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A 150 años, ¡Lares vive!

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Ayer, 23 de septiembre, conmemoramos 150 años del Grito de Lares. No fue nuestra primera intentona independentista, pero si la más significativa del siglo decimonónico como la Revolución de Jayuya lo fue en la centuria pasad. El historiador Francisco Moscoso en su libro, La Revolución Puertorriqueña de 1869: el Grito de Lares, asegura que la efeméride fue un acto de reafirmación nacional.

Lares fue la culminación de la evolución identitaria puertorriqueña; una aserción de pertenencia al espacio geográfico y la concienciación del colectivo como un pueblo con características propias. Es símbolo de la búsqueda de la libertad de un pueblo que ha sido colonia desde 1508. La revolución de Lares es parte de un proceso mayor que se inició con las revoluciones de finales del siglo XVIII y que concluyó con la formación de nuevos estados con tipologías desarrolladas a través de sus experiencias coloniales. Lares es también una expresión del nacionalismo europeo que dividiría a Europa en los estados modernos del siglo XX. No podemos interpretar a Lares sin los contextos históricos mundiales y su expresión en la Isla y en las Antillas. En las últimas colonias españolas caribeñas, el nacionalismo fue también un rechazo a los privilegios de los peninsulares, una explosión anticlerical y una exaltación de la mezcla de razas y culturas que dieron forma a las poblaciones que constituyeron las sociedades isleñas.

A pesar de la importancia histórica de Lares, el hecho acaecido el 23 de septiembre de 1868, con su antes y después, ha sido minimizado por las fuerzas imperialista que han controlado la Isla. La investigación e interpretación del Grito ha estado sujeto a las ideologías de los investigadores. El oficialismo colonial, tanto español como estadounidense, ha manipulado la gesta para sus fines particulares. Las metrópolis imperiales le han restado importancia a la revolución lareña y los gobiernos locales han perpetuado la desinformación. La historiografía surgida a partir de la gesta histórica sostuvo las opiniones derrotistas expuestas por el oficialismo hasta el surgimiento del movimiento que conocemos como la Nueva Historia (1970). Los historiadores desde entonces han reevaluado la documentación existente sobre el Grito de Lares y profundizado en la investigación de los hechos descubriendo nuevos ángulos pasados por alto en el pasado. Sin embargo, los paradigmas establecidos por el oficialismo durante el positivismo histórico siguen imponiéndose en la enseñanza y la desinformación predomina entre la población cuando se toca el tema de la revolución lareña. La apropiación de la efeméride patria por el sector independentista del país también ha servido para disminuir su importancia histórica, pues los grupos políticos mayoritarios, colonialista e integracionista, la enajenan y postergan.

La desinformación y la minoración histórica de Lares fueron fraguadas por el gobierno español. Atemorizados por la revolución el gobierno colonial, en alianza con los conservadores, se propuso construir una imagen negativa sobre el movimiento revolucionario para evitar que otros emularan la gesta lareña. El oficialismo encargó al asturiano José Manuel Pérez Moris el primer trabajo histórico sobre el Grito de Lares. Pérez Moris tuvo acceso a los documentos oficiales y publicó en 1873 la Historia de la insurrección de Lares (1975). Pérez Moris redactó lo que se constituyó en el discurso oficial sobre el Grito de Lares. El positivismo histórico y su énfasis en la documentación colaboraron para eternizar la propaganda política imperialista del peninsular. La versión pérez-morista tiene como misión desacreditar a los revolucionarios, señalar a extranjeros como los verdaderos líderes el hecho e identificar a Nueva York como la cuna de la idea revolucionaria. Pretendía el escritor inferiorizar al puertorriqueño, sus habilidades organizativas y restringir sus ansias de libertad a través de una imagen derrotista.

El autor mismo señala en su prólogo que su propósito no es otro que hacer caer por su base el reformismo liberal de Puerto Rico, destruyendo ese deleznable cimiento sobre el cual fundaban sus desmesuradas pretensiones los reformadores de esta provincia. Para ello hemos escrito la Historia de la insurrección de Lares. A esto, le añade el investigador que en Rico no hay ni hubo separatistas.

El libro es una apología a las autoridades de la metrópoli española por una calaverada de unos cuantos, que ni la preparación ni significación política tuvo y que la mejor prueba de que aquellos individuos se lanzaron solos por sí y ante sí, a conquistar esta provincia para proclamarla república independiente, fue que nadie los secundó en el resto de la Isla.

