Rosario Méndez Panedas frente a nuestra cultura

(San Juan, 12:00 p.m.) La cultura puertorriqueña se está autoevaluando para desembarazarse de elementos impuestos por tradiciones arcaicas elitistas y discriminatorias. Este proceso se inició en la década de los 1990, pero alcanza su punto máximo en la primera década del siglo XXI, cuando la cultura puertorriqueña deja de ocultar sus raíces afrocaribeñas.

El discurso de la negritud del caribe francés penetra en la cultura puertorriqueña revolucionando lo negroide, calificado como un término racista, para convertirse en negrista. África despierta en nuestra conciencia rompiendo con el prejuicio europeo para que palpemos la inmensidad de sus múltiples culturas y pluralidad de etnias.

“La negritud es un movimento cultural, político de reivindicación de los valores de la cultura negra, especialmente en el área del Caribe. Tuvo su máximo desarrollo en la primera mitad del siglo XX, como respuesta precisamente a la discriminación racial. Es también un deseo de valoración y afirmación del elemento africano presente en el Caribe, expresa la Dra. Rosario Méndez Paneda.

La revalorización del elemento africano contrapone la visualización del esclavo sumiso versus la de un pueblo indómito que se rebeló física y espiritualmente contra sus opresores para mantener su hegemonía cultural. El látigo no doblegó al aficano sino que lo llevó a desarrollar un movimiento subversivo que supo penetrar en la sociedad para imponer su huella.

“La cultura puertorriqueña es una cultura caribeña, con las tres razas presentes en todo el Caribe: la indígena, la negra y la blanca. La fusión de esas tres razas está presente en todos los aspectos culturales de la isla, por ejemplo en la música, la gastronomía, el lenguaje e incluso el sincretismo religioso”.

“No me queda duda, definitivamente Puerto Rico es una cultura negra, caribeña.

La manifestación del temor hacia el negro indomable es lo que llamamos racismo; concepto que intenta desprestigiar, humillar e inferíorizar al africano subsahariano. El racismo se ha manifestado en la sociedad puertorriqueña en diferentes formas que van desde lo verbal a lo material, aunque algunos intentan negar su existencia y manifestación.

“Sí existe discriminación racial en Puerto Rico. Es un racismo solapado que se ve en todas los aspectos de la sociedad, en el lenguaje está muy presente: expresiones como por ejemplo "pelo malo" "mejorar la raza" "es negra pero muy buena" "es un negro guapo con rasgos perfilados" son ejemplos del racismo en el lenguaje. En las posiciones de autoridad ya sean políticas, económicas o religiosas es también escasa la presencia de personas negras”.

Durante la época colonial española y los primeros cincuenta años de la dominación estadounidense el racismo fue muy palpable. Famosa es la negativa de la cantante Rut Fernández de entrar por la cocina en un hotel o la obra de teatro Vejigantes de Francisco Arriví. Pero el discrimen de género era y es aún mayor.

“A lo largo de la historia de la humanidad, la mujer siempre ha estado relegada en todos los movimientos político-sociales y culturales. En la época de la esclavitud en el Caribe, ser negro era difícil, fue muy doloroso, los negros eran considerados objetos que se podían comprar y vender, pero ser mujer negra era aun más difícil; Además de enfrentarse a la discriminación por raza, las mujeres tuvieron que luchar también contra la discriminación por género”.

“Las mujeres negras sufrieron abuso sexual, vejaciones, maltrato, humillaciones y sin embargo muchas de ellas lucharon y mostraron una gran rebeldía. Hay casos documentados en la historia de mujeres esclavas que sometieron quejas a las autoridades por el mal trato al que eran sometidas. Las mujeres negras perdieron su lengua, su cultura, sus nombres, les separaban de sus hijos cuando cumplían los tres años”.

“El desarraigo cultural, familiar al que fueron sometidas en la época de la esclavitud hace necesario su rescate, es una deuda histórica y humana. El poder contribuir a que las mujeres negras estén más presentes en la historia de Puerto Rico, se les reconozca su aportación y su lucha para que se las escuche es un privilegio para mí como mujer y como educadora”.

La mujer sigue siendo discriminada en Puerto Rico y en la mayor parte de los países del mundo

“Las mujeres somos más o menos el 50 por ciento de la población, sin embargo seguimos siendo una minoría en muchas áreas de la sociedad. Aunque ya no tenemos que disfrazarnos de hombres para tener acceso a la universidad como les tocó hacer a muchas mujeres en el siglo pasado, y aunque nos educamos cada vez más, en muchos países las mujeres tienen más educación formal que los hombres, sin embargo el acceso de la mujer a posiciones de poder todavía es muy reducido; en muchas áreas laborales las mujeres no han logrado las mismas condiciones salariales a pesar de que llevan a cabo las mismas tareas que los hombres, hay una clara discriminación en relación con salarios y acceso a posiciones de liderazgo”.

“La mujer es esa parte de la sociedad que sigue siendo maltratada en casi todas las partes del mundo y que muere en manos de sus compañeros en muchas ocasiones. La mujer negra está doblemente discriminada por género y por raza”.

La educación es la única arma capaz de desarraigar el racismo en la sociedad puertorriqueña, afirma Méndez Paneda.

Los puertorriqueños tenemos que gestar conciencia del discrimen de género y racial que existe en Puerto Rico para construir una sociedad igualitaria e integrada que potencialice el desarrollo de todos los puertorriqueños.

La Dra. Rosario Méndez Panedas obtuvo su doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Syracuse en el estado de Nueva York. Estudió su Licenciatura en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Posee diversas publicaciones de artículos de crítica literaria en revistas académicas de Europa, Estados Unidos y Puerto Rico. En la actualidad es catedrática del Departamento de Lenguas y Literaturas en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, recinto de San Germán, ciudad en la que reside junto a su familia.