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La patria está de luto, ante Rosselló y sus compinches

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alt(San Juan, 12:00 p.m.) La Patria está de luto. Llora por la pérdida de miles de sus hijos. Grita ante la desesperanza y la frustración de un pueblo preso de la corrupción y el mal gobierno. Escuchar las noticias te llena de ira.

La desfachatez de la administración de Ricardo Rosselló Nevares es inverosímil. Es una burla constante a los hombres y mujeres que trabajan y pagan contribuciones. Es un insulto al intelecto, una vejación a la idiosincrasia nacional. Es un rechazo a los principios básicos de una sociedad moderna, holística e integrada. La mitomanía se ha hecho dueña del gobierno de Puerto Rico.

Todo en esta administración es cuestionable. Van de escándalo en escándalo, pero se quedan impávidos. Menosprecian al pueblo y utilizan al corazón del rollo del Partido Nuevo Progresistas para amenazar e intimidar a todo aquel que cuestione lo que ocurre. El epíteto favorito es izquierdoso. A ese se le suma el de comunista.

Estamos en una sociedad decadente, hedonista y perturbada emocional y mentalmente. El irrespeto a los mayores, el desprecio por la vejez, el descontrol de los hijos, el rechazo a los pobres, el consumismo desmedido, la criminalidad, las enfermedades mentales son solo algunas de los males que preocupan a las personas de bien en el país.

Para los jóvenes gobernantes esto es un “joy ride”. Un juego divertido donde el ser humano no es importante y el gobierno es solo un instrumento para enriquecerse. Menoscaban a las instituciones que por décadas la sociedad ha considerado sagradas. Gastan el erario público como si fuera patrimonio personal, mientras nadie sabe en realidad cuánto dinero tiene el gobierno disponible.

Hipócritamente crean campañas publicitarias para promover el buen gobierno, la transparencia, los valores ético-morales, el control de gastos… Empero, la verdad siempre los golpea y se escudan detrás de fanáticos descerebrados que actúan como focas amaestradas que dan por bueno toda patata mientras le tiran un pescado o mendrugo de pan.

El descaro es tal que otorgan contratos con sueldos extravagantes, pero le exigen austeridad al pueblo y proponen eliminar las leyes laborales que protegen al trabajador.

El gobierno clama estar en quiebra, pero gasta a mano rota los recursos en contratos a amigos del alma, candidatos derrotados y funcionarios que desconocen la idiosincrasia nacional. Los fabulosos salarios de Julia Keleher (Secretaria de Educación), Walter Higgins (Principal Ejecutivo en Jefe de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), Víctor Peña (ayudante de Higgins) y Héctor Pesquera (Secretario de Seguridad Pública) suman más de un millón de dólares. Estos dineros pueden utilizarse para mejorar la infraestructura, crear proyectos de empoderamiento comunitario, salvar la Universidad de Puerto Rico u otorgar aumentos salariales.

El despilfarro de dineros que supuestamente “no se tienen” es lo que ha avivado la controversia en Washington sobre cómo se emplearán los fondos de asistencia para reconstruir el país tras el paso del huracán María. La falta de transparencia gubernamental, los contratos cuestionables (Whitefish), el descuadre con el número de víctimas fatales y las constantes verdades a medias del gobierno nos proyectan como un pueblo incapaz de autogobernarse. Me pregunto, si esa proyección negativa no ha sido el famoso plan de Ricardo Rosselló Nevares desde el principio.

La invasión estadounidense cumple 120 años este próximo 25 de julio. Puerto Rico es la colonia más antigua del planeta. Ese mismo 25 se conmemora el 68 aniversario de la instauración del Estados Libre Asociado (ELA), eufemismo con el cual se conoce el sistema imperfecto que pretendía promocionar el fin del coloniaje. La metrópoli autorizó una constituyente para la redacción de una constitución cuya aprobación dependió del gobierno de Washington. El pueblo ratificó la versión aprobada por el Congreso.