Pérez Moris condena el “germen” independentista en Cuba y Puerto Rico desde el prólogo, a la vez que separa los paralelismos ocurridos entre el Grito de Yara en Cuba y el de Lares para reafirmar que la Isla del Cordero es “leal”, “pacifica” y “: española de corazón”. Cabe destacar, que para el autor el Grito de Lares estuvo “tan bien o mejor” organizado que el de Yara.

Lo más valioso de la obra radica en las fuentes de información que utiliza Pérez Moris. El autor pudo acceder a toda la documentación gubernamental disponible en su época. Desde el principio, el autor reafirma la verdad histórica de la interpretación de los documentos para sostener su planteamiento de que la Isla es una leal a España.

Pérez Moris incluye data referente a la población y la economía para sostener su principio de que Puerto Rico era una colonia prospera bajo el régimen español y atenuar el significado de la gesta de Lares.

Incluye el autor un recuento histórico de las intentonas subversivas ocurridas en el país. Hace hincapié en que las dos supuestas intentonas separatistas anteriores a 1868 fueron llevadas a cabo por militares españoles. Conecta la insurgencia boricua con los sucesos acaecidos en Caracas y Santo Domingo. Alega el conservador que la migración de venezolanos que comenzó a llegar a Cuba y Puerto Rico a partir de 1811 trajeron consigo “el germen” separatista que floreció en ambas Antillas. Empero señala que fue la “funesta guerra de Santo Domingo” la que propició el ambiente separatista en Puerto Rico.

 

Las dos intentonas separatistas anteriores al Grito de Lares fueron:

1. En 1835 un grupo de soldados desafectos intentaban proclamar una constitución en la noche de San Rafael, 24 de octubre. La intentona fue descubierta y suprimida por el gobernador Miguel de la Torre.

2. El otro evento ocurrió en julio de 1838. Un escuadrón de soldados pretendía apoderarse de la ciudad de Puerto Rico y ejecutar al capitán general Miguel López de Baños y otras figuras prominentes, por este intento fallido se arrestaron seis sargentos, tres cabos y ocho soldados.

Los acontecimientos que condujeron al Grito de Lares, según el autor, se fraguaron en Nueva York entre exiliados de Cuba y Puerto Rico, a los cuales considera “filibusteros”. Ensombrece las figuras de los líderes que orquestaron el Grito de Lares. Condena al licenciado Segundo Ruiz Belvis, quien había sido nombrado juez, por sus sentimientos antiespañoles. Lo describe como un hombre de carácter iracundo, altanero, hasta con los jornaleros, y de su afición al juego.

En referencia al Dr. Ramón Emeterio Betances, Pérez Moris indica que era natural de Cabo Rojo, estudió en Francia y trabajó como médico en Mayagüez, donde estableció un hospital en su propia casa. Enfatiza el asturiano que el Padre de la Patria Puertorriqueña había sido reprendido en varias ocasiones de 1858 por sus ideas políticas, por su tendencia al republicanismo y su marcada desafección al Gobierno de España.

El resto de la obra, Pérez Moris describe los incidentes del Grito de Lares, como fue descubierto y los implicados en el movimiento. Enfatiza el extranjerismo de Manuel Rojas al que identifica como venezolano y a Matías Brughman como estadounidense al que se refiere como Mr. (mister).

Describe vívidamente el juicio y condena la amnistía que le concedieron las autoridades españolas a los insurrectos, a la cual culpa por el desconocimiento que tienen las autoridades sobre los hechos de Lares.

A partir de la obra de Pérez Moris, la historiografía puertorriqueña ha repetido u objetado los planteamiento esbozados por el autor en Historia de la insurrección de Lares. Hasta el día actual constituye la principal fuente segundaria sobre la gesta histórica. La obra es una mirada al otro, subjetiva, escrita en un lenguaje llano, comprensible para los lectores porque la obra está claramente dirigida a discursar a favor de España y justificar el colonialismo. Metodológicamente Pérez Moris trabajó con fuentes primarias y secundarias, entre ellas, Proclamas, Cartas (firmadas y anónimas), Pareceres, Decretos, Sentencias, Real Ordenes, Comunicaciones, Pasquines, Recortes de Periódicos, anécdotas, Circulares de Obispado, Partes, para probar su punto principal, los puertorriqueños no son antiespañoles.

