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Oscar López Rivera, excarcelado

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"Harían bien en leer a Fanon,

porque muestra claramente que esta violencia irreprensible

no es ni ruido sin sentido ni la resurrección del espíritu salvaje,

ni siquiera el producto del resentimiento: es el hombre recreándose a sí mismo

no hay acto de ternura que pueda borrar las marcas de la violencia,

sólo la violencia misma puede destruirlas".

Jean Paul Sartre

Prólogo a Los Condenados de la tierra

(San Juan, 1:00 p.m.) Libre al fin. Un condenado desprendido del resto de la tierra. Una manera de hablar libertad y en ella, la orilla nueva, tal vez inesperada, súbita, con otro calendario, como destino. Oscar López Rivera sonríe a su amada patria-la que pocos queremos amar, e insistimos en lucharla-y alza, vestido de negro, sus brazos en señal de victoria, sabiéndose territorio inconcluso. Mientras Oscar, excarcelado, nos brinda su luz tallada hacia el futuro, el otro lado de Puerto Rico pesa tanto de estar irremisible. Pero una vez creo que Franz Fanon dejó claro que el colonialismo es una violencia, una máscara, un relato sobre la cordura de lo inútil. Oscar, brinda su gran libertad a los esclavos, los invita a luchar, a amar la tierra donde pisan, a fijarse, alma adentro, los aromas del terruño.

Oscar llega a un Puerto Rico hace ya mucho tiempo abandonado desde su menguada geografía-en el eco de Abelardo Díaz Alfaro-un Puerto Rico inflado de americanismo en falsos valores y en materia, en prácticas mediáticas, mala televisión, periodistas prostituidos, analistos políticos, no, queda ya muy lejos ese Puerto Rico amanecido en el himno de Lola Rodríguez de Tió. Vamos, que ni gobierno tenemos mi amado Oscar, excarcelado. Somos una cárcel, una violencia que sube y baja en el carrusel de la manipulación ya digámosle totalitaria. Llega Oscar con su alma y sonrisa noble a brindarnos sus pensamientos, filosofía y fuerza para este pueblo máximo de esclavitud y violencia. Llega Oscar, con una Universidad de Puerto Rico cerrada, gracias a un anuncio de demolición por la soberanísima Junta de Control Fiscal, y sus recortes en buena “mansedumbre” hechos para salvar el país, hacerlo más fuerte, resucitarlo, aun sin el llamado de Lázaro. Allí los portones cerrados, y una generación de jóvenes que hacen a sol y sombra una revolución, aunque no le guste a los comentaristas de moda, haciendo fama y rating de una patria en ruinas, acto más de canallas, que de conscientes. Oh, perdón, los americanos se van llevando las limosnas, amado Oscar, las becas, los fondillos federales, el marullo de la bonanza, digo, si acaso en esta bella colonia se le puede llamar esperanza.

Oscar, entra a un Puerto Rico de tumultos, donde en la televisión se reseñan talleres para niños sobre cómo manejar armas de fuego y disparar, a la usanza USA, mientras por esta violencia del coloniaje, se nos niega y queda secuestrada una Hispanoamérica de la cual podemos aprender tanto, de sus procesos, su literatura, sus ancestros. Oscar nos comparte su libertad, a los que no tenemos nada, tan fieles a ser los modernísimos condenados de la tierra. Oscar nos comparte su sabiduría, yo, la recibo, ¿y el resto? no, no nos ilusionemos, ya hay una buena banda de mequetrefes hablando de Oscar asesino, Oscar condenable-otra vez-Oscar bandido, porque lastimó a los buenos americanos, atentó contra el gobierno de todos los gobiernos, me da tanta pena la ignorancia y su amasijo de sombras borrachas susurrando el odio. Pero, ¿vale la pena sorprenderme?

Oscar nos recibe desde su libertad iluminada, con una legislatura que tomando prestado de Borges, el candil de la memoria, ha sido la más mediocre y montaraz de la historia reciente, válgase un ejemplo: Tata Charbonier y sus discursos microscópicos sobre la libertad religiosa, o un presidente de una comisión de educación y cultura de la cámara-así, en pequeño porque no cabe de otra forma-que no sabe hablar y mucho menos hacer un argumento sobre sus proyectos de ley. ¿Hay pueblo, Oscar?, ¿podemos abrazar a un pueblo en estas circunstancias?

Pero tu llegada es esperanza, cielo nuevo, militancia, temblor de lucha. Perdónanos Oscar por recibirte así, sin nada, entre harapos políticos, ideológicos, entre hervideros de ciegos por elección, entre este oscurantismo, donde se trata de ser un poco más “feliz’’ y donde, muy cerca de tu verdad estaremos los que buscamos un Puerto Rico en redención, hermanado con Hispanoamérica y el mundo. Un Puerto Rico de la “próxima colina’’ y en ella, nuestra canción de victoria.