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María, María: nos devuelve a los recuerdos del siglo 20

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(San Juan, 1:00 p.m.) María nos ha vuelto a sumir en la primera mitad del siglo XX. La falta de los servicios esenciales nos ha obligado a recurrir al ingenio que nos ha caracterizado como pueblo desde tiempos inmemorables.

Hemos rebuscado en la memoria aquellos cuentos de los abuelos que guardamos en el baúl de los recuerdos para reinventarnos y poder manejar las situaciones del diario vivir. La falta de electricidad no nos permite lavar y secar ropa en las máquinas modernas, cocinar en las estufas eléctricas ni usar el microondas y mucho menos guardar alimentos refrigerados.

“Gracias a Dios escuché a mi bisabuela cuanto me narraba los cuentos de cómo se lavaba la ropa en la quebrada”, indica Sara Líah Acosta, 20. “Nunca pensé que iba a tener que pasar por una experiencia igual a esta. Lo bueno que sé cómo golpear la ropa para sacarle el sucio”.

“Yo aprendí que remojas la ropa en agua con unas gotas de cloro. La dejas una noche, luego la restriegas y la enjuagas”, dice Sarah Vélez, 30.

“Por mi parte he tenido que cocinar con velas porque no tengo estufa de gas el hospedaje”, expresa Ángel Pérez, 19. “Había visto unas fotos en un libro de historia y mira lo bien que me vino”.

“Pues yo”, dice Ricardo Balaguer, 30, “escuché que mi bisabuelo enfriaba las bebidas en el río. Aquí cerca hay uno y me ha venido de perilla”.

“He vuelto a los tiempos de mi infancia”, afirma Ada Quiñones, 76. “El Puerto Rico anterior a 1960 no conocía de electricidad, carecía de agua potable y sufría grandes necesidades. Esta es una buena experiencia para generaciones que lo han tenido todo y lo valoran poco. Espero la gente concientice la valía de la vida sobre las cosas materiales”.

La historia oral, la experiencia de los ancestros, los recuerdos de los mayores nos han servido para enfrentar el momento histórico que nos ha tocado vivir. Hemos descubierto que es importante conocer métodos de supervivencia en caso de emergencia porque la modernidad es efímera.

“La tecnología sin combustible es inservible”, asegura Samuel Maldonado, 54. “No podemos desdeñar las experiencias humanas, ni los métodos de las generaciones pasadas porque nunca sabemos cuándo nos pueden ser útiles”.

María ha sido una gran lección para todos.

“Los tecnócratas modernos juraban que tenían el toro cogido por los cuernos, pero todo era una ilusión que se quebró con los vientos de María”, puntualiza el historiador Luis Santaliz Villabella, 40. “Este momento histórico nos ha enseñado lo importante que es guardar la memoria y nunca desdeñar la experiencia por antigua porque la tecnología es frágil y puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos”.

Los fuertes vientos de María han puesto cara a cara el pasado con el modernismo. En un instante la electricidad, la telefonía móvil, los medios de comunicación, la Internet, el agua corriente… colapsaron. El mundo que dábamos por sentado desapareció y nos sumimos en la edad de piedra.

“La humanidad ha vivido momentos críticos desde su aparición en el planeta”, afirma Santaliz. “No es la primera vez que la supuesta modernidad desaparece ante los embates de la naturaleza. El ser humano se ha visto obligado a lo largo de la historia a volver a utilizar tecnologías que había desechado para poder sobrevivir”.

“Los puertorriqueños estamos atravesando por un periodo crítico que requiere de mucho análisis y de una gran introspección. Debemos repensar la sociedad y el mundo tecnológico del cual disfrutábamos antes de María. Es hora de aceptar que vivimos en un país tropical, que es importante construir acorde a esto y que nunca podemos desdeñar la fuerza de la naturaleza”, añade el también profesor aniversario.

El diario vivir de los puertorriqueños se ha trastocado. La gente está ansiosa, los ánimos volátiles. Las comidas se han vuelto frugales y la radio se ha señoreado una vez más como el principal medio informativo de la nación. Empero la vida continúa.

La solidaridad que ha caracterizado al país ha aflorado una vez más. La opinión de la gente se ha visto modificada por los actos que han acaecido. Unos jóvenes de un residencial arriesgaron su vida por salvar a diecinueve policías, algo impensable para muchos. Los vecinos comparten. Extraños se dan la mano.

La acción desplazó a la inercia. Los vecinos limpiaron los caminos. Las comunidades cortaron árboles, abrieron las carreteras y construyeron puentes para cruzar ríos. El pueblo dejó de esperar por el gobierno.

Puerto Rico se está repensando. Es cierto que no todo lo que ha ocurrido es positivo. No negamos la presencia de la criminalidad en medio de la tragedia, pero en la gran mayoría de los casos son más las historias positivas que las negativas.

¿Qué sucederá mañana?

“Estoy segura que se restituirán los servicios de electricidad y de agua potable”, señala Zaimy Rodríguez Sánchez, 26. “Volverá la tecnología y el diario vivir retomará su curso. Pasará tiempo antes de que volvamos a la normalidad. La destrucción ha sido intensa, la huella quedará impresa en varias generaciones como pasó con San Felipe II”.

“Poco a poco el país resurgirá de sus cenizas”, afirma Juan Ramírez, 20. “Volveremos a la tecnología… Solo espero que seamos precavidos esta vez. Tenemos que crear métodos alternos que eviten el colapso total de los sistemas. Esta situación no puede repetirse”.

“Nuestros folcloristas tienen taller”, afirma el estudiante de antropología Kevin Sánchez González, 25. “Las canciones, cuentos, décimas, poemas… sobre María proliferarán como registro de la memoria colectiva nacional”.

“Nuestros nietos leerán historias y verán documentales sobre el paso del huracán María por Puerto Rico, pero solo sabrán de la emoción, los sentimientos, las vicisitudes que hemos vivido si somos nosotros los que narramos el cuento”.

“Ahora nos toca a nosotros contar nuestros cuentos como lo hicieron nuestros bisabuelos. Somos las impresiones del momento, la emociones a flor de piel, las lágrimas en los ojos y la angustia en el corazón”.

“Hoy somos la memoria de la Patria”, concluye Sánchez González.