Las pistolas, las filas y la persona

(San Juan, 11:00 a.m.) El efecto más dramático que ha producido el paso de la tormenta María, lo ha sido la presencia y visibilidad de las armas en Puerto Rico. Hasta antes de la tormenta, pese a todo, en Puerto Rico las armas existían pero de forma solapada. Pese a que hay muchas armas legales, y muchas ilegales, su presencia en el espacio público era muy discreta. A partir de la tormenta, el Puerto Rico inmediato se controla, se gobierna, se dirige desde una vaqueta que sostiene, en muchos casos, una Glock .40, ante la cual, todo el mundo se comporta “civilizadamente”.

Nos han impuesto la cultura de la violencia como forma de mantener el orden social. Hemos recaído en la cultura mediática y narrativa fílmica de una pistola un ciudadano. Ni Quentin Tarantino lo pudo haber hecho tan bien en la película de Njango, o John Wayne en sus infinitas películas sobre el “oeste” colonial de los EE.UU.

Lo interesante es que se impuso la nueva cultura de hacer fila para todo, y se “cultivó” la paciencia para estar en una fila por horas prolongadas. Es decir, pistola, fila y persona se han convertido en los pasados 17 días, en parte de la cultura nacional en Puerto Rico, y cada uno de nosotros ha aceptado que las cosas son “como son” al paso del huracán María. Hay que aguantar, y si usted se pone difícil, hay una persona que lo someterá al orden, mediante la mera presencia y existencia de una pistola.

Aquí es que entran los nuevos personajes que nos custodian no a partir del derecho y la cultura cívica del diálogo, sino por la mera presencia de un arma de fuego. Se trata de los soldados, de las fuerzas militares tanto boricuas como de los EE.UU., y de la infinidad de hombres (nunca mujeres) que ofrecen servicios de seguridad acompañados de una pistola. Es patético, pues hemos reducido nuestro bienestar al que tenga la pistola más grande, lo cual incluye tanques, carros blindados con ametralladoras, y muchos hombre que visten con camisas negras que dicen “seguridad” en la parte posterior.

Alguien se habrá preguntado si todas esas armas tienen permiso de uso, de portación. Es curioso, pero ni esa pregunta se ha hace. Simplemente, nosotros hemos aceptado la nueva cultura de hacer fila para todo. Pensemos.

Foto: Neysa Jordán