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Se presenta el libro Cuentos de un chusco lajeño, del poeta Alameda

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(San Juan, 9:00 am) El Centro Cultural Anastasio Ruiz Irizarry y la Editorial Akelarre presentarán el libro “Cuentos de un chusco lajeño” del prosista y poeta Ramón Alameda el sábado 12 de agosto a las 6:30 pm, en la sede de la institución cultural localizada en Avenida Los Veteranos en la Ciudad Cardenalicia.

“Alameda emplea la picardía lajeña para regalarnos una serie de cuentos que nos hacen pensar la realidad de la vida mientras nos reímos de las ocurrencias de los personajes”, expresa Félix M. Cruz Jusino, prologuista del libro.

“Cuentos de un chusco lajeño” es un reencuentro con esa chispa que caracteriza al jíbaro y que la modernidad nos ha hecho engavetar para ser correctos políticamente hablando. El libro es un renacer para la picaresca, la “gansería” que tanto criticamos, pero que admiramos solapadamente”, añade Cruz Jusino.

El libro es un compendio de treinta cuentos y veintisiete microrelatos.

“Ramón Alameda presenta en Cuentos de un chusco lajeño la realidad cotidiana, aunque para muchos sea ficción. Su escrito demuestra las vivencias, vicisitudes y experiencias de unos personajes que podrían ser nuestros vecinos, amigos y compañeros, e incluso nosotros mismos, aunque no lo aceptemos”, indica Pablo L. Crespo Vargas, editor en jefe de Akelarre.

“Cuentos de un chusco lajeño” nace entre las habitaciones de la casa Alameda. Las narraciones son una mezcla de realidad y fantasía. Experiencias de vida, patrañas de vecinos y sentimientos encontrados son narradas en palabras sencillas, pero vigorosas y amenas.

Alameda conoce el cuento y domina sus técnicas. Los cuentos capturan al lector y no lo sueltan hasta que concluyen la lectura.

“Cuentos de un chusco lajeño” son experiencias de vida narradas con la picardía que caracteriza a los lajeños. Las narraciones intiman con las problemáticas de la vida y nos obligan a razonar. Nos confrontan con la realidad de otros que no es otra más que la nuestra”, explica Crespo Vargas

La chispa creativa y el lenguaje grácil y elocuente de Ramón Alameda han sorprendido a muchos en el ámbito literario del país.

“Ramón es un autodidacta. No pudo terminar su educación formal, pero es un ávido lector, un amante de la buena literatura”, explica Crespo Vargas. “Además es un estudioso de la lingüística, lo que le ha dado un dominio pleno del idioma y de sus imágenes literarias”.

Alameda cultiva los géneros del cuento y la poesía.

Desde pequeño sintió pasión por la literatura, pero las condiciones de la vida en una sociedad agrícola lo obligaron a posponer sus sueños y empuñar la azada en el cañaveral.

“Conocí la pobreza extrema. La casa de mis padres, en el sector Piedras Blancas del Barrio Sabana Yeguas, tenía el piso de tierra. Me gustaba la escuela, pero tuve que irme a trabajar para ayudar con la crianza de mis otros hermanos”, dice Alameda.

El escritor comenzó sus quehaceres literarios a los sesentaicuatro años plasmando los recuerdos de su infancia, las vivencias de sus padres y cantándole loas a su pueblo natal.

“Ramón es un ejemplo para todos los que han pospuestos sueños. No existe edad para iniciar un nuevo derrotero en la vida y mucho menos cuando estos son literarios”, asevera Crespo Vargas.

“Escribir requiere dedicación, estructura, lectura, ambientación y mucha práctica”, enfatiza el editor. “Ramón cumple con todos los requerimientos”.

Ramón escribe en su residencia, la Estancia Alameda en el Barrio La Plata en Lajas, un chalet estilo suizo rodeado de jardines y huertos. La casa alberga la colección de antigüedades y afiches del escritor.

“La casa de Alameda es un museo y espacio agroecológico que es visitado por grupos turísticos que llegan hasta Lajas’, señala Crespo.

Para el autor su casa es un templo donde las musas lo bendicen con sus dones.

“Mi casa es el sueño de cualquier escritor. Tiene infinidad de espacios donde las musas encuentran un nicho y otorgan sus dones. Ya sea en los jardines, en el conuco, la cocina o en el estudio la chispa creativa se enciende y me pongo a escribir”, afirma Alameda.

Ramón escribe a maquinilla. No le gustan los ordenadores, los considera fríos desarraigados del arte de escribir.

“Soy hombre de otro tiempo. Me gusta escribir y corregir mis errores. La computadora de edita, no permite que te apoderes del idioma y domines la gramática”.

“Soy un enamorado del español. Me gusta ser seducido por la palabra, besado por la sintaxis y reñido por las faltas”.

La poesía de Alameda, al igual que su prosa, está cargada con imágenes que alimentan los cinco sentidos. Las descripciones son tan vívidas que nos permiten disfrutar de espacios desconocidos y de experiencias como si fuéramos los participantes.

La poesía y la prosa de Alameda han sido reconocidas internacionalmente. En el 2014 obtuvo el primer lugar en microrelatos en un certamen auspiciado por el Ministerio de Cultura de la hermana República Dominicana. Localmente ha recibido varios galardones entre ellos, el primer lugar en poesía y cuento en los Juegos Florales del Centro Cultural de Lajas en el 2016. En el 2012 obtuvo el primer lugar en poesía y el segundo lugar en prosa en los Juegos Florales que celebró para ese año el colectivo literario El Sur Visita el Sur.


“Hoy por hoy, Ramón Alameda debe ser considerado uno de los principales escritores en la historia de Lajas y uno de los grandes exponentes de la literatura puertorriqueña”, concluye Crespo Vargas.

Concluida la presentación de Cuentos de un chusco lajeño habrá una velada musical con el grupo “Románticos y algo más”

La actividad es coauspiciada por el Ecomuseo Migdalia Jusino Acosta, el Centro de Estudios e Investigaciones del Suroeste (CEISO) y JFMEDIA.