem y a las ídem, corbatas, chalecos, vestidos de dama, etc. a lo Pisí”. “Paraguas, bastones, corbatines a lo Pisí, y hasta lámparas, mesas, sillas, y auntures a lo Pisí”.

 

Era tanto el furor causado por lo Pisí que ni la comida se libró del mote, “Ni los comestibles se libraban de este calificativo, pues se hacían pastelones y confituras y hasta guanimes y raspaduras a la Pisí. Aún hoy (1880) he oído designar una clase de pan con este nombre”.

 

El colmo era tanto que el apelativo también se aplicó a lo que llegaba desde España.

 

“Nos dice Tapia que “Para terminar con lo de Pisí, debo añadir que mi padre envió desde Málaga a mi madre algunas enormes peinetas de teja y mantillas andaluzas, que sirvieron de norma entre las damas con gran furor y que se apellidaron a lo Pisí; por más que la marquesa de este nombre, que indudablemente no conocía la tierra de María santísima, no ,las hubiera usado jamás, ni habrían dejado de caerle las tales peinetas, por mucha gracia parisiense que la adornaran, como un traje majo al respetable M. Guizot”, añade.

 

“Tapia es una gran fuente de información sobre los procesos puertorriqueños, la influencia extranjera y como hemos sobrepasado esos intentos de europeizar nuestra identidad. Igualmente ha sucedido con los proceso para americanizarnos. Al final escogemos lo que nos gusta y lo transformamos a nuestro estilo”.

 

“Somos un pueblo con características únicas. Poseemos una identidad cultural enriquecida por quinientos años de contactos con una gran diversidad de influencias”, indica Asencio. “Nuestro proceso identitario es sólido porque se cementa en lo que escogemos y amoldamos. El pueblo es dueño de sí mismo y está consciente de quienes somos, por eso todos los intentos de cambiarnos han fallado”.

 

“Tapia conocía la puertorriqueñidad. Poseía una cultura universal profunda, pero separaba lo nuestro de lo extranjero. Estaba orgulloso de ser puertorriqueño, por eso respetaba la aportación de otros siempre y cuando no mancillara lo que nos hace hijos de esta bendita Patria”.

 

“Los que vivimos en la diáspora sufrimos la Patria. En sus ausencias del país Tapia sobrellevó la lejanía, pero añoraba a su San Juan. Regresó como muchos que planificamos regresar, pero como nosotros el construyó Patria en la distancia. Le enseñamos a nuestros hijos a ser puertorriqueños”.

 

“Puerto Rico cuenta con hijos e hijas que la aman profundamente. Solo espero que esta vez reaccionemos y rompamos con este ciclo vicioso”.

 

Alejandro Tapia y Rivera nació en San Juan el 12 de noviembre de 1826, a las 12:00 del mediodía, “en la calle de San Francisco en la casa que lleva hoy, pues entonces aún no lo había, el número 37”.

 

El prócer está considerado el Padre de la literatura y del teatro puertorriqueño. Tapia, es sin lugar a dudas, una de las personalidades que más influyó en la formación de la identidad nacional. La muerte lo sorprendió el 19 de julio de 1882 mientras se celebraba una sesión en el salón de actos del Ateneo Puertorriqueño de la Junta Directiva de la Sociedad Protectora de la Inteligencia.

 

Dicha Sociedad Protectora de la Inteligencia tenía la finalidad de costear estudios superiores fuera del país a jóvenes de escasos recursos.

 

El momento de su muerte es descrito por varios de los presentes en la reunión como inesperado e impactante.

 

“Cuentan los testigos del fallecimiento del patricio que Tapia pidió la palabra como miembro del jurado examinador de la Sociedad. Hablaba en tono tranquilo cuando, con gesto de dolor, llevó su mano a la frente y murmurando palabras que no pudieron ser percibidas avanzó, contraído, hacia la parte exterior del salón. Allí, en la sala principal del Ateneo, institución de la que fue fundador y mecenas, murió a los 55 años como consecuencia de un derrame cerebral”.

 

“La pluma más prolífera del siglo XIX, patrono de las artes, gran sustentador de la cultura partió a la eternidad en el corazón de la casa que representaba la identidad nacional y su idiosincrasia”.

 

“Tapia amaba a Puerto Rico. Tenía un gran compromiso con el bienestar del país. Hoy es un ejemplo que emular. Puerto Rico y el bienestar de nuestra gente debe ser siempre primero. La tiranía nunca nos destruirá. No dudo en nuestra victoria”.