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Puerto Rico: “a oscuras metí la mano…”

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alt(San Juan, 9:00 a. m.) Puerto Rico está a oscuras. Las escuelas, universidades, bibliotecas, teatros lentamente intentan recobrar la normalidad. Una normalidad marcada por la falta de energía eléctrica.

La energía eléctrica y la tecnología han transformado el mundo, pero nada es capaz de sustituir la inventiva humana.

“En mis tiempos la gente se acostaba con las gallinas, al anochecer”, recuerda Ada Quiñones, 76, de Mayagüez. “Vivíamos en el campo. No había muchas opciones para las noches oscuras”.

“Los días eran pura algarabía. Jugábamos incansablemente. Leíamos todo lo que callera en nuestras manos. Soñábamos con países fantásticos”.

Los sueños de los seres humanos han forjado un mundo con comodidades. Sin embargo, cuando esas comodidades desaparecen y nos enfrentamos a situaciones extremas la creatividad del ser humano florece.

“La angustia, el desesperación y el dolor nos obligan a buscar alternativas a las situaciones que enfrentamos”, asegura la contable Mildred Picó, 45, de Trujillo Alto. “El ser humano se reinventa en momentos como el que estamos viviendo tras el paso del huracán María”.

“Al principio nos podemos sentir abrumados. Muchas veces no sabemos qué hacer, pero pasado ese momento despertamos del letargo en que la modernidad nos sume para convertirnos en sobrevivientes. El deseo de vivir puede más que la desesperación y nos las inventamos”.

“Buscamos en la memoria los cuentos de los mayores, rescatamos técnicas olvidadas y creamos nuevas maneras de supervivencia. No hay obstáculo que no podamos vencer”.

Puerto Rico ha quedado devastado luego del paso de María, un huracán de categoría 4. Los vientos de María fueron de 140 millas por hora, aunque nunca sabremos a ciencia cierta la magnitud de los vientos que azotaron al país porque los instrumentos de medición fueron destruidos. El huracán destruyó la infraestructura de energía eléctrica, dejó el país incomunicado y dejó a miles de familias sin hogar.

“Volveremos a la normalidad, lentamente pero volveremos”, asegura Félix Rodríguez Irizarry, 102, de San Germán. “En el siglo de vida que tengo he visto a mi país caer muchas veces de rodillas y muchas veces más volverse a levantar”.

“Este momento pasará como pasaron San Felipe, San Ciprián, Santa Clara, Eloísa, Hugo y Georges. Saldremos de este trago amargo y construiremos un nuevo país”.

“Conozco a los puertorriqueños. Somos un pueblo trabajador que ha batallado muchas situaciones en el pasado, tantas que ya nadie las recuerda, pero siempre nos las hemos ingeniado para salir victoriosos, quiera el imperio o no”.

Rodríguez recuerda los años de su juventud, en una época en que no había electricidad.

“Nos alumbrábamos con quinqués, hachos y velas. Los jóvenes nunca dejamos de bailar, era verdad que la mayoría de las actividades eran de día, pero siempre hubo reuniones nocturnas”.

“Recuerdos los bailes en las casas o en el Circulo de Recreo de San Germán. Los salones se iluminaban con lámparas de gas, luego llegó la energía eléctrica. Siempre nos hemos adaptado a los momentos”.

“Mis padres bailaron iluminados por velas y quinqués, yo tuve lámparas de gas y luego electricidad… La tecnología del momento ha sido llamada modernidad. Hemos avanzado mucho, pero siempre tenemos que mirar atrás”.

“Ninguna época es mejor que otra. Siempre nos encontraremos en momentos en que debemos recurrir a tecnologías del pasado para poder subsistir. Ahora es tiempo de atisbar el pasado y sacar el armario técnicas que a mi generación les permitió vivir más cómodamente”.

Mercedes Acosta Rivera, 97, de Sabana Grande, concurre con Rodríguez.

“Los que hemos vivido largas vidas conocemos de tiempos de carencia y de grandes limitaciones. Las nuevas generaciones nunca habían experimentado estas limitaciones. Nosotros somos los depositarios de la memoria colectiva”.

“Mis bisnietas han venido a preguntarme como lavar ropa a mano, cocinar con leña y salar las carnes para conservarlas. Mi experiencia les ha servido para sobrevivir en momentos de desesperación”.

“Lo más valioso de todo es que les conté sobre estas cosas, nunca pensé que me escuchaban…”.

“No sabemos cómo suena a tus oídos cuando te dicen “mamá te acuerdas cuando me contaste…”.

“Esta experiencia me reafirma en lo valiosa que es la historia oral. Compartir tus vivencias con las nuevas generaciones puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”.

“Este momento pasará. Se convertirá en la historia que mis bisnietas les contaran a sus nietas. También les dirán que su bisabuela les enseño que al mal tiempo buena cara y que luego de la tormenta el sol vuelve a brillar”.

Puerto Rico atraviesa por momentos críticos. Todos estamos temerosos. Empero la luna llena de anoche brilló como hacía tiempo no iluminaba al Área Metropolitana. Fue un aliciente de esperanza.

“El cielo se iluminó. El universo nos regaló una noche hermosa. Una promesa de que esto pasará, de que reconstruiremos la Patria”, indica Johanna Matos de Guaynabo.

“En unos meses esto será el pasado. Un cuento”.

El fotuto invoca a Yocahú Bagua Maoroti; los riachuelos de Boriquén alaban a Atabey; los tambores de Loíza claman a los dioses de los ancestros que llegaron encadenados y las campanas de las iglesias repican en honor al crucificado.

La cultura se fortalece porque es en la esencia de la puertorriqueñidad donde está la fortaleza que necesitamos para salir adelante en este momento.

“Puerto Rico renacerá de sus cenizas”, afirma Juan Colón de Guayama. “Nos levantaremos para construir un mejor país. Somos boricuas, orgullosos de nuestra herencia”.

“¡Arriba la Puertorriqueñidad!