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Yo, sobreviviente de Irma

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(San Juan, 3:00 p.m.) Sobreviví el paso de Irma. El gigantesco huracán subió alejándose de la Isla del Cordero, no sin causar daños, pero nada equiparable a la destrucción que hubiese ocurrido de haber entrado al país. Hubo inundaciones, algunos derrumbes, árboles caídos, propiedades afectadas, autos destruidos por árboles y otros daños. Culebra y Utuado fueron los municipios más afectados por la furia del huracán.

El sistema eléctrico, como se esperaba, colapsó. La mayor parte de Puerto Rico pasó la noche a oscuras y aún no se recupera. La telefonía y la Internet tuvieron serios problemas. La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados pudo mantener su sistema de agua potable funcionando en gran parte de la isla grande.

La verdad es que somos un pueblo bendecido. El pueblo puertorriqueño demostró su devoción religiosa a través de las redes sociales. Las oraciones, los pedidos de misericordia y las promesas a la Divinidad inundaron Facebook y Twitter.

Hubo plegarias a la Virgen María, al Divino Niño, a Jesús de Nazaret. No faltaron los pedidos de misericordia a Dios, Padre-Hijo-Espíritu Santo. No podemos obviar las promesas, incluyendo una graciosa donde se le ofreció el Gobernador a Irma a cambio de que siguiera su paso por el Caribe sin tocar suelo boricua.

Llamaron poderosamente mi atención las plegarias dirigidas Yocahú Bagua Maorocoti, señor de Borinquén, el que habita en el Yunque, y a su madre Atabex Atabeira, dueña de las aguas, la de los cinco nombres (Nuestra Señora de la Monserrate, cuya fiesta es el 8 de septiembre). También hubo pedidos de intercesión para apaciguar la furia de Irma a Yemayá, dueña del mar (Virgen de Regla, cuya fiesta es el 7 de septiembre), a Oshún, dueña de las aguas dulces (Virgen de la Caridad del Cobre, cuya fiesta es el 8 de septiembre) y a otras deidades en la que los puertorriqueños depositan su fe.

Cabe destacar que la oración más reproducida en Facebook fue una a Yocahú, representado por un hombre verde en cuclillas sobre el Yunque. Ponerse en cuclillas o añangotarse es una posición del cuerpo humano asociada a los taínos porque era la que estos, carentes de asientos, con excepción del cacique que tenía su dujo, usaban para descansar de la posición erguida.

Yocahú es el dios supremo en la mitología taína. Los taínos creían que “juracán” era un fenómeno generado por la ira de la diosa de los vientos, Guabancex, al agitar furiosa sus manos en forma de espiral. Guabancex era solo apaciguada por Yocahú quien detenía su paso al llegar al monte sagrado donde residía el dios, El Yunque.

Todas las creencias religiosas suplicaron por misericordia ante el monstruo que se nos abatía encima. Hubo algunos religiosos que no dejaron pasar la oportunidad por achacar a la maldad de los habitantes de la isla la furia del huracán, algunos vaticinaron el fin del mundo, pero en general todos tenemos que concordar que las divinidades nos libraron de los pecados e Irma siguió su paso.

La profunda religiosidad boricua es herencia española sincretizada con poderosos matices afro taínos. Símbolo inequívoco de esta religiosidad es la frase ¡Ay bendito! que caracteriza a los puertorriqueños.

Pero a los puertorriqueños no solo nos caracteriza la profunda fe si no el hecho de que no perdemos la oportunidad para armar una fiesta ante cualquier eventualidad. Evidentemente, la venida de un huracán es una ocasión perfecta para congregarse con amigos y familiares hacer un sopón (sopa de pollo con arroz, papas, alcaparrado y aceitunas), jugar dominó y tomar cerveza. Ciertamente, todo esto ocurre mientras se ven los noticieros televisivos o se escucha la radio para mantenerse al tanto del fenómeno atmosférico.

La fiesta no es porque no haya temor, es que juntos nos sentimos protegidos. Cantamos como lo hicieron nuestros ancestros en sus momentos de dolor.

La congregación entre amigos y familiares es herencia de los ancestros taínos y africanos. Los areitos eran las fiestas con las cuales los taínos conmemoraban todos los eventos. Eran fiestas para celebrar los nacimientos, la muerte, la guerra, sellar pactos y decisiones importantes, pero sobre todo eran actividades para recordar y transmitir la historia de los yucayeques. Los esclavos africanos también se congregaban en su tiempo libre para disfrutar de su día de asueto, contarse sus penurias y honrar solapadamente a sus deidades. Los jíbaros de la montaña, que el oficialismo catalogó falsamente de blancos, celebraban fiestas similares que habían heredado de sus ancestros producto del mestizaje.

Estas celebraciones evolucionaron hacia las desaparecidas fiestas del batey que se celebraban en las comunidades negras y mestizas en honor a los santos católicos, principalmente a las Virgen de la Monserrate y la Candelaria en el oeste y Santiago Apóstol en Loíza. En estas fiestas se tocaban tambores y bailaba bomba. Vestigios de estas tradiciones también lo fueron los bailes y fiestas celebrados en los campos en hogares o en el soberao (batey o patio grande frente a las casas). El urbanismo en la segunda mitad del siglo XX y la proliferación de urbanizaciones convirtió estas fiestas en bailes de marquesina.

El progreso y la evolución en las creencias religiosas, influenciadas por el protestantismo estadounidense y los modernos dogmas neopaganos alejaron a los puertorriqueños de estas costumbres ancestrales, pero nunca del deseo de congregarse.

Los puertorriqueños nos congregamos, no importa el motivo y cualquier evento es bueno para narrar las anécdotas propias o de los ancestros. La bomba, la plena, la décima, el bolero y la salsa son las expresiones musicales que empleamos para reflejar nuestras alegrías y sinsabores. Todas estas expresiones recogen nuestra herencia de pueblos mestizos forjados en la cuenca caribeña.

Este fin de semana, los puertorriqueños nos congregaremos, ya no a orar por los residentes del Archipiélago Borincano, sino para abogar por los hermanos de la Patria extendida y los primos latinoamericanos que habitan en Florida. Volveremos a estar atentos a los noticieros y a reunirnos en familia con el corazón a punto de salirse del pecho.

Volveremos a escuchar los sonidos de los tambores y en lo más recóndito de nuestras conciencias colectivas se escucharan las voces de los ancestros recordándonos que somos un pueblo de fe y sentiremos sus poderosos brazos acurrucándonos en sus pechos mientras nos cantan nanas para acallar nuestros temores…