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Luis Enrique “Tite” Vázquez presenta libro de microrrelatos

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) La brevedad de la vida se manifiesta en el mensaje certero de un buen cuento. Lograr ese cometido no es tarea fácil. Los lectores exigen mayor brevedad en extensión del texto, pero más adrenalina en su contenido. Ese balance lo logra Luis Enrique Vázquez Vélez en su nuevo libro “El pezón y otras anatomías mínimas”.

La obra es una colección de 53 cuentos breves e hiperbreves, dividido en tres segmentos, editados por la Editorial EDP University. El libro se presentará el jueves 10 de mayo a las 7:00 p.m. en la librería Casa Norberto, tercer piso de Plaza Las Américas en Hato Rey.

El libro es el producto de un coqueteo del autor con los “microcuentos, minicuentos, microrrelatos, nanorrelatos, ficción mínima (súbita o urgente), cuentos en miniatura o de tarjeta postal, minificción, microficción” o como a usted le plazca llamarlos, que se inició en el 2010.

“Como una suerte de nocaut fulminante al mentón, comenzó mi relación con un género literario lúdico que engloba estrategias múltiples de escritura: la microficción”, comenta Vázquez Vélez.

La riqueza del contenido narratorio de “El pezón” es de tal magnitud que te absorbe de tal manera que es imposible dejar de leer los cuentos. Los cuentos breves o microcuentos es un género literario novedoso que ha tomado auge en los últimos veinte años. Empero la historia del nanorrelato se remonta a los inicios de la escritura. Enfatiza el autor de “Secretos inconfesos” (Ludika, 2015) que este estilo narrativo “exige un tipo de lector avanzado y cómplice, especialmente activo, y su principal enemigo radica en su aparente y engañosa facilidad”.

Sin embargo, el secreto del cuento no se oculta en su brevedad sino “en su intensidad, impacto súbito y elipsis”. Por otro lado, convertirse en un artesano de esta forma expresión narrativa constituye “un reto mayúsculo”.

“El dominio de la técnica de esta forma ingeniosa de contar historias, el golpe certero y la creatividad en el uso de temas, la perfección formal de las piezas cortas y ultracortas, y la utilización acertada de los recursos propios del género: la ironía, la paradoja, la irreverencia, el humor, la intertextualidad, la referencia histórico-cultural, entre otros”.

La narrativa manifiesta esa diversidad de temas de la que nos habla el escritor.

La religiosidad, por ejemplo, se manifiesta en la obra de Vázquez Vélez como una abjura a los conceptos tradicionales aprendidos en su formación religiosa. El cuento que da nombre al libro, “El pezón”, es toda una fiesta de sexualidad y conceptos religiosos encajonados en lo incierto que es el futuro luego del último suspiro. Lo pecaminoso y aberrante se junta en el repudio a los símbolos sagrados del catolicismo en “Secretos inconfesos” o en “Mesías de nuevo cuño”.

Los caminos de Tánatos se entrecruzan con la vida con una fuerza descomunal. “Mariposas prietas” la vida que se extingue se integra a la natura para golpearnos en la conciencia de la no existencia. La putrefacción de la carne que intentamos ocultar tras creencias impuestas sobre la muerte sobresalta en estertores agónicos en “Mi abuela araña”. “En puta muerte” Luis Enrique nos recuerda la brevedad de la vida, lo efímero de un instante, la oportunidad perdida y la crudeza de dejar inconcluso sueños cuando “la puta muerte nos caza a todos”.

El autor desempolva hombres lobos y vampiros para crear conciencia de problemas sociales que deterioran nuestra sociedad. En “Único testigo” nos interpela a enfrentarnos a la National Rifle Association y su poderosa presencia en la nación estadounidense. La negligencia social con los adictos queda expuesta en “Neuntöter”, la historia de un vampiro rehabilitado que es forzado a buscar victimas por un sistema indiferente a su problemática.

La sexualidad humana en su pluralidad de afectos y pasiones nos captura el intelecto en relatos como “El último polvo cósmico” o en “El otro lado”.

La dualidad de la verdad es recogido en historias como “Por lo bajo” donde el lobo feroz cuenta la historia inverosímil de la desaparición de Caperucita Roja, siendo el único testigo Pinocho. El Aladino de “El floridiano” nos lleva a cuestionar la historia criminal de muchos, que con el tiempo, se convierte en memoria omitida. Personajes tradicionales de viejos cuentos infantiles cobran vida de una manera distinta, sin alterar sus identidades.

El autor cuestiona también su creatividad y fustiga su intelecto. Reflejo de la lucha continua por crear algo innovador capaz de grajearse el afecto de los lectores queda plasmada en “De espejos y reflejos”.

La mitología también está presente en “El pezón…”. La historia de Perseo resurge en “Medusa” como una burla a los legisladores que desperdician el tiempo en leyes cuestionables y adulaciones fatulas. “Ícaro” nos recuerda que el orgullo precede a un ruidoso estrellarse.

“El pezón y otras anatomías mínimas” es una obra para repensarnos la realidad y conceptualizar nuevos paradigmas. Nos enfrenta a nuestros fantasmas, nos arroja al averno, para resucitarnos con el disfrute de la buena lectura.

No espera menos del autor. Me reencontré con Luis Enrique Vázquez Vélez en andadas literarias. No lo veía desde que era un niño. El cambio fue trascendental. El hombre de hoy es un quijote armado de párrafos y versos que deambula por los caminos de la Patria compartiendo su arte y apoyando el de otros.

En esos reencuentros escuché atento sus lecturas y viví sus poemas. Luis Enrique es poseedor de un verbo seductor que atrapa al lector y lo transforma en adicto de su trabajo creativo. Tiene ese toque especial de escoger la palabra correcta para expresar el sentimiento o perpetuar el momento. Degustar de su obra es un paseo por las siete ciudades de Cíbola o haber encontrado el Dorado ansiado por muchos y encontrado por pocos.