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¿Cuál es tu ética cultura? Entre Mundi, cenizas y supremacistas

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(San Juan, 3:00 p.m.) Todas las mañanas en Z93, hay un programa que se llama el Bembe. En el mismo, el cotizado periodista de farándula, Frankie Jay y Jackie Fontanez, co-dirigen el programa que tiene una serie de secciones. Una de ellas, la “del argentino”. Se trata de un personaje. No hay duda. Se trata de ficción, pero en la ficción hay otros sub-textos que nos provocan. El argentino, tiene una serie de miradas en torno a los negros, una de ellas que vienen de una tribu, los que moran en Puerto Rico, llamado los “DaCu” Es decir, los que dan su cu… parte trasera de su cuerpo. Es decir, entre racismo y homofobia, hay un chiste diariamente.

Ya sabemos, Frankie Jay y Jackie, que es ficción pues es un personaje. ¿Pero qué si los personajes son racistas y nos imponen una cultura racista diariamente? Lo más interesante de todo, es la falta de mirada crítica por parte el resto de la población, es decir, todos los días entran varias llamadas a promover un discurso racista, xenofóbico el cual irradia sobre otros locutores de la estación, como Luis Antonio “el Hachero”, lo ridiculizan por ser un hombre evidentemente afro-descendiente. Con esto vivimos diariamente.

Entonces uno se pregunta, ¿cuál es tu ética? ¿Creemos o no creemos en el respeto a la dignidad humana? Todo indica que, sí creemos pero que, en la sátira, el chiste, y el vacilón nos podemos colar y ser “racistas a tiempo parcial.

Pues bien, volvamos, el problema es que culturalmente hemos cambiado, y sea por el capital mediático, o por el capital corporativo, o porque no tenemos una ética consistente por encima de todo, toleramos los juegos y manifestaciones de libertad de expresión que irradian en faltarle el respeto a otro ser humano. Con esto, cada día más, me parece y de forma contradictoria, tenemos que escuchar, es decir permitir la libertad de expresión, pero rectificar expresando que es un chiste y reconciliando el chiste en una ética distinta. Por decir algo, no quedarnos en la ética del odio, sino replantear la ética del amor.

Con este cuadro volvemos al elefante Mundi. Uno lee el informe que hizo el comité asesor del gobernador, y se da cuenta que lo último que tenían los miembros de dicho comité era preservar un sentido de país y de bienes nacionales al servicio del país. En otras palabras, regalarles los animales a santuarios en los EE.UU. es continuar con una larga tradición de descapitalización nacional, a beneficio del capital y la economía norteamericana. Es cómico, pero aquí no hay una ética de país.

Por otro lado, las cenizas de Peñuelas siguen dando de que hablar. Ahora un grupo de encapuchados, originados por la organización Se acabaron las Promesa, fue a la oficina del Departamento de Recursos Naturales (DRNA) y regó la entrada con un polvo arenoso que no sabemos si es tóxico o no. Ahora bien, el sentido de pánico de los empleados mal pagos del DRNA, quienes son parte de un sindicato que se opone a la ley PROMESA, no fue tomado en consideración por los manifestantes. Es decir, los encapuchados impusieron una ética del terror a los que estaban presente en el edificio. ¿Causar terror a la población, es ético?

Finalmente, los supremacistas blancos de Charlottesville, impusieron una ética de odio en dicha ciudad. Vinieron armados, y fomentaron la violencia. Los que les contuvieron o repelieron, se organizaron igual. También vinieron armados. Su verdad, los anti-racistas, es consistente con mi verdad. Pero, donde con concuerdo es que callar al otro, porque no me gusta su racismo, es correcto, siempre y cuando el otro no me calle. Es decir, se trata de una ética oportunista. Si me conviene apoyo, si no me conviene, no apoyo.

En fin que para poder continuar conviviendo en la diferencia tendremos que desarrollar una nueva ética común, que nos permita vivir en la diferencia, pregonar nuestras ideas, y respetar la dignidad de cada uno de nosotros. Esto es, poder convivir con el otro u otra, pese a que tenemos diferencias en nuestras posiciones. Se trata de vivir en una ética de respeto a la diferencia.