La historiadora y profesora del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, Loida Figueroa Mercado, rompió con el patrón oficialista para plantear en su obra, Tres Puntos Claves: Lares-Idioma-Soberanía (1972) que el Grito De Lares, constituyó las bases de una nación. A su vez, la historiadora instituyó una historia de resistencia esgrimiendo los tres conceptos, el nacionalismo del Grito, la lengua y la aserción de la soberanía para la patria. Figueroa esbozó a través de tres ensayos que en Lares Puerto Rico se desarticuló de la metrópoli, estableció el idioma como método de resistencia y se consagró la soberanía como concesión a la dignidad irrevocable de cada nación. Los ensayos cumplen con el propósito de concienciar a los puertorriqueños de su capacidad de resistencia a las imposiciones de las metrópolis. La investigadora sostiene sus planteamientos en fuentes secundarias que emanan del trabajo de Pérez Moris. Para Figueroa Mercado, Lares es inició de la nación y consagración de la puertorriqueñidad.

La conceptualización del Grito de Lares trenzado dentro del movimiento de resistencia que nos presentó Figueroa Mercado es producto de su formación educativa, del nacionalismo albizuista y del momento histórico que le toco vivir. El profesor Mario Cancel Sepúlveda indica que Figueroa Mercado es producto de la treintismo hispanófilo y que su perspectiva histórica fue forjada en momentos en que la historia de la Isla tomaba un giro que le creaba una imagen de tierra libre por medio de un articulado proyecto de nacionalismo cultural oficial que no amenazaba la estabilidad del régimen, nacionalismo corporeizado en el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y sus ideólogos, Figueroa Mercado se encontró ante la disyuntiva de producir lo que voy a llamar la historia analítica o la historia de la resistencia.

Mientras Figueroa Mercado entrelazó a Lares dentro de una historia de resistencia, Olga Jiménez de Wagenheim en su libro El Grito de Lares: sus causas y sus hombres (1986) estableció a Lares como una revolución de afirmación nacional. La obra de Jiménez es considerada por muchos historiadores como la obra pionera que rompe con el oficialismo iniciado por Pérez Moris. La historiadora analizó el Grito y su impacto dentro de la sociedad decimonónica fuertemente influenciada por el materialismo histórico. La autora enriqueció su trabajo con un análisis del proceso colonizador español hasta el siglo XVIII, examinó las motivaciones de los revolucionarios, evaluó las condiciones socioeconómicas de los rebeldes, y contrastó la realidad política de la colonia versus las aspiraciones de los criollos.

Jiménez de Wagenheim escribió para la academia e incluyó terminología jurídica para explicar el proceso judicial ulterior al Grito y los interrogatorios. La autora reconoció la historiografía anterior a su trabajo, pero se distancia del oficialismo y de la historia de resistencia. La obra cuenta con una bibliografía extensa que incluye fuentes primarias tales como, los testimonios de los rebeldes capturados, la correspondencia cursada entre los jueces, audiencia, la oficina del Gobernador y el tribunal militar, y documentos municipales. Jiménez aseguró en su trabajo haber estudiado fuentes nunca antes utilizadas.

El Congreso Nacional Hostosiano, en conmemoración del 170 aniversario del natalicio de Ramón Emeterio Betances y en preparación para el 130 aniversario del Grito de Lares, publicó un compendio de siete autores sobre la efeméride, Siete Voces hacia el Grito de Lares (2000). Los autores analizaron el Grito desde la perspectiva independentista. Analizaron la figura del doctor Ramón Emeterio Betences, su aportación al Grito y las consecuencias del hecho histórico en la sociedad en las postrimerías del siglo XX. Los escritores, entre ellos, Isabel Gutiérrez del Arroyo, José “Che” Paralitici, Francisco Moscoso, Loida Figueroa, Juan Antonio Corretjer, Germán Delgado Pasapera, hacen un recuento de los antecedentes y la acción gestada para justipreciar su significado histórico. La metodología de los ensayos es diversa, pero en su mayoría se sostiene sobre fuentes secundarias publicadas por investigadores anteriores.

