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Keleher elimina la Semana de la Puertorriqueñidad

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(San Juan, 1:00 p.m.) La noticia pasó desapercibida para la mayoría. Empero un grupo de educadores y gestores culturales se indignaron. La consultora que funge como Secretaria de Educación, Julia Keleher, sustituyó la Semana de la Puertorriqueñidad con la Semana de los Estudios Sociales.

La noticia no es sorprendente. Desde su llegada al poder la administración actual ha tomado medidas para ensalzar la ciudadanía estadounidense y reforzar los vínculos coloniales con Estados Unidos. Los congresistas estadounidenses le han reiterado a la administración del gobernador Ricardo Rosselló Nevares que el estatus de la Isla no está en agenda y que debe concentrarse en resolver los problemas fiscales de la Isla. Sordos y ciegos al mensaje directo de la metrópoli el gobierno pretenden enviar un grupo de representantes a Washington, a los que buscan librar de las reglas de ética gubernamental, en su empeño por lograr la estadidad.

Sin embargo, de una forma ingeniosa y solapada la administración continúa con sus intentos de “americanizar” el archipiélago borincano. La movida de la Keleher, natural de Pennsylvania, es un paso más hacia la degradación del sitial que debe ocupar el sentido identitario y la cultura que lo representa entre los estudiantes, futuros adultos y ciudadanos del país.

“La actitud del Partido Nuevo Progresista es uno cargado de hipocresía”, enfatiza la gestora cultural Carmen Acosta. “Manipulan las masas electorales usando los símbolos patrios, haciendo mal uso de las palabras “patria” y “cultura” parar lograr sus fines.

“Engañan solo a los que se dejan manipular. Todos sabemos que el liderazgo penepé sueña con una situación parecida a la de Hawaii, donde los nativos son marginados mientras su cultura es explotada comercialmente por los descendientes de los estadounidenses que derrocaron el gobierno legítimo de la última reina hawaiana, Liliʻuokalani o Lydia Kamakaʻeha Pākī”.

Lo peor de todo es que la destrucción sistemática de la puertorriqueñidad es un trabajo compartido por los dos partidos mayoritarios. El cuatrienio pasado Alejandro García Padilla eliminó los días festivos de próceres puertorriqueños y el Departamento de Educación consolidó la clase de estudios sociales de 1-3, que son los grados donde se estudia la comunidad y se forma el sentido identitario de los estudiantes, con el curso de español.

“Es difícil formar puertorriqueños desde el espacio limitado de la integración Español-Estudios Sociales, pasando por la meta nacional de lo que es comunicación y lenguaje”, señala la escritora y educadora Pepa Pabón.

“No entiendo a los políticos del país. Tenemos muchos problemas generados por la falta de autoestima y el desapego con la Patria, es como si quisieran incrementar la crisis social y conducir al país a un caos”, asegura la educadora Annette Miranda Lamberty. “Es ilógico lo que hizo el sistema público de educación porque es en esos grados donde se dan los conceptos básicos de los que son los estudios sociales. Las escuelas privadas mantienen los cursos separados porque entienden la importancia de cimentar el sentido comunitario entre sus estudiantes si se quiere formar hombres y mujeres holísticos”.

Mientras tanto, el país acata los cambios y son pocas las voces que expresan su indignación.

“Existe miedo al carpeteo y a la enajenación laboral”, afirma el líder cívico José Vélez. “Aún están vivos las historias de las persecuciones contra los que condenaban acciones similares bajo la deocracia de Muñoz Marín y la opresión ultraderechista de Romero Barceló”.

Los politiqueros fanatizados usan los términos “izquierdista”, “dictadura”, “comunista” como papagayos para condenar a todos los que no son seguidores serviles y acatan las medidas opresoras y degradantes contra la identidad nacional. Lo ridículo del caso es que quieren asemejar a Puerto Rico con las situaciones en países como Cuba y Venezuela, descartando que el archipiélago es una colonia estadounidense.

En oposición a las medidas impositoras que amenazan la identidad existe un grupo de historiadores y gestores culturales comprometidos con el sentido de pertenencia que expresan su voz enfatizando la verdadera historia del país y promueven el desarrollo cultural.

“Están buscando como solapadamente acabar con cualquier resquicio de celebración de la identidad puertorriqueña”, indica el historiador, educador y gestor cultural, Edgardo Alvarado Grau. “En vez de estar cambiando celebraciones deberían concentrar los esfuerzos en proveer los materiales para la clase de estudios sociales. Hablamos de tecnología, libros, desarrollar laboratorios de investigación histórica y social, como mínimo”.

“Concurro. Los maestros carecen de las herramientas necesarias para educar”, afirma el educador y gestor cultural Dr. José O. Santana. “Sin embargo no podemos obviar que esto es parte de las estrategias gubernamentales. A esto tenemos que añadir que el gabinete del gobernador responde a la plataforma política del gobernador y el partido, pues que persigue esa plataforma... anexionar, diluir, eliminar todo rastro de puertorriqueñidad”.

“Esta es la ambigüedad que representa el Partido Nuevo Progresistas (PNP), en Estados Unidos se representa todo lo relacionado con su cultura popular, mientras que aquí los apósteles de la estadidad se creen que eliminando todos lo que nos identifica como puertorriqueño, nos van acercar más a USA”, añade el historiador Luis Caldera.

