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Oscar López Rivera y su yo-liberador

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Hay una alegría tan grande en el aire que se respira, pero a la vez una sombra de odio ruidoso que teme a verse a sí misma en el espejo empañado de sus virtudes. Un milagro de justicia ha sucedido. Ha llegado Oscar López Rivera a su tierra y para los que no lo entiendan, procuraré abrirles paso a su yo-liberador. Coexistimos en una colonia y esto hasta el más acérrimo amante de la estadidad, lo entiende. El Estado Libre Asociado (ELA) solo fue el remaking de la antigua colonia, o peor, la gran sub colonia que ha creado a los fanáticos más fanáticos que he conocido y que me gusto en llamar los subcolonizados underground. En la colonia se nos dijo que éramos vagos (herencia de los indios), que la tierra no servía por los huracanes (manipulación absurda), que era mejor ser aguzaos que autosuficientes (para qué trabajar si te dan casa y comida gratis).

En fin, que también fuimos educados, en el mejor de los casos, para ser empleados en la sub-colonia gubernamental, no empresarios, porque ellos, los colonizadores, eran los que sí sabían hacer las cosas bien y todo intento de auto gestión era saboteado por ellos. Y tan bien las han hecho, que por ellos estamos como estamos. Nos tienen la bota puesta como si fuéramos hormigas. La situación de nuestra autoestima es tal que me he topado con mucho puertorriqueño en otras partes del mundo que evidencian ese complejo de inferioridad, algo que me choca porque mi padre, aun siendo penepé, siempre me dijo que ningún americano era mejor que ningún puertorriqueño. Sin saberlo, sembró una semilla de autoinmunidad ante el libreto de colonización intelectual de la instrucción o educación pública en Puerto Rico.

Oscar López Rivera, como antes, don Pedro Albizu Campos, Ramón Emeterio Betances, Eugenio Ma. De Hostos y Lolita Lebrón, entre otros próceres, es libre. Y, ¿qué es ser un hombre libre? En primer lugar, es el que establece y selecciona entre ser un cautivo o ser un liberado.

El cautivo forma parte del rebaño y acepta lo que le dicen que debe hacer pacíficamente, porque no hay otro remedio. ¿Verdad que los has escuchado? El liberado ha comprendido que ya está bastante crecidito para que le digan lo que puede o no puede hacer, y elige crear sus propios medios para alimentarse física, emocional e intelectualmente, a veces, emigrando a países libres por un tiempo. Y esta libertad que ha abrazado camina de la mano de algo muy poderoso, camina de la mano del amor y la fe, no en Dios, necesariamente, sino en las capacidades, inteligencia, talentos y virtudes de la gente de su pueblo y de la abundancia de los recursos naturales y humanos de esta tierra, que no es poca.

Quien se levanta todos los días con este tipo de fe, solo puede ser un ser humano lleno de amores por Puerto Rico, por nuestras playas, nuestros campos, nuestro cielo, nuestra cultura, nuestros estudiantes y nuestros trabajadores.

Quien se levanta todos los días con este tipo de fe, no temerá saeta que se desate en la noche oscura de las almas, porque su yo es el yo de un hombre libre y sin miedos, y la libertad siempre es buena; porque su yo ha dado un ejemplo de integridad como pocos han podido; y porque desde su yo, sale su voz como un “poema de rosas necesario”.

Oscar viene a escuchar a la gente de este pueblo desde su honesto yo-liberador. Lo menos que podemos hacer desde el nosotros colonizado es hablarle como se le habla a un buen maestro, a ese que no pierde nunca la fe en ti.