El historiador Francisco Moscoso revolucionó la perspectiva histórica del Grito en su obra La Revolución Puertorriqueña de 1869: el Grito de Lares (2003). El cuaderno educativo conecta a Lares con la formación histórica de la nacionalidad. Evalúa los eventos, el desenlace y el impacto de Lares en la historia nacional. Moscoso nos presentó un Lares victorioso, no en lograr su propósito, sino porque culminó el proceso identitario de la nacionalidad. Lares no fue una derrota, es una victoria que nos enseñó a resistir, principio que aún identifica al puertorriqueño.

Moscoso escribió este ensayo para el público en general, manteniendo los cánones establecidos para la historiografía moderna. Hizo uso de fuentes primarias y secundarias. Uno de los detalles más significativos del cuaderno es que por primera vez se utilizaron para un trabajo sobre Lares los documentos del Archivo General Militar de Madrid; donde el General José Laureano Sanz, a la sazón gobernador de la Isla, en su informe al poder Ejecutivo del 4 de julio de 1869, reconoce que Lares logró integrar elementos de todos los niveles sociales y que de haber estallado la revolución en múltiples lugares y haberse recibido los auxilios militares que había enviado Betances, otro pudo haber sido el desenlace de la gesta.

El historiador equiparó a Lares con otros movimientos libertarios y, tal vez sin pensarlo, escribió una epopeya para la Patria y elevó a los revolucionarios al altar de los inmortales.

La nación afirmada en Lares es definida en el siglo XXI en una ponencia redactada por el licenciado Juan Mari Bras el 17 de septiembre de 2009 en Mayagüez y leída por el autor con motivo del aniversario de la gesta en la ciudad de Nueva York el 23 de septiembre de 2009, “Lares colocó a Puerto Rico en la categoría de nación”. En su presentación Mari Bras destaca la importancia de la Ciudad de Nueva York en la organización de Lares y exalta la trilogía integrada por Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos como los máximos próceres del siglo decimonónico. El autor afirma que la patria peregrina nació en Nueva York, el barrio de mayor población boricua, como la República puertorriqueña tuvo su sede en Lares. Esa patria peregrina es una realidad universal de todos los integrantes de nuestra nación, la mitad de cuya población vive en Estados Unidos y la otra mitad en Puerto Rico.

Mari Bras integró a la diáspora con los habitantes de la Isla, antes de que el huracán María nos hiciera crear conciencia de que somos una sola nación, Afirmó el líder independentista que la patria nació en Lares el 23 de septiembre de 1868 y que desde entonces deambula hasta el momento en que se liberé de injerencias extranjeras el suelo puertorriqueño. Reconoció que el rescate de la gesta se le debe a don Pedro Albizu Campos y afirmó que la patria peregrina de la que todos y todas formamos parte en la actualidad hay que defenderla con todo el poder que seamos capaces de generar con nuestras luchas, a todos los niveles.

El discurso de Mari Bras usa como metodología los trabajos de Germán Delgado Pasapera, Francisco Moscoso, José Pérez Moris y Juan Antonio Corretjer,

Lares en perspectiva.

El Grito de Lares es un proceso continuo que se inició el 23 de septiembre de 1868. La búsqueda de la libertad de la Patria es uno de resistencia y reafirmación identitaria. La nación puertorriqueña recibió su último impulso definitorio con las reformas liberales implementadas en la Isla por la Cédula de Gracia de 1815. La Cédula potencializó el desarrollo del país, permitió la migración de europeos católicos que trajeron consigo nuevas tecnologías, y liberalizó el régimen político colonial. Los nuevos emigrantes trajeron nuevos paradigmas que fortalecerían el sentido identitario puertorriqueño. La isla aspiró a integrarse a la modernidad. El sueño duró poco porque España no aprendió la lección que le dio la pérdida del imperio. España se olvidó de las reformas económicas y optó por el método que le pareció más eficaz: imponer su control por la fuerza.

Como bien indicó Jiménez de Wagenheim en su libro, cuando se gesta el Grito de Lares existían conflictos políticos y sociales que motivaron a los rebeldes a librarse del yugo colonial español. Esos conflictos se convirtieron en llama revolucionaria solamente cuando los afectado tomaron conciencia de que su situación estaba directamente vinculada a la condición colonial.

