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Gilda Pastor Cortes y la diáspora

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(San Juan, 1:00 p.m.) La migración puertorriqueña de los años 1960 al 1950 llegó a la Ciudad de Nueva York en cuerpo, pero no en alma. La esencia de su ser se quedó deambulando por los montes, playas y valles de la Patria. Dejaron sus casas porque la desesperanza, la pobreza o la persecución política los obligaron a desarraigarse de su terruño. Junto a ellos llevaron los símbolos patrios que los mantuvieron unidos en mente y espíritu a la Patria que dejaban atrás físicamente, pero que cargaban en el relicario de su conciencia.

La pava, el machete, la bandera, los Reyes Magos y el puño marcaron los ideales patrios de los emigrantes boricuas. No estaban en su lar, pero lo implantaron en las calles neoyorquinas. Proliferaron las bodegas, los vendedores ambulantes, los piragüeros, los verduleros, los tabacaleros y los fritureros. La música tradicional llenaba el ambiente de nostalgia y reafirmaba el amor a Borinquén.

El sentido identitario pasó de padres a hijos y nietos. Esas nuevas generaciones conceptualizaron un paraíso utópico al que llamaron Patria, no la de sus padres, la de ellos mismos. Esa Patria cobró vida a través de la creatividad en forma de literatura, música y plástica.

Adornaron las calles con murales donde expresaron su amor a la Isla. Estos murales recogían los símbolos de la puertorriqueñidad y honraban a los próceres, hombres y mujeres de los cuales solo habían escuchado hablar a sus mayores. Las nuevas generaciones aprendieron a idolatrar a Puerto Rico, sin importar que a veces eran rechazados por sus congéneres isleños porque hablaban un español “agringado” o solo hablaban inglés.

Sin embargo, la magnitud de ese fervor patrio era desconocida en la Isla hasta que el huracán María nos golpeó con toda su furia. Es esa diáspora o Patria extendida la que vino al rescate de sus hermanos y se mantiene vigilante para asegurar el bienestar de los que habitamos la tierruca.

Fuera de este momento histórico la manifestación de la cultura puertorriqueña en los Estados Unidos ha sido poco estudiada por los historiadores del país. Muchos la ven como algo foráneo que no tiene que ver con el acervo local. Otros lo limitan al Desfile Puertorriqueño de la Ciudad de Nueva York. Pocos han deambulado por las calles de las grandes urbes estadounidenses para descubrir una puertorriqueñidad vibrante, orgullosa de sus raíces y conscientes de su sentido de pertenencia.

La Dra. Gilda Pastor Cortés se aventuró por las calles neoyorquinas en el 2007 en busca del sentido identitario puertorriqueño y su huella en la gran urbe. Descubrió un mundo fascinante.

¿Qué te motivo para el tema?

-Seleccioné este tema porque reúne aspectos importantes para mí como artista, educadora e historiadora.

-Por un lado, mi pasión es el arte en todas sus formas. De hecho, mi bachillerato es en Humanidades con una concentración en Artes Plásticas y especialidad en pintura de la Universidad de Puerto Rico. Históricamente, la expresión pictórica ha sido fundamental en el estudio de las primeras civilizaciones de la Humanidad y hoy día sigue siendo así. Por eso, el tema de los murales se prestaba para hacer ese análisis histórico, político y nacional creado por crecieron fuera de la isla o puertorriqueños nacieron fuera de ella y que sin embargo, se siente tan, o más puertorriqueños que los que viven en el país.

-A esto se suma mi interés de insertar a los “niuyoricans”, a ese ‘otro’ puertorriqueño excluido del discurso oficial de nuestra historia. Ese puertorriqueño que percibimos como un ser lejano, a veces hasta fantasmagórico y demasiadas veces como un ente raro. Sabemos que hay un sinfín de artículos relacionados al tema en revistas especializadas, estudios sociológicos, y otras disciplinas, pero no desde el punto de vista que los traigo en esta investigación. Esos puertorriqueños también son parte de nuestra historia y su impacto es impresionante en nuestra cultura.

¿Cuál es el mensaje que deseas llevar?

-Precisamente lo que acabo de decir. Los puertorriqueños de Nueva York han tenido un impacto importante en la cultura puertorriqueña desde diferentes ámbitos y hay que reconocerlos oficialmente e incluirlos en la configuración de la narración histórica de Puerto Rico.

¿Cuáles son los símbolos de la identidad nacional?