“La agenda que llevan en el Departamento de Educación es una cargada de finalidades políticas (fanáticas), de propósitos nada loables, más bien mezquinos y deleznables.

La puertorriqueñidad es un principio identitario que no debe ser injuriado y menos por una extranjera”, añade Alvarado.

La situación política y educativa actual no es nueva. Desde la llegada de los estadounidenses en 1898 ha habido intentos continuos para “americanizar” el país. Trajeron familias estadounidenses, se impuso el inglés como idioma de enseñanza hasta 1848 y se ridiculizó todo lo que era puertorriqueño.

El afamado cuentista don Abelardo Díaz Alfaro recogió estos momentos en sus cuentos sobre el maestro Peyo Mercé, “El Josco” y “Los perros”. El mensaje sigue siendo el mismo, si permitimos ser humillados en nuestra casa claudicamos y entregamos la llave de la Patria. La identidad no la define una semana, pero aceptar la humillación nos doblega y entrega.

“Félix, diste en el clavo”, dice Alvarado. “Entregaron la agencia encargada de educar e instruir a una extranjera que persigue una finalidad político partidista. No es por ser extranjera, es a que extranjera y bajo qué circunstancias lo hicieron. Podían nombrar a algunos de los muchos profesionales que pare esta Patria, pero hicieron lo que ansían hacer con todo en este país: entregar todo aquello que nos hace un país con identidad propia”.

“Cada quien tiene su opinión sobre lo que sucede en el país, pero no nos queda duda de que el gobierno tiene una agenda muy particular en contra de todo lo que nos aferra a la Patria. Enlodan la cultura como si el futuro de los puertorriqueños estuviese forjado por un grupo de tecnócratas. Es muy triste”, expresa el historiador Luis Santaliz Villabella.

“Le han sembrado la semilla del miedo al pueblo. Asocian la identidad con maldad y el menosprecio, la libertad con la dictadura, la soberanía con el comunismo. Les meten en la cabeza cuanta mentira y distorsión se puede”, señala Alvarado. “Cuando hablo de estas cosas a viva voz, escucho las murmuraciones, veo como se desfiguran los rostros. Pero estas cosas hay que hablarlas, donde sea posible y con la mayor cantidad de personas”.

“Todo lo que huele a puertorriqueñidad tratará de ser enterrado. Se quitan los días de los patriotas puertorriqueños y se unen con los presidentes, pero ahora se añade la celebración de la ciudadanía”, asevera el gestor cultural e historiador José Luis Vargas.

El gobierno es ciego ante los fenómenos que ocurren en el país. El pueblo lucha contra la imposición reafirmando su identidad cultural. Proliferan las escuelas de bomba, las de cuatro y tiple, no hay protesta donde el pandero y la plena marquen el ritmo. Los murales, la bandera y las exposiciones artísticas individuales y colectivas se multiplican en los 78 municipios y en la Patria extendida. La creatividad literaria está viviendo su mayor “boom” desde los 1960. Los campamentos para jóvenes de afirmación histórico-cultural que nacieron en el Centro Cultural de Lajas están siendo replicados en otros pueblos.

Estamos en una guerra identitaria, que aunque no es nueva, nos llega en un siglo nuevo cargado de viejas mañas y paradigmas obsoletos.

“¡Guasábara!”, exclama Santaliz. “¡No hay de otra!”

“Tenemos una misión, misión en la que por lo menos a mí se me va la vida. La misión de proteger mi cultura, tenemos que empoderar a nuestros estudiantes, hijos, nietos y todo joven al que tengamos acceso de lo que es nuestra identidad Puertorriqueña”, alega Miranda.

“Ya no podemos dejarlo a los padres. Nos toca a los que nos dedicamos a la Historia, los que la amamos y los que nos sentimos orgullosos de nuestra cultura. Los que nos sentimos indignados y furiosos por esta falta de respeto”, añade.

¿Dónde está la autoestima de este pueblo, de estos políticos que nos pisotean, que quieren desaparecer todo lo que diga Puerto Rico?”, cuestiona Miranda. “Mi indignación es tanta, no puedo ni expresar lo que siento”.

“Hay que seguir llevando la lucha a todos los foros. Hay que trabajar desde todos los ángulos”, puntea Alvarado. “Gracias a Dios aquí seguimos en pie, gracias a puertorriqueños como ustedes la Patria seguirá luchando. Porque la Patria seguirá pariendo hijos que la defiendan de los malagradecidos y traidores que la mancillan”.

“Estamos orgullosos de nuestros orígenes, de nuestros ancestros, de nuestra bandera. Me duele mi país, me duele ver a mis niños desconocer su historia, por eso es algo que tenemos que tomar personal”, enfatiza Miranda.

“Tenemos la obligación moral de defender y dar a conocer lo que somos, nuestra puertorriqueñidad, nuestra historia. Pero no la historia acomodada a un lacayo del Imperio (como la Secretaria de Educación) sino la historia real”, subraya la educadora e historiadora.

Los politicastros y los partidos políticos tienen sus agendas, pero los puertorriqueños tenemos la nuestra. Debe quedar claro, que al igual que en el siglo XX, la cultura y la identidad no se cambian por un puñado de billetes verdes.