El Puerto Rico del siglo XXI está plagado de problemas sociopolíticos y económicos que todas las ideologías políticas (anexionista, autonomista e independentista) achacan al sistema colonial imperante bajo la metrópoli estadounidense. Sin embargo, ninguna de las facciones está interesada en resolver la crisis porque dependen económicamente del sistema establecido por la metrópoli. A pesar de condenar acciones gubernamentales, el principal partido independentista, Partito Independentista Puertorriqueño (PIP), depende del fondo electoral para mantener sus operaciones y su cuadro directivo tiende a perpetuarse en la dirección partidista, convirtiéndose en vampiros de la metrópoli. La dependencia de recursos federales y el tomar prestado para sostener un sistema enfermo y decadente han llevado al gobierno a la quiebra. Esto se venía venir. Líderes políticos y economistas lo pronosticaron, pero nadie estuvo dispuesto a ponerle freno a la situación.

Cuando ya la situación se hizo inmanejable y los acreedores, en su mayoría asociados a las altas esferas del gobierno federal, vieron sus pagos amenazados y sus intereses menguados, exigieron acción correctiva para el problema. Encontramos similitudes en el cuadro social del Puerto Rico decimonono. Existía un gobierno colonial represivo aliado con los anexionistas; comerciantes privilegiados protegidos por las leyes y la metrópoli que se convirtieron en prestamistas, usureros, que sustituían a la inexistente banca; un grupo de pequeños propietarios (clase media) que el gobierno enajenaba y empujaba hacia el empobrecimiento; una clase obrera oprimida cuya libertad de movimiento estaba restringida; esclavos subyugados cuya función era trabajar para el enriquecimiento de sus amos como muchos adictos lo hacen hoy con los dueños de los puntos; un grupo de librepensadores que buscaban mejorar las condiciones de vida de los puertorriqueños divididos en tres facciones: anexionistas, autonomistas e independentistas; una afirmación identitaria que era constantemente cuestionada por los que insistían en ser solo ciudadanos “españoles” y un bloqueo hacia el establecimiento de una institución universitaria por considerarla un posible foco subversivo, como muchos politicastros consideran hoy a la Universidad de Puerto Rico.

El Grito de Lares: mentira colonial; verdad patria

La coyuntura actual hace imperativo el rescate para la generación actual el Grito de Lares, no solo como gesta libertaria, sino como el momento en que los puertorriqueños proclamaron su mayoría de edad como pueblo. Sin embargo, como bien dijo el historiador José “Che” Parelitici la masa del país ignora lo significativo de esta efeméride. Aunque el Grito se estudia como un evento en las clases de historia la grandiosidad de la efeméride, su profundo significado identitario y sus implicaciones en el Puerto Rico de hoy son obviadas.

Sobre este punto, el historiador Germán Delgado Pasapera por su parte puntualizó que la historia es un estudio de antecedentes, hechos, causas, y consecuencias inmediatas o futuras. Ha existido una conspiración silenciosa para minimizar la gesta desde el mismo momento en que esta ocurrió. Los gobernantes estaban conscientes de la importancia del Grito de Lares, la fuerza que este imprimió al sentido identitario del país y temían que otros movimientos similares ocurrieran.

Desde que Pérez Moris publicó Historia de la insurrección de Lares (1873) el Grito de Lares ha estado sujeto al libelo propagandista gubernamental. Las falacias expresadas por Pérez Moris se convirtieron en la versión oficial de los hechos. A pesar de que desde la publicación del libro del peninsular ha habido voces disidentes e historiadores que revaluaron a Lares, estos eran acallados por el sistema colonial. La doctora Olga Jiménez de Wagenheim con la publicación de El Grito de Lares: A Socio-Historic Interpretation of Puerto Rico's Uprising Against Spain in l868 (1981) revolucionó la investigativa sobre la efeméride. El movimiento del cual Jiménez de Wagengeim es parte, la “Nueva Historia”, ha profundizado sus investigaciones sobre el Grito de Lares para valorar desde la perspectiva puertorriqueña el profundo significado de la gesta. La multiplicidad de detalles expuestos por la profesora emérita de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey nos introdujo a un Grito de Lares diferente donde hubo participación de personas de todos los niveles sociales y de veintisiete municipios del país. Uno de los aspectos más importantes del trabajo de Jiménez sobre el Grito de Lares es su rescate de los participantes en la gesta. Los héroes y mártires dejaron de ser simplemente nombres y se convirtieron en seres humanos.