-Definitivamente, la bandera monoestrellada en sus colores originales. Después de esta, lo que se repite con insistencia es el coquí, el jíbaro, el machete, la pava y paisaje tropical de montañas y playas. Bajo los aspectos políticos, la representación de la bandera de Lares y Puerto Rico juntas, la figura de Betances, Don Pedro Albizu Campos. El machete, que es un símbolo frecuente en los murales, es un elemento que representa lo subversivo, la protesta contra la situación política históricamente impuesta a la isla, la injusticia social y económica.

¿Qué pintores son los principales exponentes de la idiosincracia puertorriqueña?

-En nuestra historia tenemos excelentes pintores que dentro de su producción han creado obras icónicas que representa nuestra idiosincrasia. Podemos mencionar a Campeche, que interpreto su aire subversivo en su insistencia en incluir detalles autóctonos en sus obras barrocas, como las Hijas del Gobernador de Castro o el Gobernador Ustáriz; definitivamete, Oller, Frade, Ríos Rey, Rafael Tufiño, Carlos Irizarry, Domingo García,Nick Quijano, entre otros.

-De New York, María Dominguez, Vagabond, James de la Vega, Manny Vega y Antonio “Chico García.

-Es importante decir que de la producción iconográfica de los artistas en Puerto Rico, muchos muralista en El Barrio tomaron prestadas imágenes para expresar ese discurso nacional.

¿Cómo defines cultura puertorriqueña? ¿Cuáles son sus principales características? En la evolución de la cultura ¿Hacia dónde se dirige? ¿Cuál es el impacto del Internet en la cultura? ¿Sobrevivirá la cultura en un mundo tecnológico?

-Esto es una pregunta compuesta. La cultura es una piedra preciosa con muchas facetas. Entre las definiciones que nos aporta la antropología, nos dice que cultura se relaciona a algo que se cultiva. Los grupos, los barrios, pueblos, países cultivan unas actividades, valores, creencias. La mezcla de estas cosas las vemos función en la vida cotidiana.

-¿Qué se cultiva como grupo étnico? El idioma, la comida, la música, las formas de ser con el otro o la convivencia, la producción visual de lo que representa la nación. En estos aspectos, nuestra cultura es bien fuerte.

-Nos distinguimos por ser alegres e indelebles ante la adversidad. Somos altamente creativos. Los nativos de este país han tenido que reinventarse muchas veces durante los últimos quinientos años. Nuestra idiosincrasia única en el mundo: somos una cultura de contacto. Los puertorriqueños besan y abrazan a todo el mundo dondequiera que los encuentren. A todo le ponen música y le inventan un chiste.

-¿Cuáles son los elementos que caracterizan una cultura? Su idioma, su comida, la música, las artes y las artesanías. Las artes representan e interpretan, pero las artesanías producen elementos derivados de una materia prima que se obtiene del entorno natural: maderas, barro, semillas, hojas, piedras, entre otras.

-Nuestra cultura está marcada por un ansia de celebración constante a pesar de la adversidad. Se ve a través de la música de plena, la salsa, en obras de arte costumbristas, clásicas y modernas. Nuestra gastronomía se impone dondequiera que vayamos. Se distingue por el apego y admiración por la patria y sus atributos: las playas, los montes, los verdes del paisaje, el coquí.

-En su evolución, nuestra cultura, como ente vivo, es afectada por los eventos históricos y el devenir mismo de la vida, pero siempre mantiene su aspecto más básico. Por ejemplo, el reggetón, que es un producto musical nacional, ha influido a todos los demás géneros musicales, como la salsa. Sin embargo, la salsa sigue siendo una institución musical nacional. El Huracán María, que además de haber dejado el país en pedazos y haber expuesto el desmadre gubernamental, como un valor añadido, tenemos una producción artística a todos los niveles: desde la creatividad en los memes, hasta canciones que marcan el momento en nuestra historia, fotografías, pinturas, murales, nuevas recetas, entre otras cosas, pero siempre mantenemos elementos básicos que nos definen culturalmente.

-Pienso que la cultura se dirige a una definición más evidente de sí misma por las nuevas circunstancias. Me refiero a la nueva diáspora. Hay una renovación del compromiso cultural a nivel local y los que se van se llevan consigo este bagaje y lo buscan en esos otros lares o lo producen ellos mismos.

-Me parece que el Internet, lejos de ser un ente detrimental de la cultura, más bien ha sido un hilo conductor para mantener la cultura viva y activa a través del mundo cibernético. Y pienso que la cultura, nuestra cultura, no solamente sobrevivirá en el mundo tecnológico, sino que se fortalecerá.

¿Crees que hemos sido influenciados positiva o negativamente por la cultura estadounidense?

