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Recado a contratiempo para José Manuel Solá

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Escribo en un contratiempo de tu vida, la mía, la cotidianidad y sus errores. Escribo a un poeta grande, un poeta que sigue rebasando sus generaciones; llego a tu continuidad, en una pausa para la vida, la que supiste compartir, entre un plato criollo, tertulia luminosa y un cigarrillo matizado al buen humor y la ironía-así, magistral como Groucho Marx preguntándose la vida-tantas veces que destrozamos miradores poéticos, dejando el bloque siguiente a la imaginación. Tantas cartas electrónicas, haciéndote y haciéndole el rumbo a la esperanza, el alma y su libertad, el buen cine, la grandeza del bolero, el amigo sin peso o “rollo”, solamente amigo, vasto, ingenioso, latente, total.

Hablar largas horas en tu sala; hablar del mundo, la poesía, gente que no te cumplió con trasnochadas conferencias sobre tu obra; sentir tus tristezas, y hasta sé que no te parecería pertinente que lo diga, pero hay que decirlo: un gran poeta es eso, un mensajero que merece respeto, no que lo conviertan en un objeto de caprichos. Aun así, sonreías, y la vida que regalabas era esa palabra que busca cambiarlo todo, y aspirar a ser un pueblo mejor, y de ahí un “Urbe et Orbi” donde el ser resplandeciera, y se apegara a lo inmaculado: el territorio de la poesía.

Te escribo a contratiempo-lejos de la balada de Ana Torroja-pero hay algo que se me escapa, que me hace sacar el alma por la puerta. Hay fulgurando, una memoria sub-celeste, que, ya rota de surcos, me hace comprender más la vida. Marta, José Ernesto, Gloria, William, Vilma, yo, ese puñado que estuvo ahí, caminando una y otra vez por tu rayo manso sobre los elementos, las cosas, las visitas a tu sala, ese rayo potencialmente milagroso, que terminaba riéndose en tus ojos, “hoy quiero comerme una vaca’’ y entre carcajadas nos íbamos a “Marcelo’’s” y allí la cerveza y la vuelta del cigarrillo como parte de una cercana filosofía de felicidad, hermandad, otra poesía viva que nos relataba el firmamento nocturno de ese día.

Pero, José Manuel, “Ché” de signos y albas todavía sin dueño, hay contratiempos que se aman, porque indican cauce, indican augurios, presagian la eternidad de esa charla, que conquistamos juntos; el contratiempo es una aurora-lo dijo alguna vez Anna Atmátova-porque va contra lo creado, hacia la nueva creación.

Poco importa lo que digan los demás, en esa noche reina de Montevideo, donde hiciste buenos incendios a tu voz, y en esta noche de un Caguas todavía en accidentes de energía, surrealismo amargo, y otros desengaños, tus ojos, tranquila lontananza, nos dejan futuros, aunque siga para mi soledad pensando, que todo este contratiempo, fue temprano:

“Hoy han vuelto las lluvias

y la casa está sola y silenciosa

y nuevamente gris es la ventana

y nuevamente grises los caminos;

la luz sobre la mesa

duerme un sereno resplandor dorado…

Recostado a la puerta,

una mano al bolsillo,

el cigarrillo aburrido en la otra mano,

contemplo el correntón del aguacero

cayendo calle abajo, entre los árboles.

Y no hay con quién hablar

y estoy tan triste,

triste por tu recuerdo y por tu ausencia,

triste por esta lluvia y esta hora

y se pierde tu voz

y estoy pensando…”

Poema de José Manuel Sola