Antecedentes de Lares

En su ensayo “Los antecedentes de Lares” Isabel Gutiérrez del Arroyo afirmó que el Grito de Lares fue la concreción culminante de un complejo de fuerzas históricas. La historiadora alegó que los habitantes de la Isla habían creado conciencia del hecho diferencial entre el tronco progenitor español y el retoño insular puertorriqueño. La ensayista insistió en que la geografía, diversidad étnica y la historia en un proceso ya tricentenario han formado una nueva realidad nacional con problemas y soluciones propias, aspiraciones y destino divergentes.

Francisco Moscoso especificó por su parte en La revolución puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares (2003) que en documentos del siglo 18, tan temprano como el año 1705 se estableció la distinción entre puertorriqueños y españoles. Ahora todos los naturales de la tierra eran los criollos.

Germán Delgado Pasapera destacó que Puerto Rico atravesó un largo proceso de insatisfacción fines del XVIII lo que condujo a acciones patrióticas en el siglo XIX. Gutiérrez y Moscoso señalaron en sus trabajos que la primera manifestación de la existencia de la conciencia puertorriqueña ocurrió el 16 de agosto de 1809 cuando el obispo de Puerto Rico, Juan Alejo de Arizmendi, le encomendó al primer diputado a las Cortes españolas por el país, Ramón Power y Giralt la defensa y protección de los derechos de los puertorriqueños.

Durante la primera mitad del siglo XIX hubo demostraciones de reafirmación identitaria e intentonas de movimientos independentistas. La conspiración de San Germán de 1811; el movimiento independentista en que estuvieron envueltos María de las Mercedes Barbudo, su hermano José Antonio de los Reyes, Juan Nepomuceno Otero, el presbítero Juan Abreu, el coronel Manuel Suarez del Solar, el diputado Demetrio O’Daly y Matías Escuté en 1823; el Plan de Antonio Valero, quien contactó a Simón Bolívar, en 1826; y el intento fallido de Andrés Vizcarrondo Martínez y Buenaventura Valentín Quiñones, son ejemplo de que un importante sector del país ansiaba constituir una nación libre y soberana.

Las motivaciones para el Grito de Lares

Lares se organizó en medio de un clima de represión gubernamental, una grave crisis socioeconómica, pero más que nada por la pérdida de fe en el sistema español, la existencia de unos intelectuales capaces de asumir el liderato, una meta, y un mecanismo organizativo a través del cual canalizar el descontento de los demás.

La teoría de José “Che” Paralitici sobre las causas del Grito de Lares se basaron en la lucha de clases que surge como resultado de una transición en la economía subsidiada a una de mercado (materialismo histórico). Para el historiador ese cambió transformó una sociedad igualitaria basada en el sustento familiar a una con diferencias y conflictos de clases. Puerto Rico en la segunda mitad del siglo XIX contó con una clase de comerciantes que en su mayoría eran peninsulares y extranjeros que eran protegidos por el gobierno, convertidos en prestamistas por su poder económico, una de deudores, casi todos pequeños hacendados, trabajadores controlados por el régimen de la libreta y los esclavos.

La mayoría de los criollos desafectos al régimen español residían en el Partido de San Germán. El gobierno colonial para 1866 se percató de un posible levantamiento en contra del régimen como secuelas de la guerra de Restauración de la República Dominicana y su cercanía con el oeste. República Dominicana había sido anexada a España en 1861, pero restauró su independencia con una guerra entre 1863 y 1865. El gobierno intuyó la posibilidad de un levantamiento en el occidente isleño basándose en la distancia que los separaba de la capital, la riqueza de las familias, el buen puerto en Guánica y la mala índole de los habitantes.

La propaganda oficialista española señaló como causas para el Grito de Lares el deseo de los revolucionarios por lograr la independencia, crear una república y destruir a los peninsulares. Jiménez de Wagenheim atestó por su parte que la gesta de Lares es el resultado de una mezcla de factores que incluyeron elementos económicos, sociales y políticos. Pero esos conflictos se convirtieron en llama revolucionaria solamente cuando los afectados tomaron conciencia de que su situación estaba directamente vinculada a la condición colonial.

Luego de los trabajos icónicos de Pérez Moris y Olga Jiménez sobre el Grito de Lares y sus causas la evaluación histórica del hecho ha estado dividida. No ha habido un consenso, pero si una sumatoria de posibles causas. Ejemplo de esta división entre los pensadores puertorriqueños lo constituyen Luis Martínez de la Rosa, quien enfatiza las causas económicas, mientras que para José “Che” Paralitici la lucha de clases fue el detonante principal. Cada historiador basará su percepción sobre el Grito acorde al pensamiento filosófico histórico con el que se identifique.