-Esta pregunta es profunda y digna de una discusión más extensa, pero puedo decir que aunque los matices de la vida cotidiana nos impiden ver con precisión los modos exactos en que la cultura estadounidense nos ha influenciado, la contestación es que sí, que nos ha impactado positiva y negativamente. Positivamente porque nos ha hecho mirarnos para valorar lo bueno que somos y lo que tenemos como cultura y como nación. Al mismo tiempo nos ha tirado cortinas de humo para confundirnos en la tiniebla de la ignorancia.

¿Quiénes son los muralistas más importantes de la diáspora?

-Todos son importante, sin embargo, los más prolíficos en el tema de la nacionalidad, que es el tema que me ocupa, son Manny Vega, James de la Vega y Vagabond. Desde que hice mi estudio de campo en el 2007 tienen que haber aparecido otros artistas con nuevos murales y nuevas preocupaciones. Ya no necesariamente en el Barrio de New York, porque los puertorriqueños que ocupaban ese espacio evolucionaron y se movieron a otras áreas u otros estados de la nación. Pero dondequiera que hayan puertorriqueños, es seguro que vas a encontrar murales alusivos a nuestra cultura.

¿Cuál ha sido el impacto de la diáspora en la cultura nacional en el sentido identitario?

-Desde la ausencia y la distancia, los puertorriqueños que tuvieron que migrar, desarrollaron una obra cultural sin precedentes. En New York, los puertorriqueños colonizaron el espacio del colonizador a fuerza de resistencia de una cultural. Las fronteras del Barrio limitaban el espacio del santuario donde se vivía la cultura. Allí pervivía el imaginario nacional y desde allí se produjeron obras literarias importantes, canciones que enaltecen el repertorio musical a nivel internacional. Por dar ejemplos conocidos: Rafael Hernández compuso Mamá Borinquen me llama, Noel Estrada, En mi viejo San Juan. ¿Qué me dices de José Luís González y La noche que volvimos a ser gente o La carta? Ni hablar de la famosa Guagua Aérea, Latin Café de Judith Coffer.


-En New York despuntaron actores importantísimos para los puertorriqueños y para el mundo, como José Ferrer, Rita Moreno, Raúl Juliá, Jimmy Smith, entre otros. En años más recientes podemos mencionar a Marc Anthony y Jeniffer López. Ellos son producto de la diáspora. El impacto de la diáspora ha sido una de proclamación y reafirmación de la identidad nacional.

¿Te visualizas como agente de concientización cultural?

-Sí, porque vivo enamorada de mi país y mi cultura. Desde la posición privilegiada de ser educadora, hago mi trabajo con pasión, amor y mucha fe en un Puerto Rico mejor. Es mi deber y mi obligación y mi orgullo.

¿Cuál es tu función como historiadora?

-Mi función es, por un lado investigar y aportar al acervo de conocimiento que ya está registrado, presentarlo como una pieza más del complicado rompecabezas de nuestra historia, analizarlo y compartirlo en las maneras más eficaces posibles.

-El amor por la cultura puertorriqueña de Gilda Luz Pastor Cortés nació en las conversaciones con su padre Jorge Pastor. Pastor; asiduo participante de las antiguas tertulias sanjuaneras estimulaba a su hija a leer y aprender sobre su Patria.

-Nació en Santurce, su espíritu inquisitivo la llevó a revivir la historia en los antiguos edificios de la Isleta. La magia de la Ciudad Amurallada se fue con ella cuando se trasladó a vivir a Carolina con su madre María Milagros Cortés. Pastor Cortés es la quinta de seis hermanos, madre de dos hijos: Daniel y Karen y abuelita de tres niñas y un varón: Ángela, Nicolás, Amanda y Sophia.

-Obtuvo una licenciatura en Humanidades con especialidad en Artes Plásticas y otra concentración en Educación Secundaria de la Universidad de Puerto Rico del Recinto de Río Piedras. Estudió con el maestro Rafael Rivera Rosa, la excelente artista, Susana Herrero, Roberto Barreras, entre otros importantes maestros del arte contemporáneo.

-El amor por las artes y la historia y su compromiso comunitario la llevaron a obtener una maestría en Administración de Asuntos Públicos con una concentración en Administración de las Artes en la Universidad del Turabo en Caguas. Estudió su doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Historia de Puerto Rico e Hispanoamérica en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Su tesis doctoral es una investigación interdisciplinaria dedicada al estudio de murales, se titula El análisis del discurso histórico, político y nacional en los murales de El Barrio en New York. La misma está en proceso de edición para ser publicada próximamente.

-La doctora Pastor ha sido profesora en varias universidades durante los últimos dieciocho años dentro y fuera de Puerto Rico.