María, María: se impone el Festival de la Palabra

(San Juan, 1:00 p.m.) El huracán María ha alterado la vida cotidiana de los puertorriqueños. La mayoría de las personas están preocupadas por su subsistencia, las largas colas, la carencia de alimentos y la falta de servicios básicos como energía eléctrica y el agua.

Los servicios lentamente están siendo restaurados. De hecho, el Hospital del Maestro, mi residencia desde hace seis días, fue conectado anoche a una línea eléctrica que toma corriente de la subestación generadora del Centro Médico.

Mi hospitalización no me impide estar al día de los sucesos que acontecen en el país. Mis amigos y familiares me visitan, me cuentan sus vicisitudes y las de sus conciudadanos. Otros me escriben. Estuve sin internet y teléfono desde Irma, pero mi hijo se encargó de proveerme acceso a las redes sociales.

Los puertorriqueños vamos recobrando lentamente el dinamismo que nos caracteriza. Sacaremos el país adelante y construiremos una mejor sociedad. Lo hicimos en el pasado y lo haremos hoy.

Lo haremos nosotros, como siempre lo hemos hecho, contra viento y marea. La metrópoli ha vuelto a demostrar su desafecto para con la sempiterna colonia caribeña. No es cuestión de politiquería, es realidad. No es el pueblo estadounidense, es su estructura gubernamental.

La reacción gubernamental federal y los “tweets” del presidente Donald Trump recordándonos la deuda no deben sorprendernos. Esto ha sido una constante de la metrópoli desde 1899.

El huracán San Ciriaco devastó a Puerto Rico el 8 de agosto de 1899. El huracán entró por Arroyo y salió por Aguadilla con vientos de 100 millas por hora destruyendo la agricultura y la infraestructura del país. Llovió por 28 días. Aproximadamente 3,400 personas perdieron la vida. San Ciriaco sumió al país en la extrema pobreza. La ayuda económica de Estados Unidos para reconstruir el país fue ínfima, solo un millón de dólares. Desde entonces, siempre que ha habido un desastre natural los puertorriqueños hemos tenido que suplicar por ayuda para reconstruir la nación.

La politiquería nacional, el asqueante servilismo, el fanatismo colonialista, el divisionismo partidista, la falta de un proyecto de país y el débil sentido identitario de unos pocos son males que María no se llevó.

María ha servido para unir a los hijos de la Patria, en el lar nativo y en la diáspora. La angustia y el dolor han sido compartidos. La Patria extendida respondió inmediatamente al llamado de la Madre Tierra y la ayuda comenzó a fluir. Los artistas, deportistas, profesionales, trabajadores, las amas de casa, los estudiantes… todos han colaborado con lo que pueden dar. La ayuda del gobierno languidece en los puertos mientras que la de los hijos de la tierra llega a la gente, a las comunidades, a los municipios.

En Puerto Rico el mundo cultural está iniciando su recuperación. La emblemática Casa Aboy fue golpeada por los vientos y la estructura necesita trabajos de restauración. El Archivo Nacional salvaguardó los documentos, pero el viento arrancó una de las ventanas en la Sala de Restauración Musical causando daños. La mayoría de las estructuras del Viejo San Juan aguantaron los vientos y las lluvias. El antiguo Seminario Conciliar de San Ildefonso, hogar del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC) resistió los vientos, pero sufrió daños leves y perdió su jardín interior.

El Festival de la Palabra, contrario a otros eventos, continúo con su evento ajustando las actividades acorde a la situación por la que atraviesa el país. El pasado sábado 30 de septiembre se llevó a cabo actividades culturales en el Museo de Arte Contemporáneo en Santurce.

“Maira Santos Febres y su equipo de trabajo han hecho una excelente labor para incentivar el renacer cultural de la nación”, afirma el arqueólogo Miguel Rodríguez López, rector del CEAPRC.

Rodríguez López colaboró en el evento contando historia de antiguos huracanes tomadas del libro “Historia de Huracanes en Puerto Rico” del historiador coameño, Luis Caldera Ortiz.

El evento contó con talleres para niños, música, cuenta cuentos, recogido de libros para llevarlos a los refugios y otras actividades que promovieron la integración cultural y motivaron el renacer de la cultura patria. Entre los organizadores y participantes estuvieron Rosa Luisa Márquez, Silverio Pérez, Fofé Abreu, Sonia Fritz, Marianne Ramírez Aponte y otros. El Festival de la Palabra es auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Fundación Felisa Rincón y otros.

La reactivación de la vida cultura es importante para que la gente pueda canalizar las emociones, discutir sus frustraciones y continuar adelante reconstruyendo a Puerto Rico.

“Somos cultura viva”, asegura el antropólogo cultural Dr. Ignacio Olazagasti. “Los puertorriqueños hemos vivido momentos traumáticos en el pasado, pero somos un pueblo creativo y canalizamos los malos momentos a través de expresiones culturales. Lo haremos con el huracán María. Puerto Rico resurgirá con una cultura identitaria más fortalecida”.

Ya resuenan los tambores, repican los panderos, y se rasgan las cuerdas del cuatro. La destrucción y la necesidad no impedirán que los puertorriqueños celebremos la Navidad.

“En medio de la desolación que nos arropa las tradiciones nos aseguran que nos levantaremos como nación”, afirma el historiador Luis Miguel Santaliz Villabella. “La devastación es impresionante, pero ningún huracán podrá destruir nuestra esencia de pueblo”.

“La puertorriqueñidad se ha fortalecido en medio de esta devastación. Solo hay que estar en una fila y escuchar a la gente hablar. Es en la esencia de los ancestros donde encontramos la sabia que nos fortalece y nos prepara para continuar hacia el futuro”.

“Puertorriqueños, ¡unidos, jamás seremos vencidos!”

María nos ha dado la oportunidad para repensar el futuro de Puerto Rico en todos los sentidos. Confío podamos diseñar un proyecto de país que nos lleve por senderos gloriosos y nos libere de medio milenio de coloniaje.