Francisco Moscoso analiza concienzudamente el evento y crea una diferencia entre lo que considera los detonantes versus la causa principal para que se diera la efeméride: “No se debe confundir lo que pueden ser móviles o detonadores inmediatos con las contradicciones estructurales de las relaciones económicas, sociales, políticas e ideológicas que subyacen y rigen al conjunto de los problemas expuestos”.

Moscoso enumeró como detonantes del Grito de Lares las causas económicas, políticas o sociales mencionadas por otros historiadores, empero para el historiador mayagüezano la causa principal para el Grito de Lares fue el hecho de que Puerto Rico ya era una nación diferenciada con sus caracteres y costumbres forjados a lo largo de tres siglos con sus proyectos y clamores de cambio y desarrollo en todos los niveles desde el siglo 18, y con su aspiración de gobierno propio e independiente desde hacía décadas.

Conclusiones

La historiografía puertorriqueña sobre el Grito de Lares es abundante, pero subjetiva. La escuela filosófica y el pensamiento político del historiador determinan la investigación del tema. El oficialismo se vale de esto para restarle importancia al hecho histórico y proyectar una imagen dependiente, peyorativa y sumisa del pueblo puertorriqueño.

Una visión objetiva del Grito, distanciada de apasionamiento políticos, es imperativa. Puerto Rico atraviesa por momentos símiles a los que condujeron al Grito de Lares. Podemos inferir que sociopolítica y económicamente estamos en un periodo de retroceso, donde todos los logros obtenidos por las luchas socio- obreras son desechadas para instaurar un régimen opresor muy parecido al de las facultades omnímodas del siglo XIX. La metrópoli impuso una Junta de Supervisión Fiscal con poder decisional sobre las finanzas del país, en efecto, sus integrantes son procónsules estilo antigua Roma.

¿Hasta cuándo aguantará el pueblo restricciones socioeconómicas y laborales seguidas por aumentos en el coste de vida, inestabilidad laboral, deterioro en los sistemas de salud y educativos y una criminalidad descontrolada?

El huracán María, su destrucción, la mitomanía gubernamental sobre los difuntos y otros aspectos relevantes, la sumisión gubernamental a las humillaciones del presidente Donald Trump, la negativa del Congreso a revisar el estatus colonial y la constante mendicación, han reavivado el amor a la Patria. Banderas puertorriqueñas ondean a lo largo y ancho del país.

La percepción de Francisco Moscoso sobre la formación identitaria y la importancia del Grito de Lares cada vez resuenan más entre las poblaciones marginadas. El pueblo se identifica con la Monoestrellada y se siente ajeno a una metrópoli desafecta culturalmente opuesta a la puertorriqueñidad. La metrópoli, una vez un banco sin límites, puso tardíamente controles a sus prebendas a la colonia. La Isla está endeudada y parece encontrarse en un callejón sin salida.

El gobierno anexionista que rige el país está desacreditado ante las autoridades federales. Por primera vez desde 1952 el Congreso tocó el tema del estatus. Envió dos senadores, uno republicano (Marco Rubio) y otro demócrata (Robert Menéndez) para dejarle saber al gobierno que no cuentan con 60 votos en el Senado para la estadidad. En palabras claras, no sueñen con ser integrados como estado de la Unión.

Las huestes anexionistas, como sucedió a principios del siglo XX cuando los federalistas aceptaron que Estados Unidos no tenía planes de otorgarle la equidad política a Puerto Rico y los republicanos no, están en negación. Mientras tanto el pueblo sigue con la actitud de obtener el mejor beneficio de la usurera metrópoli que no da nada gratis, pero el jibaro se las ingenia para no pagarle.

Cada acción gubernamental aviva el sueño libertario. Las ansias de determinar el futuro de la tierra es una semilla que se fecunda en cada latido de los corazones puertorriqueños, esperando germinar. Contrario a 23 de septiembre de 1868, las armas ilegales abundan y si no prestamos debida atención a los problemas que aquejan a la sociedad, buscamos soluciones y nos preparamos para una sanación reconstrucción nacional, podríamos enfrentar un baño de sangre como nunca antes.

El sentido identitario puertorriqueño debe estar solventado sobre verdades historias. Es hora de educar para construir un nuevo país.