¿Qué nos pasó entre Hugo y María? – el país desde un cuartel de la policía

alt(San Juan, 11:00 a.m.) En medio de un accidente de autos, me dirijo a temprana noche a procesar una querella en el cuartel de la policía de Hato Rey. Allí me encuentro con otro de los legados del huracán María, del cual no nos acordamos o no preguntamos.

Llegó al cuartel y el mismo se encuentra a oscuras. Los policías, hombres y mujeres, cerca de 12, con distintos tipos de uniformes, se encuentran descifrando como atajar la noche, la cual, en el turno de 12 horas que les espera, de seis a seis, requiere dar un servicio preventivo y reactivo a la comunidad, así como estar en un cuartel que no tiene nada de luz. Peor aún, un cuartel que no puede recibir querellas telefónicas, porque no tiene teléfono disponible. Como bien me señaló el empleado público que me atendió en el servicio de llamadas 911, era mejor ir físicamente, porque el teléfono no lo atiende. Realmente, es que no sirve el teléfono.

Ya en el cuartel la imagen es fuerte. Los policías todos han traído linternas desde sus hogares, esto por la naturaleza diferenciada de las 10 linternas que allí habían, para alumbrar la recepción, que literalmente está a la intemperie a la entrada del cuartel, donde se puso una mesa con dos o tres sillas, para que las personas pudieran presentar sus agravios y solicitar la radicación de querellas.

En ese proceso conozco al oficial Meléndez, apellido ficticio para preservar su identidad, quien es el encargado de tomar mi querella por un accidente de tránsito. Es curioso, lo primero que me indica es que él viene de un municipio del sur del país, que lleva semanas trabajando 12 horas al día, sin descanso en la semana, y que todos los días viaja dos horas a su casa. Que él ya no aguanta más el cansancio. Pero que todo lo hace por el país.

Lo más interesante es que él me cuenta que dese el paso del huracán María, han tenido una planta eléctrica ambivalente en el servicio. Que de momento la misma se dañó y en esta ocasión es pérdida total, y que llevan tres días sin servicio eléctrico. Ante esto, con mucha candidez Meléndez indica “que esto es peor que Nicaragua o el Salvador, esto es más pobre que dichos países”. Cuán cierto sea lo que nos indica Meléndez, desconozco. Lo cierto es que por algún referente de destacamento militar o religioso, él tiene conocimiento de la vida en dichos países, y la puede comparar con Puerto Rico.

Ahí yace el detalle de nuestra experiencia hoy con María. Distinto al huracán Hugo en el 1989, o el huracán Georges de 1998, lo que ha transformado a Puerto Rico hoy es la tecnología, la cual opera en una combinación de energía eléctrica combinada con comunicación digital. Ni el policía Meléndez, ni este servidor, pueden se sienten cómodos operando en un mundo en el cual no está energizada la vida y no se puede comunicar uno ni por teléfono, ni por correo electrónico ni por Facebook. Culturalmente hablando, somos todos hijos de la tecnología digital, la cual necesita de energía para operar.

Entonces, nuestra cultura ya no es análoga, como lo fue durante dichos dos huracanes. Y no se trata de que los milenios, nacieron en el 1990 o en el 2000. Se trata de que, todos y todas, hemos cambiado y dependemos de un mundo muy inmediato que se hace a partir de apretar una tecla en nuestro celular. Por eso nuestra incomodidad. O como bien diría Meléndez, “pero que se cree el gobernador, de dejarnos aquí sin luz, como un país atrasado. ¿Usted puede creerle que nos van a traer una planta eléctrica nueva?”.

En fin, la inmediatez de la energía y la comunicación nos ha hecho, como diría el filósofo, “modernos”. Es una pena que como en la película de ciencia ficción, seguimos viviendo en un mundo dual. A veces tiene la apariencia de ser digital, pero realmente sigue siendo un mundo muy análogo. Es decir, nuestra vida es artesanal. Pensemos.