El ELA, durante la Guerra Fría, fue la vitrina imperial en el Caribe. El dinero fluyó y el imperio invirtió en la colonia. Había que mantener la imagen. Los amos benévolos ofrecían menos latigazos, mayor bonanza y tiempo libre para divertirse. En fin, la mayoría se creyó el cuento y asumió que en verdad éramos un estado libre asociado, a pesar de que la Ley 600 de las relaciones bilaterales entre la colonia y su metrópoli siempre ha sido clara, Puerto Rico es propiedad del Congreso. Para la metrópoli, los puertorriqueños somos arrimados en nuestra propia Patria.

Volvamos por un momento a 1898. La invasión estadounidense fue recibida por muchos con bombos y platillos. Para finales del siglo decimonónico, Estados Unidos representaba la democracia, la libertad, la modernidad y el progreso. Las clases poderosas y los intelectuales vieron una oportunidad para romper con el rezago socioeconómico en que España había mantenido la Isla durante cuatro siglos. Para los intelectuales, Estados Unidos era un país formado por repúblicas soberanas (estados) con libertades ilimitadas. Cayeron presos de una falacia.

Estados Unidos impuso un gobierno militar, desarticuló la economía local para construir una que favoreciera a sus intereses. Menospreció a los habitantes por razones étnico-culturales, los declaró salvajes, incapaces de autogobernarse, pero con posibilidades limitadas de ser adiestrados en los principios del norte a través de una campaña intensa de americanización.

Con la llegada del siglo XX y el anuncio de un gobierno civil por parte de Estados Unidos, el liderazgo volvió a soñar como perro flaco con longaniza, para terminar quedándose con las ganas. La gran democracia, la señora de la libertad y el progreso impuso un sistema colonial parecido al inglés y transformó a la Isla del Encanto en una inmensa plantación azucarera donde los habitantes del país eran mano de obra barata. A los insatisfechos, les ofreció irse del país.

Como siempre, hay incondicionales, aquellos seres masoquistas que aceptan golpes, latigazos y patadas con beneplácito. Estos incondicionales se convirtieron en turbas rabiosas que atacaban física y verbalmente a todo aquel que pensara y expresará su opinión en contra del régimen colonial. Estas turbas republicanas (por ser afiliadas al Partido Republicano de José Celso Barbosa) cometieron actos viles y violentos contra gente decente entre 1900 y 1904.

El cuadro político actual guarda muchas similitudes con ese periodo histórico. El Partido Nuevo Progresista (PNP), desde su fundación el 5 de enero en 1968 y como heredero del Partido Estadista Republicano, propone la anexión a Estados Unidos como solución final al problema colonial de la Isla. La ideología del PNP, además de ser anexionista, es muy parecida a la filosofía del Partido Republicano en Estados Unidos. La filosofía económica del PNP es neoliberal y keynesiana. Los planteamientos descansan en los postulados del conservadurismo social y el liberalismo económico.

Amañaron un plebiscito para afirmar que los puertorriqueños validaban la integración como opción final para el coloniaje. Todo les salió mal. Al final el Congreso envió misivas directas para decirles que no cuentan con los 60 votos senatoriales para su proyecto anexionista. La Camionada Residente, Jennifer González, está callada, su proyecto de estadidad se hizo sal y agua. Fuentes cercanas a la Comisionada indican que tanto Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes federal como su “amiguito”, el Presidente Donald Trump, le indicaron que Puerto Rico nunca será estado. Es más, otras fuentes puntualizan que las pésimas decisiones gubernamentales del Gobernador Ricardo Rosselló Nevares se deben a un berrinche (morra, tantrum) ante la negativa del gobierno federal de reconocer su plebiscito como oficial.

Al final de cuentas todo está manga por hombro y nadie sabe la realidad de lo que acontece en el gobierno. El país es un barco a la deriva que requiere de un nuevo/nueva capitán, un mejor timonel y una tripulación comprometida con terminar la colonia. Es hora de romper patrones antiguos para construir una nueva nación. ¡Viva Puerto Rico!