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Serie Especial: Viaje a República Dominicana, “Los museos son la conciencia de la nación”

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) “La conservación de los museos es responsabilidad del estado”, afirma el historiador dominicano Manuel García Arévalo. “Solo el estado cuenta con los recursos suficientes para mantener operando los testigos de la memoria de los pueblos. Es misión del estado mantener vivo el patrimonio de los pueblos”.

Con esa afirmación recibió el afamado investigador y empresario al grupo de estudiantes del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC) que visitaron la Sala de Arte Prehispánico de la Fundación García Arévalo en Santo Domingo.

“Los museos son la conciencia de la nación. Sin museos no tenemos memoria, se nos olvida el pasado porque la observación es parte integral de la historia. Los museos son documentos tridimensionales de la existencia de un pueblo”.

“La arqueología, la antropología y la historia son hermanas unidas por el mismo principio que es mantener la memoria”, añade.

La memoria como señala García Arévalo es esencial para la historia, porque es en la documentación de los hechos donde se guarda la información que constituirán las fuentes de la que se nutrirá el acervo de las próximas generaciones.

Contrario a lo que está ocurriendo en Puerto Rico donde el estado está cerrando los museos por falta de recursos en República Dominicana existe un florecimiento de la museología en todos sus niveles, desde la museografía tradicional hasta la que posee la tecnología más revolucionaria.

Pero hagamos un detente. Es importante para la memoria destacar que para llegar a escuchar las sabias palabras de Manuel García Arévalo no fue fácil. Es más, podemos insinuar que fue toda una experiencia antropológico-arqueológica.

Todos sabemos y no nos queda duda, que las investigaciones arqueológicas siempre son accidentadas. Escudriñar la tierra en busca de restos arqueológicos es una acción compleja y detallada. La recompensa puede llegar a ser una experiencia inolvidable. Si lo dudan, pregúntenle a Indiana Jones.

Llegar a la Sala de Arte Prehispánico de la Fundación, una joya museológica, estuvo llena de incidencias antropológicas y arqueológicas.

Semana Santa en la República Dominicana es un periodo de mucho ajetreo religioso y laico. Abundan elementos antropológicos como lo son las procesiones, los tranques de tráfico creados por los escapistas de la vida urbana en busca del solaz playero o montaraz y los despistes de los conductores de taxis. En fin, para alguien que no sea caribeño, la experiencia puede resultar apocalíptica, pero única e irrepetible.

Hospedados en el Hotel Conde de Peñalba, a un costado del Parque Colón y de la Catedral Primada, el grupo vivió la intensidad de la religiosidad dominicana. El Domingo de Ramos se observó la marcha solemne de la procesión de las ramas. Unos doscientos individuos, integrantes de la Cofradía de los Soldados Romanos, cargaron en andas una imagen de Jesucristo montado sobre un burro. El anda era de plata y los cofrades vestían con el uniforme de gala de una legión romana. Una orquesta con trompetas e instrumentos de la época romana cerraba la procesión. Cecil B. DeMille los hubiese contratado inmediatamente para filmar una nueva versión del “Rey de Reyes”.

Ese domingo también se hizo un recorrido por la Zona Colonial y se iniciaron las visitas a los museos de la capital quisqueyana. El lunes se visitó la catedral, incluyendo las estructuras que la integran y varios museos. El martes se presentó complicado porque se llevaron a cabo visitas a la Fundación García Arévalo, el Archivo Nacional, los Museos de la Moneda, Numismática y la Biblioteca del Banco Central y la Escuela de Diplomacia en la Cancillería de Relaciones Exteriores.

Ese martes partimos temprano. Los bocinazos fueron la orden del día. El tranque matutino de Santo Domingo es similar a la de cualquier otra gran ciudad. Empero esta ciudad tropical cuenta con el mar Caribe y unas edificaciones monumentales a lo largo de la Avenida George Washington que atenúan lo estresante del momento. Sin embargo, cuando el taxista te lleva al lugar equivocado, como que se te sube la emoción y te baja la fragancia.

El Dr. Ignacio Olazagasti, con su carácter carismático- sapiencial- educativo, le explicó al chofer de la guagua que la Sala no estaba en la Cervecera Nacional sino en la antigua Embotelladora (tal vez hubo un mensaje subliminal que pasamos por alto). El joven de unas veintiuna primaveras sacó su “GPS”, pero antes de que el instrumento le diera su información, su jefe se las indicó.

Al llegar a la sala, retrasados, pensamos que habíamos perdido la cita. Sin embargo, nos esperaba una aventura que ni el Jones ha experimentado.

Y retomando nuestra crónica, es en ese momento en que el grupo del CEAPRC conoció a Manuel García Arévalo, empresario, investigador e historiador.

Hombre de sonrisa amplia y sincera, García Arévalo narró su fascinante historia y la intensa relación de aprendizaje, camaradería y profesionalismo que lo unió al Dr. Ricardo Alegría, fundador del CEAPRC, del Museo de las Américas, del Instituto de Cultura Puertorriqueña y Padre de la Cultura Nacional Puertorriqueña en el siglo XX.

