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Boricuas ¡Puerto Rico es nuestro!

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(San Juan, 12:00 p. m.) María nos sacó del profundo letargo en que vivíamos los puertorriqueños. Los vientos cortantes y fríos del huracán nos despertaron para que nos fijáramos en las incongruencias de la sociedad puertorriqueña. Las aguas nos limpiaron los ojos, vimos la disparidad abismal entre ricos y pobres, el inmenso número de envejecientes, la criminalidad rampante y el alto grado de corrupción gubernamental.

Despertar del sueño ilusorio de que pertenecemos al primer mundo ha dejado un mal sabor en la boca de muchos. Peor aún, la falta de liderazgo gubernamental en los momentos precisos nos tiró de golpe en la realidad de que somos tercermundistas, latinos con una ciudadanía estadounidense de segunda. Vistos como “bichos” raros a los cuales se les estudia, pero no se les integra por temor a que contaminen el resto de la población.

Esta situación no es nueva, la estamos viviendo a diario desde el 25 de julio de 1898. La historia del siglo XX nos es más que la crónica de los puertorriqueños por su lucha en defensa de su sentido identitario.

Esa lucha está tomando un nuevo giro luego del 20 de septiembre. La proliferación de la monoestrellada es señal de que los puertorriqueños reclaman no solo su identidad sino su tierra.

“Las leyes podrán decir lo que quieran, pero Puerto Rico es nuestro”, afirma Albert Sierra de Río Piedras. “Nuestro pueblo ha vivido en estas islas por milenios y eso nos da un derecho a este lar”.

Sierra, quien reclama su ascendencia taína, luego de recibir el estudio de su genoma, insiste en que María nos “ha inyectado con nuevos bríos y sentido de pertenencia”.

“Las nuevas generaciones han redescubierto su sentido identitario”, afirma. “Nos vemos como un pueblo resiliente, trabajador, estamos cambiando lentamente la visión negativa que nos ha impuesto la metrópoli para descubrir quienes verdaderamente somo. María nos ha devuelto la Patria”.

El arqueólogo Miguel Rodríguez López destaca también la proliferación de banderas puertorriqueñas es una reafirmación identitaria.

“En los pasados días de manera espontánea y contagiosa los puertorriqueños hemos ido colocando nuestra bandera puertorriqueña en automóviles, cafeterías, camiones, postes de energía eléctrica y hasta en hogares y comunidades que fueron golpeados por la furia de María”.

“Ondeamos con orgullo la monoestrellada para honrar y celebrar el triunfo de los boricuas en el deporte, el arte y la cultura. Hoy lo hacemos como símbolo de unidad, identidad, lucha, fuerza, solidaridad y resilencia ante la adversidad”.

La bandera ondea por todas partes. Atrás quedaron los días en que ondearla era un crimen que se pagaba con cárcel.

“La monoestrellada es símbolo de identidad”, afirma el educador e historiador Luis Santaliz Villabella. “Solo los historiadores recordamos los tiempos en que era un crimen poseer una bandera puertorriqueña. Hoy todos la enarbolan, aunque le modifiquen el color del triángulo”.

“No podemos obviar la historia. Debemos recordar que la lucha por el derecho a ondear libremente la monoestrellada ha sido la de un pueblo que se reafirma en su identidad y se niega a ser sometido”.

El estudiante de antropología Kevin Sánchez González hace eco de las del profesor Santaliz.

“La lucha por la Patria es una de resistencia. Aquí quien domina importa poco, siempre y cuando respete el derecho al pueblo puertorriqueño a existir como nación”.

“Nos quisieron americanizar y nosotros puertorriqueñizamos a los recién llegados. Lo haremos una y mil veces porque somos un pueblo con una cultura identitaria poderosa que nos hace libres y soberanos en la esencia”.

“Somos un pueblo guerrero que sabe luchar a cuchillo de palo, que te escucha y te dice ¡Mnjú! cuando no cree en lo que dices, sin injuriarte y con una sola frase te recuerda toda tu parentela”.

El jíbaro puertorriqueño siempre se ha distinguido por ser sumamente astuto. Esta actitud ha sido llamada “jaibería”. Conocedor de la mentalidad humana el campesino boricua es desconfiado, pero hospitalario. Te deja hablar sobre lo que quieras porque como dice el dicho “el pez muere por la boca”, pero de la suya solo oirás lo que entiende pertinente pues en “boca cerrada no entran mosca”.

Es esa astucia sumada al amor a la Patria la combinación que le ha permitido al puertorriqueño sobrevivir 500 años de coloniaje y represión, manteniendo su idiosincrasia.

“Somos jíbaros en esencia”, asegura el historiador caborrojeño Germán Cabassa Barber. “Estamos orgullosos de nuestra identidad, pero conocemos bien a nuestros congéneres y a los representes de la metrópoli. Nos acostumbramos al juego del imperio, adoptamos lo que más nos convino y desechamos el resto. El puertorriqueño es sobreviviente”.

“Las fiestas estadounidenses en nuestro calendario están asociadas a un día libre en el ajetreo del cañaveral y comida gratis por parte de las iglesias protestantes y autoridades gubernamentales. Así celebramos Acción de Gracias, el 4 de julio y los días feriados estadounidenses. Por supuesto las fiestas fueron modificadas a los gustos nacionales, así nació el pavochón”.

“También aprendimos a mofarnos de los amos imperiales sin que ellos se dieran cuenta, como aquello de que “pareces un cuatro de julio”. En fin es una combinación de dime que tienes y te digo como lo adopto”.

Los puertorriqueños estamos claros, somos y seremos boricuas. María nos ha salpicado el rostro para bendecir nuestra identidad. ¡Gracias María por crear conciencia de que somos hijos de Boriquén, Tierra del Altivo Señor, descendemos de Yocahú Bagua Maorocoti, somos nietos de Atabey y bisnietos de Yaya.

No puedo concluir esta columna sin compartir con ustedes esta décima del grandioso poeta nacional don Luis Llorens Torres que recoge muy bien la sabiduría y la astucia que heredamos de nuestros ancestros:


Mnjú

Llegó un jíbaro a San Juan

y unos cuantos piti yanquis

lo atajaron en un parque

queriéndolo conquistar

le hablaron del Tío Sam

de Wilson, de Mister Root,

de New York, de Sandy Hook,

de la libertad del voto,

del dólar, del Habeas Corpus,

y el jíbaro dijo: ¡Mnjú!


Crédito foto: Angel Xavier Viera-Vargas, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/)