Mar08202019

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Rechazo cultural al acondicionamiento colonial

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Hay acondicionamientos coloniales que no importa el transcurso del tiempo ni cuantas metrópolis estén envueltas son permanentes. Ese es el caso de los condicionales o leales. Los condicionales son un cáncer que corroe la sociedad porque impiden un cambio. Sobre ellos se afianza el poder colonial, se justifica el sistema y se evitan los cambios.

Los condicionales son aquellos ciudadanos que dan por bueno todo lo que decida la metrópoli. Se consideran leales al régimen porque no cuestionan, no protestan, no razonan. Simplemente avalan la existencia del régimen y valoran el servilismo. Algunos reciben algún tipo de beneficio económico, pero la mayoría son simplemente seguidores que temen un cambio trascendental que altere su existencia y establezca responsabilidades.

Estos ciudadanos existieron en tiempos de España. Evitaron la integración a la metrópoli como provincia, persiguieron a los autonomistas y fueron enemigos acérrimos de la independencia. Estos perpetuadores de la colonia avalaron la persecución de todos aquellos que no concordaban con sus puntos de vista. Aplaudieron el código negro, el régimen de la libreta y toda medida opresiva, aunque se la auto infligieran.

Con la invasión del 98, no cambiaron de actitud, simplemente de metrópoli. Se ajustaron a las nuevas condiciones y se acomodaron en un lugar privilegiado para chupar de la teta. Los más listos engrosaron sus bolsillos y convencieron a otros no tan afortunados a emular su ejemplo. La permanencia colonial es su único ideal, aunque paguen un alto precio.

Están tan entregados al masoquismo que ni siquiera les perturba el perder un por ciento de su pensión, entregar los derechos laborales adquiridos y someterse a nuevas contribuciones. Les gusta sentir el flagelo sobre su carne, se sienten bendecidos y alcanzan la catarsis con cada nuevo latigazo. Temen que el cambio desestabilice su conveniencia y perturbe a la vaca de cuya teta chupan. No tienen compromiso social, solo les interesa su lealtad aunque esta represente el suicidio.

Impiden el cambio y sabotean toda acción que lo motive, sin embargo, si se logran las luchas, son los primeros en felicitarse porque recibirán los beneficios a pesar de ser sus grandes saboteadores.

Es más, el nivel de mediocridad en el país es resultado de esa clase de ciudadano. Para poder mantener el estatus quo no se puede estimular el pensamiento porque la gente puede descubrir las verdades que ocultan. Fomentar la mediocridad, desmoralizar al trabajador, incrementar la dependencia, mantener el bipartidismo, ridiculizar a los que cuestionan, condenar la defensa de los derechos humanos y políticos, acrecentar los niveles de ansiedad a través del miedo a una delincuencia rampante, buscar capital humano fuera a la vez que se humilla y menosprecia el local, desestabilizar y destruir el sistema educativo son solo algunas de las estrategias utilizadas para mantener a la gente estancada y controlada.

La demagogia de los imputados es tan sutil, que llegan hasta alegar que favorecen un cambio de estatus y se autoproclaman anticolonialistas. Pero, llegado el momento, se doblegan y aceptan cualquier imposición de la metrópoli sin importar las consecuencias. Lo único no permitido es poner el país en manos de gente pensante porque se pueden trastocar sus planes de perpetuar el sistema colonial. Por lo tanto, cada año son más ineptos e incapaces los gobernantes y mayores las crisis fiscales.

Puerto Rico está sumido en una gran crisis fiscal que va deteriorando la sociedad. La criminalidad es rampante, el desempleo está en niveles altísimos, el sistema de salud está al borde del colapso, la educación está en manos de una desquiciada, se favorecen a extranjeros y se menosprecian profesionales locales con mejores cualificaciones… El único fin es mantener vigente la colonia.

El coro de fanáticos repiten como papagayos los discursos de sus líderes, sin pensar, sin analizar, sin cuestionar. Aceptan como mansos corderos el destino la opresión y se vanaglorian de su gesta.

Algunos ciudadanos estamos inconformes con las condiciones coloniales y expresamos nuestras objeciones. Rechazamos la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal que no es otra cosa que un andamiaje colonial creado para cobrar una deuda generada por intereses metropolitanos y la corrupción de oficiales electos. Pagamos un precio muy alto. Somos blanco de mofa, ataques personales, calificados de sabandijas, en fin oponerse a los intereses de los condicionales es enfrentarse al paradón.

Cada sociedad es responsable de sus actos. Al fin los que no aceptamos castigos punitivos abusivos construiremos una sociedad más justa, holística e integrada aunque los que se beneficien de sus frutos sean hoy sus mayores detractores.