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Gitanos del romancero en el Victoria Espinosa de Santurce

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(San Juan, 11:00 a.m.) Durante este pasado fin de semana en la Sala Victoria Espinosa del Teatro Francisco Arriví en Santurce, un cante jondo traspiraba la cercanía de una poesía esencial en la rúbrica de Federico García Lorca; su obra poética y teatral son uno de los referentes más importantes de la historia de la literatura universal. Por este motivo, el Romancero Gitano es una de las obras más representativas de la época porque funde a la perfección tradición y vanguardia. Fue escrita entre 1924 y 1927 y publicada en 1928 en la editorial Revista de Occidente con gran éxito popular.

Ya venciendo el tiempo, este poemario ha tocado millones de almas, y ha inspirado, innumerables montajes donde espejo tras espejo, tras la gran luna, se va leyendo el mapa íntimo del alma gitana, que, Federico fue bordando entre visiones, de amor, soledad, frío, abandono pero que a su vez nos brinda el mensaje más humano de un grupo marginado, no por más emblemático y en flor de leyenda.

‘’Gitanos del romancero’’ es un montaje de danza y teatro donde el flamenco y sus manifiestos nos brindan ese mosaico entre nostalgia y maravilla, ese lenguaje que solo una gran coreografía es capaz de transcribir al público, que para Federico es la casa iluminada del artista. Este montaje dirigido por Roberto Ramos Perea, director de excelencia, dramaturgo de excelencia, y con una vivaz coreografía de Antonio Santaella, hijo de Valderrubio, Granada, donde Lorca cortaba en nocturnidad las imágenes de sus obras máximas “La casa de Bernarda Alba” o un “Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín” Antonio, magistral, en esa soledad creadora junto su cuerpo de baile, poema tras poema nos fue llevando a la voz de Lorca, en esos días donde el romancero se fue fundiendo a la historia, a la vida sobre vida, y a la muerte como suelo de milagro a otra vida más inmensa, desde la palabra.

Y junto a este luminoso cuerpo de baile, dos actores, Pedro Orlando Torres e Ivonne Goderich; dos hemisferios que dialogan en una naturaleza hecha a su creación apartada de los tiempos y los nombres; La Gitana, interpretada por Goderich, y Federico bajo la versión actoral de Pedro Orlando, saben su oficio y lo deslumbran y donde el espectador, se va acercando tanto al perfil de todo este baile poesía que se hace parte de él.