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Leonardo Xavier Gonzáles, el multifacético

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Leonardo Xavier González Maldonado es multifacético. Le apasionan los caballos, el arte, la música y últimamente la arqueología. La combinación de esas disciplinas lo conduce, sin querer, a iniciar un estudio sobre los aljibes como depositarios de materiales de los diferentes grupos poblacionales que habitaron el Viejo San Juan.

“Meditaba como estudiante de antropología y arqueología como podía yo aportar a la investigación de los grupos poblacionales del Viejo San Juan estudiando algo que fuese antiguo, que este descartado, pero que realmente es una aportación vital para las civilizaciones venideras”, expone González Maldonado.

“Un día sentado en el patio de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico me llegó la inspiración”.

“Conversábamos estudiantes y profesores sobre los aljibes y como estos, al ser desplazados por la modernidad, se convirtieron en vertederos. Mi mente captó el mensaje, allí se encontraba la evidencia para saber cómo vivieron las personas que habían usado el edificio”.

“Ha sido interesante por demás toda la utilería encontrada en los aljibes”.

Los aljibes del Barrio Ballajá se construyeron en la década de 1850 por maestros canteros traídos desde España por el Cuerpo de Ingenieros del ejército. Los construidos incluyen los de la Casa de Beneficencia (hoy la sede del Instituto de Cultura), el del Cuartel de Ballajá, el del Manicomio Insular o Casa de Locos (hoy la Escuela de Artes Plásticas). Los maestros canteros eran expertos en mampostería y en el recogido de agua que llegaba a través de la lluvia.

“Muchos de estos maestros canteros eran masones. Estos registraban su afiliación a la masonería esculpiendo, firmando y marcando sus edificios con símbolos asociados a los diferentes grupos masónicos”.

Los aljibes perdieron su utilidad con la llegada del agua potable, sin embargo el paso del huracán María y la escasez del preciado líquido hacen repensar en el reusó de los mismos.

“Debemos enfrentar la realidad en que vivimos y el impacto de María en la sociedad. Los aljibes son prácticos y su construcción es menos costosa que la de otras alternativas. Debemos rescatar los aljibes existentes en el Barrio Ballajá y construir otros para recolectar el agua de lluvia. A estas se le pueden dar tratamientos y usarse para menesteres como lavar y bajar los sanitarios”.

“Ahora es un buen para revivir el Proyecto del Senado R.C. del Senado 685 que clama por el rescate de los aljibes del Barrio Ballajá para satisfacer las necesidades de agua del Viejo San Juan”.

La investigación de González está recién comenzada. Con la colaboración del Dr. Ignacio Olazagasti del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. El título de la investigación es, “Los aljibes en el Barrio Ballajá: Depositarios de materiales y registro de marcas masónicas”.

Los aljibes son desconocidos para las nuevas generaciones, pero en su momento fueron la principal fuente de agua para San Juan y otras ciudades de Puerto Rico.

Si investigar los aljibes es sugestivo por su potencial informativo y de posible reúso, también lo es la vida de González.

Leonardo Xavier nació en Aibonito. Es hijo de Leonardo González Rivera y de Judith Maldonado Dueño. Tiene cuatro hermanos, Cindy, Sharon, Rafa y Marisol. Su educación elemental, intermedia y superior la cursó en escuelas de Aibonito y Coamo. Ingresó a cursar estudios universitarios en el Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico. En la universidad, a principios de la década de 1990, dedicaba su tiempo libre a la música y a la caballista.

“Me crie en la montaña. Como buen puertorriqueño de tierra adentro estuve expuesto a los caballos desde niño. Aprendí mucho con expertos en el hipismo, el paso fino, bellas formas y rodeos”.

La pasión por el deporte de los caballos lo llevó a estudiar en la Oklahoma Horseshoeing School, siendo el primer puertorriqueño en graduarse como herrero profesional y dentista de caballos. Trabajó por varios años en reconocidos potreros.

“En uno de mis viajes a San Juan descubrí un edificio en forma de letra “E” con una fachada europea. Era la Escuela de Artes Plásticas. Intrigado entré y matriculé en el Departamento de Escultura porque esculpir es lo más que se parece a la fragua y al yunque que yo dominaba”.

“El reto en creatividad e intuición era similar a la herrería, solo que además del hierro ahora trabajaba con madera, mármol, cerámica y muchos otros materiales que se pueden incorporar a una escultura”.

“Los cursos electivos los aproveché en el Departamento de Educación, logrando graduarme con un bachillerato en Educación de Arte y otro en Escultura. Fui el primero en graduare con dos bachilleratos en la institución, ser presidente del Consejo de Estudiantes dos veces y el primer representante estudiantil en la Junta de Directores de la Escuela”.

La fascinación por lo artístico lo llevó a un mundo rico en formas y culturas.

“En la Escuela de Bellas Artes descubrí la belleza de la antropología y la etnografía. Estudiar en el Viejo San Juan me motivó a querer investigar los secretos que ocultan las estructuras y los terrenos sobre los que están construidos”.

“Me preguntaba cómo podía yo investigar algo que fuese antiguo, atesorara elementos importantes para el estudio de las poblaciones humanas, hubiese sido descartado, pero que tuviera un gran potencial si era reutilizado. En estas descubro los aljibes e inicio mis investigaciones”.

“¿Cómo categorizamos la utilización de un material arqueológico-arquitectónico que es perdurable, reutilizable y duradero? ¿Podemos hablar de arqueología duradera, utilitaria, práctica, arquitectónica o simplemente de arqueología histórica?”

“Espero encontrar las respuestas durante mi investigación. Mientras tanto debemos de repensar el uso de los aljibes y comenzar a recolectar el agua de lluvia para hacerle frente a todos los retos climáticos que nos enfrentamos en el siglo XXI”.