Harvey Weinstein, el silencio y las brujas

(San Juan, 12:00 a.m.) Hay un escándalo que recurre hoy las calles de Los Ángeles, California. Se trata del cuestionamiento y acusaciones repetidas por parte de más de 60 mujeres, contra el magnate de las producciones cinematográficas de Hollywood, Harvey Weinistein.

El magnate, quien controla buena parte de las producciones en la meca del cine, así como un referente a lo que es una empresa “todo terreno” se encuentra inmerso en las pasadas semanas en acusaciones sobre acusaciones de mujeres que alegan que éste las forzó contra su voluntad a participar en actos no consentidos que van desde situaciones incómodas hasta sostener relaciones sexuales no consentidas.

La crisis que ha producido las denuncias contra Weinstein tiene múltiples ramificaciones. Por un lado, hay algo de “convicción mediática” en todas las acusaciones, pues ha sido de forma reciente que las denuncias se han expresado por las víctimas, y sin haber sido validadas, ninguna de las imputaciones, se ha impuesto un régimen de “convicción y justicia” también mediática.

De otro lado, es sorprendente la cultura de la impunidad que opera en Hollywood, donde la mayoría de la gente en la industria fílmica conocía de la aparente perversidad sexual de Weinstein, y la mayoría de la gente hizo silencio. Cualquier actor, que conoció de la situación, todo indica que hizo silencio. Cómo Quentin Tarantino “nunca le presté mucha seriedad a los rumores”. En otras palabras, tanto, unos como otros prefirieron obviar el tema y participar de la principal casa de producción, Weinstein Productions, de la cual Harvey era uno de sus dueños.

Finalmente, uno se tiene que preguntar, de forma mandatoria ¿si la crisis de Harvey Weinstein habrá de cambiar las formas y manejas de cómo se hacen los negocios en Hollywood. Por la denuncia contra él, y por el silencio que muchos cometieron, todo indica que Harvey Weinstein es solo la punta de una pirámide que envuelve a muchos en esta saga. En particular, que el que caya, y participar, de una forma u otra está colaborando con una situación indebida.

La lección del caso de Weinstein debería de forzarnos a todos y todas a repensar el proceso de acusaciones mediáticas; educación para las víctimas como los agresores; y sobre todo definir unos límites en la interacción social y profesional. Mientras, tenemos que convivir ahora un alto por ciento de la población que prefiere callar o no intervenir, pese re a que los actos incorrectos e ilegales ocurren frente a nuestros ojos todos los días. Pensemos.