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Por la muerte de Jesús Cristo… te perdonamos

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) La cristiandad conmemora hoy la muerte de Jesús, el Mesías, en una cruz en el Golgota, un monte a las afueras de Jerusalén. La tradición dos veces milenaria hace un llamado a la meditación sobre el sacrificio del Hijo de Dios por el perdón de los pecados de la humanidad. Los fieles católicos se abstienen de comer carne y muchos ayunan a modo de penitencia y agradecimiento.

Hoy, al igual que el Sábado de Gloria, antes de la Vigilia Pascual, no se celebran misas. La conmemoración es simple, como lo fue la vida de Cristo. El altar de la iglesia es despojado de ornamentos, se vacía el sagrario y no se adorna el presbítero con flores. El luto en la iglesia es riguroso, nada desvía la atención del creyente del altar y la cruz, símbolo del sacrificio pascual.

La adoración de la cruz es un llamado al perdón, como lo hizo Jesucristo, quien a pesar de haber sido azotado y humillado le pidió a su Padre que perdonara a sus verdugos porque “no saben lo que hacen”. Cristo en la cruz sufrió dolor, pero mantuvo su fe. Aceptó el Mesías su calvario y se entregó a la misericordia divina.

En la cruz, Jesús es humano, pero se engrandece ante la adversidad y fundamenta los principios de la de que serán la base del ministerio de sus discípulos. Cristo es ejemplo y el primer mártir.

Meditamos los cristianos en los siete mensajes que nos Jesús durante su suplicio agónico en un madero de tormento:

Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen (Lucas 23, 24).

Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso (Lucas 23, 43).

Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre (Juan 19, 26-27).

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Marcos 15, 34).

¡Tengo sed! (Juan 19, 28).

Todo está consumado (Juan 19, 30).

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46).

Algunas de las tradiciones más importantes de la festividad litúrgica son la procesión donde se reviven las 14 estaciones del Viacrucis y se concluye con el santo entierro. La visita a los siete monumentos o templos para escuchar el sermón de las siete palabras, la narración de los siete episodios de la pasión de Jesús a partir de la Última Cena, siendo el último el Viacrucis.

El cristianismo honra el sacrificio del Mesías, pero solo las iglesias católica, anglicana, luterana y ortodoxa lo conmemoran con rituales lúgubres que recuerdan el dolor de la pasión del Señor.

La celebración del Viernes Santo ha evolucionado con el tiempo. La formalidad que regía la fiesta se ha ido flexibilizando según cambian los valores de la sociedad puertorriqueña. Muchas personas no van a la iglesia, ni participan en los actos de fe como lo son las procesiones. Las generaciones más jóvenes, a partir de la década de 1980, prefieren irse a la playa.

La crisis generada por la pérdida de los valores religiosos nos ha sumido en el hedonismo, en una cultura de irrespeto a la vida y maltrato a los demás. Hoy es un buen día para repasar los valores religiosos, o aquellos principios que están asociados a las creencias de una persona acorde a la religión que profesa. Estos valores son impuestos por una autoridad o están basados en el libro o estatuto de creencias de los fieles.

Los valores religiosos pueden coincidir con los valores ético-morales que observan los laicos en una sociedad porque son principios universales basados en la experiencia y la enseñanza educativa. Ejemplo de estos valores son la solidaridad y el respeto.

Los valores religiosos más importantes son:

-El amor a los demás.

-La caridad o la ayuda a los necesitados

-La misericordia, o la capacidad que tenemos los seres humanos para poder entender, comprender y perdonar a los demás en los pecados que han podido cometer en algún momento.

-El respeto a los dogmas o creencia de la fe que profesamos.

Otros valores religiosos que son importantes son: la tolerancia, la honestidad, la beneficencia, el respeto a los demás, la dignidad y, por supuesto, cumplir con los deberes y preceptos establecidos por la creencia religiosa.

Los cristianos debemos revisar nuestra escala de valores. En Puerto Rico valores negativos como la mentira, el engaño, la traición, la corrupción, el robo, el irrespeto, el odio, la envidia… se han apoderado de la sociedad conduciéndonos por un derrotero de destrucción. Los políticos han glorificado el pillaje e incitan el fanatismo, el divisionismo y el odio entre hermanos para mantener a sus seguidores sumidos en el servilismo.

Religiosos inescrupulosos reniegan del principio de amor y aceptación del prójimo predicado por Cristo. Condenan y enajenan a los demás porque no creen en sus principios, reniegan de la diversidad y rechazan la pluralidad de vida del ser humanos.

La sociedad debe reevaluar sus creencias acorde al mensaje de amor de Cristo. Jesús se rodeó de los enajenados, los rechazados de su tiempo. Entre sus seguidores había ladrones, usureros y prostitutas. Cristo vino a sanar la humanidad y esta ha prostituido su mensaje ajustándola a sus limitaciones y pasiones.

¡Qué Cristo renazca en nosotros en todo su esplendor y gloria para que sanemos nuestra sociedad y rescatemos a Puerto Rico de las manos de los falsos profetas que lo destruyen!

No puedo concluir sin recalcar que el misterio de la pasión de Jesucristo es mucho más antiguo que nuestras creencias cristianas. De hecho toda la festividad de la Semana Santa está basada en tradiciones muy antiguas que conmemoran la primera luna llena de la primavera. Es una fiesta de las estaciones del año y la regeneración de la naturaleza. Muere el invierno, asociado a un varón sacrificado, para que su hijo nazca. Tal vez el mito más conocido sea el de la muerte de Osiris, esposo de Isis, mujer sacrificada que vaga por la tierra en busca de los pedazos del cuerpo de su esposo para devolverle la vida, quedar fecundada para dar nacimiento a Horus.

Lo importante al final de cuentas no es la creencia sino el principio de que Dios es amor y si en tu pecho no anida este, con la aceptación y respeto a la diversidad y pluralidad que este implica, no lo conoces. Aprendamos a amar al prójimo libre de prejuicios para que seamos verdaderos cristianos. ¡Bendecidos!