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María 365… el arte que recuerda al huracán

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(San Juan, 10:00 a.m.) Anoche estuve en la apertura de la exposición artística María 365 en la Galería Comunitaria Urbe a pie en Caguas. Una veintena de artistas expusieron sus obras en conmemoración del primer aniversario del terrible huracán María que hace un año azotó inmisericorde a Boriquén.

Fue una noche lluviosa en la Ciudad del Valle del Turabo. Empero, esto no amilanó a la concurrida asistencia que supo resistir hasta que la exposición fue abierta. La combinación de lluvia, resistencia, espera, poesía, pictórica y escultura fueron un homenaje a la grandiosidad de este valiente pueblo. También constituyó un paseo por la memoria de aquellos terribles días a oscuras, escaseces de todo, largas filas, calor sofocante..., pero de una gran solidaridad cargada de resiliencia.

Obras geniales capturaron la angustia, la desesperación y el dolor que dejó el fenómeno natural a su paso por las islas borincanas. Otras honraron la resistencia y la genialidad de los puertorriqueños. El huracán nos golpeó, pero nunca derribó al guayacán que constituye la fibra de la Patria.

Entre las obras, me llamó poderosamente la atención la conceptualización caricaturesca que hizo en forma de comic la joven artista María Mió. La obra, titulada Diario huracanado, nos da la visión de una adolescente, que hoy tiene 18 años, que nunca había sufrido vicisitudes y menos de un impacto tan catastrófico. María recogió su frustración, sus noches durmiendo en el piso huyéndole al calor…, la llegada de la energía eléctrica y tal vez sin saberlo, la esperanza de un pueblo que confiaba en que saldría adelante. Miró plasmó su experiencia en una libreta escolar para constituir una memoria perpetua de su experiencia.

David Figueroa, el coordinador de la exposición, logró exponer un testimonio visual de un evento histórico del cual hablarán las próximas tres generaciones, como sucedió con San Felipe II en 1928. La memoria histórica se hizo presente, no en palabras, pero si en símbolos pictóricos como lo hicieron nuestros ancestros arahuacos.

“El éxito de la exposición es el monumento que le hemos construido a la memoria de las víctimas del huracán”, afirmó la profesora Aida Mendoza, quién junto a Figueroa coordinó la exposición. “Las obras recogen todas las emociones de la nación puertorriqueña durante el fenómeno y los meses que le siguieron”.

Los integrantes de la galería, Zeus Omar, el director, Janet Fernández Jordán y la poeta Cristina Guzmán, recordaron con sus testimoniales el evento, pero sobre todo, honraron la memoria de los muertos y la fortaleza de los puertorriqueños.

El huracán María fue una gran lección. Nos mostró la debilidad de la modernidad, la fragilidad de la tecnología, pero sobre todo, lo mucho que podemos lograr cuando nos unimos como pueblo. La solidaridad entre los vecinos y la unión entre los hijos de la diáspora con los que vivimos en el Archipiélago Borincano fueron el gran regalo del huracán.

Muchos vecinos por primera vez se conocieron. Los vecinos se dieron la mano para limpiar calles, caminos y avenidas. La gente compartió los alimentos y volvimos a las tertulias. La falta de tecnología nos obligó a conversar, fortaleció las familias y las relaciones comunitarias.

El gobierno local falló. Puerto Rico se vio gubernamentalmente acéfalo y los puertorriqueños fuimos víctimas de politiqueros que buscaron obtener ganancias del dolor del pueblo. Observamos lo bajo que puede llegar un gobernante servil y mentiroso. Conocimos lo vil de las masas de fanáticos descerebrados que actúan cual focas amaestradas y dan por bueno la maldad de sus líderes aunque ellos mismos sean víctimas de sus decisiones.

Recibimos humillaciones de la metrópoli, que al igual que en 1899 cuando nos devastó San Ciriaco, fue incapaz de prestarnos ayuda rápida y eficaz para alivianar el sufrimiento.

María desgarró la mampara (biombo) que ha mantenido oculta la realidad del país. La mentira de que somos parte del primer mundo sucumbió bajo los vientos huracanados y lo poco que quedó se lo llevaron las aguas crecidas.

Uno de los discursos más sonados de esos días pos huracán fue la pobreza. La prensa hizo hincapié en que la devastación hizo visible la pobreza del país. Me pregunto, ¿dónde ha vivido esta gente durante tanto tiempo? La mayoría de los puertorriqueños viven bajo el nivel de pobreza. En Puerto Rico, antes de María y después de ella, hay gente que se acuesta sin comer. El cuento de los cupones y las famosas compras gigantescas no son más que una invención de grupos interesados en fomentar la división entre los puertorriqueños y acrecentar la brecha entre ricos y pobres.

Otro de los grandes descubrimientos que hizo la prensa fue el envejecimiento de la población. Por primera vez el país entró en crisis porque los jóvenes son cada vez menos. El control de la natalidad redujo la reproducción en la Isla, pero no la ha detenido en los estados, donde continúa un aumento la población descendiente de puertorriqueños. De hecho, se espera que para el censo del 2020 dos de cada tres puertorriqueños resida en uno de los estados estadounidenses.

Se dieron muchas situaciones y hubo grandes polémicas, principalmente con la pobre función del Departamento de Seguridad Pública, la nefasta gestión de la Secretaria de Educación y la mediocridad de Fortaleza.

Probablemente la mayor mentira asociada a María y la que marcará el evento por siempre será el número de víctimas fatales a consecuencias del huracán y la falta de energía eléctrica. El gobierno mintió crasamente, a pesar de que el pueblo estaba consciente de la verdad. Las familias sufrieron el dolor de la pérdida de seres queridos y la mentira gubernamental evitó que la asistencia federal que les correspondía para enfrentar los gastos funerales les llegaran. La mentira le ha costado aún más al gobierno de Ricardo Rosselló Nevares que ha sido acusado de corrupto, oportunista y mentiroso por el presidente Donald Trump.

Muchos libros han surgido luego del huracán. Los libros recogen en prosa y verso las incidencias, las emociones y las expectativas futuras. Los historiadores están aún en busca del marco teórico para registrar las ocurrencias pos huracanes Irma y María. En varios años se escribirán postulados y tesis para que las futuras generaciones pasen juicio sobre el evento. Ahora solo tenemos crónicas.

María debió hacernos mejores, por desgracia, esto no es así para todos. Hay viejos males que se niegan a morir. Espero que las generaciones futuras puedan evaluar mejor el evento para formar una sociedad más igualitaria donde el bienestar de todos sea una prioridad.

Los muertos exigen justicia. Los vivos no debemos olvidar como los gobiernos local y federal fueron ineficaces, pero que el pueblo supo salir adelante. La Patria nos regaló un gran mensaje, los puertorriqueños solo nos necesitamos unos a otros para vencer los obstáculos.