Durante los turbulentos años 1960, García Arévalo, siendo un adolescente, inició su vida como arqueólogo y protector del patrimonio arqueológico dominicano. República Dominicana salía de una dictadura, de la guerra fratricida de 1965 y se adentraba en la penumbra de los doce años de Balaguer. García Arévalo, siendo aún un adolescente, pero ya muy orgulloso de su acervo histórico-cultural, publicó en 1967 un artículo denunciando los saqueos de los yacimientos arqueológicos. Exigía respeto por el patrimonio de los primeros pobladores de su nación.

Manolito, como lo conocen sus íntimos, convenció a su familia para que estableciera una fundación para conservar el patrimonio arqueológico de la República Dominicana. La Fundación García Arévalo fue fundada en 1971 por un grupo de empresarios y profesionales para implementar un proyecto con fines arqueológicos, culturales, históricos y folclóricos.

La Fundación estableció en 1973 la museografía de la Sala de Arte Prehispánico con fines didácticos y museológicos. “No la hemos cambiado desde entonces. Se han manteniendo unos parámetros claros y la información se pone al día según avanzan las investigaciones”.

La Sala reúne piezas impresionantes de todas las culturas precolombinas que habitaron el territorio de La Española. La museografía diferencia los periodos por colores en los paños sobre los que se montan los objetos, permitiendo una evolución fácil y coherente.

“La colección García Arévalo es espectacular”, exclamó Daisy Vega. “Cubre las costumbres, prácticas religiosas y funerarias de los pueblos aborígenes”.

“Nunca había visto los objetos decorativos utilizados por los arahuacos”, dijo emocionada Zaimy Rodríguez Sánchez. “Es una colección muy compleja y las explicaciones son de fácil interpretación.

García Arévalo inició un conversatorio con los estudiantes narrando experiencias que vivió con don Ricardo Alegría.

“Don Ricardo era un profundo conocedor de los pueblos caribeños. Hicimos un viaje a la Amazonía venezolana para rescatar entre los tribus arahuacas objetos perecederos, como la cestería, para profundizar en el estudio de la cultura e interpretar el uso de ellos según las describen los cronistas”.

El historiador demuestra el orgullo que siente por la colección. Se muestra apasionado según va describiendo las piezas, su uso y simbología.

“Los arcaicos eran poseedores de una cerámica artística muy adelantada que se pierde con las nuevas olas migratorias. Los objetos en cerámica, piedra y madera demuestran que los aborígenes alcanzaron un asombroso grado de simetría, armonía de la forma y la ornamentación”.

Entre los objetos expuestos están las caritas con que se adornaban los taínos. Hace alusión a la descripción que plasmó el almirante Cristóbal Colón sobre ellas en su diario.

“Colón fue un gran relacionista público. Había ofrecido fastuosidades que no encontró, así que exageró las descripciones de los objetos que encontró. Recordemos que los adornos de los taínos no eran hechos con oro fundido, técnica que desconocían”.

“Empero deben entender que encontrarse en cacique adornado con plumas de colores debió ser impresionante. Solo miren los colores de las plumas”.

Entre los objetos expuestos se encuentran cemíes, dúhos de madera para la ceremonia de la cohoba, amuletos, adornos corporales, hachas, guayos y piezas de cerámica.

Explica el investigador que los trigonolitos o cemíes triangulares son aracterísticos solo de Puerto Rico y el oriente de La Española. “En el resto de La Española los cemiés son rostros humanos o de animales”.

Destaca la relación de los taínos con los ancestros y la importancia que le daban a los búhos o múcaros y a los murciélagos, animales asociados al inframundo taíno.

Plantea el historiador que es importante una reunión de arqueólogos y antropólogos de la cuenca del Caribe para examinar los últimos descubrimientos y establecer una nomenclatura aplicable a toda la región.

“Existe una nueva generación de arqueólogos que están cambiando las nomenclaturas establecidas por la generación del cincuenta, entre ellos el Dr. Alegría. Es importante que estemos claros sobre la terminología para no caer en la duplicidad. La unidad caribeña sobre los periodos históricos es una prioridad”, puntualiza García Arévalo.

Al concluir su exposición García Arévalo indica que su colección pasará a formar parte del museo que se abrirá próximamente en Punta Cana.

Manuel Antonio García Arévalo nació en Santo Domingo en 1948. Es empresario, historiador, escritor, fue Ministro de Industria y Comercio de la República Dominicana del gobierno de Leonel Fernández (2008-2012) y es miembro en la actualidad de la Junta Monetaria del Banco Central de la República Dominicana. Fue presidente ejecutivo de Embotelladora Dominicana (Productores de Pepsi y sus derivados) y ha desempeñado posiciones directivas en la Asociación de Industrias de la República Dominicana y la Asociación de Industrias de Bebidas Gaseosas. Fue miembro del Consejo Directivo del Banco de Reservas, miembro de la Junta Monetaria del Banco Central de la República Dominicana y de la Oficina de Patrimonio Cultural. En la actualidad ayuda a sus hijos en la administración de la firma de efectos de oficina Office Depot Dominicano.

García Arévalo estudió Administración de Empresas en la Universidad APEC (Universidad Acción Pro Educación y Cultura) e idiomas en Universidad de Míchigan en Estados Unidos. Obtuvo una licenciatura en Historia, en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD) y estudió diversos cursos especializados en Arqueología y Antropología en otras instituciones académicas.